miércoles, 27 de agosto de 2025

Agosto, 25 de 2025: Ruta de San Xoán de Mosteiro, Covelo, Pontevedra (J.L. y María) - Parte única

Lunes, 25 de agosto de 2025: Ruta de San Xoán de Mosteiro 


J.L. no es una "chica viajera". Y no es que yo use el lenguaje inclusivo, que detesto, sino que es la primera vez que se une un chico a una de nuestras salidas. De momento, mantenemos lo de "chicas viajeras", porque esto parece más bien una excepción. Si se repitiese, nos plantearíamos cambiar el título del blog. 

Tengo que confesar, antes de nada, que cometí una estupidez cuando estaba pasando las fotos al ordenador: borré las de la tarjeta sin haber comprobado si se habían pasado todas, cosa que no había ocurrido. Estuve dándole vueltas y más vueltas hasta que di con un programa que te recupera gratuitamente hasta 100 megas. Evidentemente, no las recuperé todas y las que conseguí recobrar han perdido bastante calidad. Pero, al menos, son un bonito recuerdo de una tarde muy agradable. 

No puedo negar que, cuando J.L. me dijo que íbamos a ir a un sitio muy poco conocido, me picó la curiosidad. Pero sí, ciertamente el nombre no me sonaba de nada: San Xoán de Mosteiro. Y suelo tener buena memoria para recordar los sitios en los que he estado. 

Al lugar se accede por una pista de tierra por la que un coche puede pasar perfectamente siempre que no sea muy bajo. Y hay un buen espacio para aparcar (parece que allí se celebra una romería, así que tiene una buena explanada). Está muy cerca de Barciademera (aunque nosotros veníamos de Mondariz, por lo que en un momento hay que girar a la izquierda para adentrarse en la pista. Siguiendo de frente se llega a Barciademera). Es un lugar realmente apartado, que esconde la historia más antigua de esta parroquia. Está situado en lo más profundo del cañón por el que discurre el río Alén, afluente del Tea. 

Al bajar del coche vemos un panel que nos explica brevemente la historia del lugar, así como la flora y la fauna que lo caracterizan. Según esta información, en la zona se pueden encontrar helechos-palmera de más de 2,5 m de altura, gatos monteses, ciervos volantes de gran tamaño, e incluso animales de río como las nutrias, la anguila y el salmón. 

Después de leer el panel, la visita se inicia con un "cruceiro", que se halla en el mismo aparcamiento, y un poco más allá la capilla, cuya historia indocumentada parece datar del siglo XII, siendo por entonces la iglesia parroquial de la zona. 


Las inscripciones de la base del "cruceiro" son ilegibles, aunque es probable que date de la misma época que la capilla. Esta se encuentra bajo una capa de frondosos carballos centenarios y en una de sus fachadas laterales, grabado en piedra, se cuenta que fue construida por la Santa Inquisición a principios del siglo XVIII. Es un pequeño templo de planta rectangular compuesto de dos cuerpos más el pórtico que, seguramente, fue añadido con posterioridad. 

"Hizo esta capilla a su costa el LZDº Don Alberto Bello, comisario de la Santa Inquisición, abad e hijo de cvº (vecino) de esta. Año 1709." 

No vemos rastros de ningún monasterio, por lo que no entendemos muy bien el nombre. Diversos estudiosos de la historia de la zona ubican aquí un antiguo monasterio benedictino, probablemente del siglo XI. 



En aquella época se celebraban alrededor de la capilla fiestas populares amenizadas con gaitas, bailes y botas de vino, por lo que fueron prohibidas por el Obispado, que consideraba este tipo de fiestas costumbres paganas. De ahí que la capilla fuese cerrada en diversas ocasiones durante el siglo XIX.

J.L. me señaló que, muy cerca de la capilla, existe una antigua fuente de piedra que probablemente date también de comienzos del siglo XVIII.  

Por detrás de la capilla y junto a esta fuente, se abre un camino empedrado que se dirige a las profundidades del bosque con un ascenso bastante pronunciado. Por el trazado y por los vestigios del paso de los carros está claro que por aquí pasaba una importante vía de comunicación a través de la cual se trasladaban las mercancías desde el sur de Galicia hasta Pontevedra y Santiago. Hay que recordar que Covelo es tierra de arrieros y que aún se conservan numerosos puentes de piedra que cruzan ríos y valles.

Llega un momento en que el camino se bifurca. Hacia la derecha indica que iremos hacia la Fuente Santa. Hacia la izquierda hay una señalización del Camino de Santiago para aquellos que deseen cruzar por el monte. En realidad, la ruta es circular, y nosotros tiramos hacia la derecha para ver la Fuente, que no estaba lejos. J.L. me dijo después que quizá deberíamos haber ido hacia la izquierda, ya que la subida no es tan pronunciada como la que al final acabamos haciendo nosotros yendo por la derecha, brrrrrr...

El río, que hasta entonces se oía allá abajo, encajonado en el cañón, empezó a acercarse, porque íbamos descendiendo.

 

El agua discurre entre un montón de piedras, algunas enormes, tremendos bloques redondeados, supongo que de origen granítico, que aún así permiten el paso del líquido elemento y su murmullo reconfortante. La sensación es de que provienen de desprendimientos de las laderas colindantes muy antiguos en el tiempo. 

Podemos observar perfectamente el río por ambos lados, porque aquí hemos llegado al Puente de Alén, de un solo arco, al que hubiera sido recomendable bajar a sus pies para ver su grandiosidad desde abajo, desde las mismas orillas del río. En el panel había una foto informativa tomada desde esa posición, pero nosotros no vimos claro por dónde bajar para hacerla, por lo que no os puedo mostrar el puente. 

J.L. contemplando el puente escondido entre la maleza
Y yo sentada en el murete del puente

Al cruzar el puente, giramos a la izquierda y empezamos lo que para mí sería una penosa ascensión, jejejeje... Al principio, la cosa iba bien, porque muy pronto hay otra pequeña bifurcación a la izquierda y enseguida nos encontramos con la famosa Fonte Santa, un lugar considerado mágico por los vecinos. Y, desde luego, parecer lo parece. 

Antes de llegar a la fuente, nos reciben unas cruces en cemento que nos llevan hasta ella a través de una pequeña bajada. Eso no tendría nada de particular si no fuese porque luego hay cientos de cruces hechas en madera, con pequeños fragmentos de árbol y cuyos brazos están enlazados por cuerdas o tiras de caucho. 


Según la tradición, hay que llevar una cruz, depositarla allí, beber agua de la fuente (que, por lo visto, sale siempre a la misma temperatura) y pedir un deseo. J.L. me contó que, mayoritariamente, se hacía para quedarse embarazada, pero en distintas lecturas que he hecho sobre el tema no especifica qué tipo de deseo se puede pedir, jejejeje...


En otro lugar leí que esas cruces no tienen nada que ver con posibles deseos, sino con los recuerdos que dejaron allí los familiares de las muchas víctimas de la Inquisición que eran ejecutadas junto a la capilla. Incluso hay quien dice que este lugar quedó sepultado por un corrimiento de tierra y que fue redescubierto por el párroco allí por 1900. La historia se rescató del olvido, porque algunos vecinos todavía recordaban los relatos de sus antepasados acerca de la Fuente Santa. 

Y a partir de ahí, empezó la tremenda subida, muy dura para mí, ya que mi capacidad pulmonar no es precisamente buena. 

Supuestamente, no faltaba mucho para llegar a la cima, en donde J.L. dijo que había una pequeña cascada que formaba una poza en el río. Pero mi cuerpo me gritó "¡Basta!". Así que, primero me senté en una piedra del camino y después puse la mochila de la cámara fotográfica a modo de almohada y me tumbé completamente... necesitaba recuperar el aliento. ¡Un desastre lo mío, lo reconozco!

J.L. siguió con la cámara mientras yo disfrutaba de los murmullos de los árboles y una ligera brisa que me iba haciendo sentir mejor. Cuando regresó, las fotos estaban oscuras. Se hubieran podido arreglar en la edición, pero de todas formas, como ya dije, perdí casi todas. Lo peor, como me contó, es que debido a estos meses de sequía, la fervenza era un mínimo hilo de agua y ni poza ni nada...


Las fotos lamentables quedan para la posteridad, jajajajaja...

Como no subimos a la cima, no pudimos descender por el otro lado del río, lo cual se hace después de atravesar un pequeño puente y girar hacia la izquierda. Así que bajamos por donde habíamos subido, lo cual era mucho más fácil. Pero... no podía acabar mi día sin hacer otra más: resbalé en las muchas hojas secas de roble y haya que llenaban el suelo y me di una buena "culada", aparte de un buen golpe en la mano derecha que hoy presenta un ligero tono amarillento morado, jajajajja...

Nos detuvimos una vez más en la fuente para que yo pudiera refrescarme... la verdad que baja super fresquita. 

Aunque a punto de regresar al coche y después de refrescarme en la fuente, ya veis que estoy coloradita, jajajaja


El sitio es maravilloso, pero tengo que recuperar la forma para poder hacer caminatas con este tipo de subidas.

Al llegar a la carretera principal, giramos a la izquierda con intención de ir a Barciademera, en donde J.L. me dijo que hay un área recreativa con cuatro molinos de agua escalonados con sus respectivas "levadas" para transportar el agua desde el río Caraño. También ahí se puede ver un puente medieval muy bonito. 

Todo estaba cerrado en Barciademera, así que volvimos a Mondariz para tomarnos algo fresco. Otro ratito de charla y vuelta a Vigo después de una tarde muy agradable.




domingo, 17 de agosto de 2025

Agosto, 1 de 2025: Visita a la isla de Sálvora para ver las estrellas. Pontevedra (Mati, Gabriela y María) - Parte única

Viernes, 1 de agosto de 2025: Isla de Sálvora


Hacía tiempo que Mati y yo habíamos hablado de hacer esta excursión. Finalmente, se nos unió una amiga suya, Gabriela, y lo pasamos muy bien, si exceptuamos el frío que hacía en la isla, sobre todo a partir del atardecer, y el tremendo balanceo del barco en la vuelta a O Grove, que me revolvió todas las tripas... ¡¡¡Menudo mareo!!!  


El barco salía del puerto de O Grove a las 8 de la tarde, pero había que estar allí 15 minutos antes para cambiar el ticket del teléfono por un ticket en papel en la ventanilla de la compañía. Llegamos sobre las 7 y cuarto y aún nos dimos un paseo por allí. Aprovecho para contaros algo de O Grove. 

Esta villa marinera es de visita obligada si te encuentras viajando por Galicia. Está ubicada en las Rías Baixas, en concreto en la Ría de Arousa, y destaca por su clima suave, la calidad de sus playas y su excelente gastronomía.

Como podéis ver en el mapa, en realidad se trata de una pequeña península de 21,89 kilómetros cuadrados, unida a tierra firme por un istmo conocido como O Bao, que da lugar a la playa de la Lanzada en su parte occidental y a la amplia marisma del complejo intermareal Umia-O Grove, en su parte oriental, que lo conecta con el municipio de Sanxenxo. Asimismo, junto al Grove, se halla la pequeña isla de A Toxa, a la que se accede por un puente de principios del siglo XX. 

Mati y Gabriela en el paseo marítimo de O Grove

Vista desde el paseo marítimo de las aguas de la ría



El paseo se limitó al camino hasta el puerto, pero la villa merece una visita en profundidad. De hecho, lo supe después, pero las calles del centro de O Grove se encuentran salpicadas de numerosos monumentos urbanos. Son esculturas que no solo contribuyen a embellecer la ciudad y los lugares concretos en los que se colocan, sino que ocultan una serie de mensajes u homenajes que forman parte de la historia de la localidad. Casi podemos hablar de un auténtico museo al aire libre, con más de 50 piezas de arte. 


Todas estas obras han sido creadas por artistas internacionales y nacionales en el marco de un concurso bienal de Escultura al Aire Libre, organizado por el propio Concello durante una de las famosas Fiestas del Marisco del municipio. Aunque la temática era de libre elección, la mayoría de los motivos eran marineros y, por norma general, suelen estar realizados en granito.

La curiosidad de la figura femenina de la foto superior es que, en ocasiones está sobre la roca, y cuando la marea sube, vuelve al mar. 

La mujer sin cabeza

En los distintos pantalanes del puerto estaban amarrados los numerosos barcos de pesca que hacen de esta villa una de las mejores para comer excelente pescado y, sobre todo, marisco muy fresco. 



Nos fuimos acercando al punto de salida de nuestro barco. Mucha gente, increíble. 



Decoración en la popa de un barco próximo al nuestro


Y el barco empezó a deslizarse sobre las aguas del Atlántico para dirigirse a la entrada de la ría, en donde está situada la isla de Sálvora.

El viaje fue agradable a pesar de que el barco se movía bastante, pero como estaba entretenida sacando fotos y después con el picoteo que nos ofrecieron, no lo noté demasiado: empanada de millo y atún, mejillones al vapor, tarta de Santiago... y todo ello regado con un vino flojillo del Salnés.                                                                              
 





El puerto quedaba atrás.


A lo lejos se veía la figura de la isla de Sálvora.





Y de repente, Sálvora estaba a nuestro alcance. 

En la actualidad, la isla forma parte de la parroquia de Aguiño (municipio de Riveira). Anteriormente, dependía de la parroquia de Carreira, durante muchos siglos la parroquia más poblada y rica de la comarca, así como la más antigua. En marzo de 2007, la isla fue adquirida por Caixa Galicia por 8.5 millones de euros y, a finales de ese mismo año, el Ministerio de Medio Ambiente ejerció su derecho de tanteo, comprando Sálvora, Vionta y Noro por esa misma cantidad. La Xunta de Galicia, que figura como titular del paraje desde el 1 de julio de 2008, conjuntamente con el Ministerio de Medio Ambiente, ha comenzado los trabajos para rehabilitar el enclave. 


Una de las figuras más representativas de la isla de Sálvora es la escultura de la sirena, "Mariña", junto al pantalán de desembarque. Joaquín Otero Goyanes, marqués de Revilla (descendiente y heredero de los primeros propietarios de la isla), ordenó su construcción en 1956 en honor a una de las leyendas más importantes de la zona. 

Se cuenta que un caballero romano, llamado Don Froilaz, tras naufragar y llegar a la isla, encontró, paseando por una playa, una sirena muda de la cual se enamoró. Se casaron y tuvieron un hijo llamado Mariño. La historia continúa cuando Don Froilaz, preocupado por la imposibilidad de la sirena para hablar, decide saltar con su hijo sobre la hoguera la noche de San Juan, por consejo del abad de la isla, para asustarla. La sirena, convencida del peligro que sufría su hijo si caía sobre las llamas, escupió un pedazo de pescado por su boca y gritó "Hijo", recuperando el habla. 

Actualmente, aquellos descendientes que todavía conservan el apellido Mariño se sienten conectados con la historia de su supuesto antepasado. 








Oímos hablar de la isla de Sálvora a finales de la Edad Media, cuando Alfonso II la dona al Cabildo Catedralicio de Santiago. También se conoce su uso estratégico como base militar marítima para vikingos y sarracenos en la Baja Edad Media, y para piratas y corsarios, en los siglos XVI, XVII y XVIII. 

El desinterés del Cabildo Compostelano hizo que los vecinos de Carreira fueran ocupando la isla para utilizarla como terrenos de cultivo, llegando a establecerse en ella permanentemente. Pero en realidad la isla estaba en manos de la nobleza, que la gestionaba bajo un régimen feudal: los trabajadores cultivaban las tierras entregando una parte de las cosechas y ganado a los señores de Mariño que, en 1820, se unen en nupcias a la familia Otero, nuevos propietarios de la isla hasta 1904. Se consolida así una aldea de 8 casas en torno a una plaza y dos fuentes de agua potable con una población de unos 60 habitantes. 

                                 Las actuales dueñas de la isla
                                 El barco atracado en el pantalán de la isla

Al desembarcar, nos llama la atención una construcción: en 1770, el comerciante coruñés D. Jerónimo de Hijosa instaló en la isla una fábrica de secado y salazón de pescado, a la que en 1960 se añadieron dos torres y unas almenas. Hoy conocida como O Almacén, quizá fue la primera factoría de salazón de Galicia. En 1958, se había transformado en el pazo residencial de la isla. 


 

Con los guías del barco iniciamos la visita prevista. Hay dos rutas, una que se puede realizar sin necesidad de ir acompañado, la del Faro, y otra, la de la Aldea, que no se puede hacer si no es con uno de los guías del Parque Nacional. Todos juntos iniciamos el camino del Faro, porque una de las ideas de la excursión era ver la puesta de sol desde allí. En el camino nos fuimos quedando atrás y una de las guías nos fue explicando con mucha calma muchas cosas relacionadas con la fauna y la flora de la isla. En concreto, aprendimos a distinguir las gaviotas jóvenes de las adultas por el color de las plumas. En las fotos de abajo, vemos algunas de las crías. 




La fauna que se puede encontrar en la isla de Sálvora es muy variada, en parte por el interés del antiguo dueño de la isla, el Marqués de Revilla, que quería transformarla en un territorio de caza. Así, entre la fauna terrestre, hay caballos salvajes (que no vimos, pero sí los restos de su paso por los caminos, jejejeje), ciervos, jabalíes (que tampoco vimos), conejos (vimos uno dando saltitos por las rocas), ranas, gaviotas, cormoranes, garzas, rapaces... En cuanto a la fauna marítima es también muy rica y variada, especialmente para los aficionados al snorkel: distintos tipos de peces, pintos, manos de muerto, gusanos de mar, ceriantos, gorgonias, estrellas de mar, ascidias, erizos, crustáceos...

Por lo que se refiere al terreno, es interesante destacar que las piedras e islotes del archipiélago también tienen sus tradiciones o fábulas. Se cuenta que, cuando la isla estuvo ocupada por los estrimios (ocupantes del territorio gallego antes de la llegada de los romanos), estos tenían el poder de petrificar a sus adversarios solo con la mirada. Lo cierto es que en todo el recorrido se pueden ver formaciones pétreas con historia, como los bolos graníticos del Alto de Gralleiros, muy vinculados a la Santa Compaña, o las piedras esculpidas por el mar y el viento conocidas popularmente como "EL elefante de Sálvora". 

La leyenda cuenta que la procesión de ánimas de la Santa Compaña recorre las calles de los pueblos gallegos por las noches anunciando la muerte próxima de un vecino. Aquí se dice que sale los viernes de entre las piedras para ir a la aldea, de allí va a la Praia dos Bois y, atravesando las aguas, va hacia la isla de Noro. Se oculta en sus cuevas y los lunes regresa a Sálvora. 

Llegamos al Faro, pero aún faltaban minutos para la puesta de sol, por lo que una de las guías aprovechó el tiempo para hablarnos de cosas relacionadas con la isla. 



Este faro fue construido en 1921, tras el hundimiento del barco de vapor Santa Isabel frente al antiguo faro que databa de 1852. Actualmente, está considerado uno de los más importantes de toda la costa atlántica, ya que evita que las embarcaciones puedan chocar con la isla en días de baja visibilidad y noches sin luna. Se levanta en la parte sur de la isla, en la conocida como Punta de Besugueiros, e inicialmente fue pensado como una pequeña luz local en 1847. El primer faro como tal se instaló en 1852 y tenía un alcance de hasta 10 millas, pero aún así no pudo evitar el naufragio del Santa Isabel.

A pocos metros del faro hay una placa que recuerda el trágico naufragio de aquel vapor. Pertenecía a la empresa barcelonesa Transatlántica Española y cubría la ruta Bilbao-Cádiz con 269 personas a bordo. Durante la madrugada del 2 de enero de 1921 un fuerte temporal que azotaba las costas gallegas provocó que el barco chocase contra las rocas, cerca del antiguo faro. Ante la magnitud del desastre, algunos pasajeros se lanzaron al mar para llegar a la costa, pero muchos murieron dentro de la embarcación sin tener una oportunidad de luchar por sus vidas. El balance final fue de 213 muertos y 46 supervivientes. 

Se habló de un corte de electricidad debido a la tormenta que apagó el faro. El Santa Isabel solo recibió el auxilio de los vecinos de la isla, alertados por el farero de Sálvora que había oído los gritos. Como verdaderos héroes se lanzaron al agua con tan solo 3 dornas, las pequeñas embarcaciones que ellos usaban para pescar, y lograron rescatar entre 15 y 20 personas. En realidad, habría que hablar de heroínas, ya que fueron 4 mujeres las que tomaron la decisión de acudir en auxilio del vapor naufragado. 

En 2019, la directora de cine española, Paula Cons, realizó el rodaje de su última película, "El Santa Isabel", una cinta basada en el siniestro. En ella, conocemos de cerca la vida de 3 de estas heroínas: Cipriana Orujo, Josefa Parada y María Fernández. Llegó al público con el título de "La isla de las mentiras". Sin embargo, la película deja más dudas que certezas, ya que en ella un periodista argentino, León, llega a la isla para cubrir la noticia. Con el trasfondo de las luchas sociales, poco a poco el periodista descubre que nada es lo que parece y que hay muchas incógnitas que resolver, de hecho se sugiere que apagar el faro era una costumbre de los vecinos de la isla para provocar los naufragios y quedarse con los restos. 

La guía se centró entonces en explicarnos las diferentes fases de una puesta de sol, porque aunque nosotros llamamos así a todo el tiempo que dura el proceso de ocultación del astro rey detrás de la línea del horizonte, los expertos señalan distintas etapas:

1. En los primeros minutos, a los que corresponde la foto que puse unos párrafos más arriba, se inicia el descenso y el color del cielo pasa de un azul brillante a un tono azul pálido o blanquecino. Las sombras se van volviendo más largas. 

2. Hora dorada: El sol toma un color cálido y amarillo naranja, irradiando un brillo dorado a todo el paisaje. Es un momento muy aprovechado por los fotógrafos. Las sombras se vuelven más dramáticas, mejorando los colores y las formas de la escena. El cielo comienza a adquirir tonos vibrantes de naranja, rosa y rojo, dependiendo de las condiciones climáticas y del polvo atmosférico. 






3. El crepúsculo: El sol comienza a sumergirse tras el horizonte. Vemos una brillante explosión de color y luz. El cielo continúa brillando por un corto tiempo, a menudo mostrando una variedad de colores que incluyen púrpura, azul y rosa. 


4. A partir de este momento, según la posición del sol con respecto al horizonte, se conoce este fenómeno con diferentes nombres. 

    a) Puesta de sol civil. El sol está a 6 grados debajo del horizonte. Queda suficiente luz solar para distinguir objetos en el suelo sin luz artificial. 


    b) Crepúsculo náutico: El sol está a 12 grados debajo del horizonte. Este todavía es visible, pero también comienzan a aparecer estrellas. 



    c) Crepúsculo astronómico: El sol está a 18 grados debajo del horizonte. El cielo va alcanzando la oscuridad y la mayoría de las estrellas son visibles. 


Lógicamente, desde nuestra posición no veíamos estrellas porque todavía el color del cielo no había alcanzado la oscuridad absoluta. En nada, iniciaríamos el camino de vuelta hasta el cruce con el camino a la aldea y poco a poco la negrura nos iría rodeando totalmente y las estrellas harían su aparición. 





La luna aparece en el cielo:


Y todavía hay aves volando: 





    d) Noche: El cielo pasa a un azul o negro profundo, dependiendo del nivel de contaminación lumínica. Las estrellas se vuelven más prominentes. 


Llegamos a la aldea sin apenas ver nada, por lo que en realidad no pudimos apreciar su forma en U, con 8 casas en torno a una plaza y, como ya dijimos, dos fuentes de agua potable. Cada una de las casas solía constar de dos estancias, cocina y dormitorio, y podían llegar a albergar hasta 12 personas. En 1972 el único habitante fijo abandonaba la aldea, a causa de la falta de trabajo por el cierre de la fábrica. 

Nos sentamos en unas rocas de la plaza y una guía nos iría mostrando las distintas constelaciones y estrellas mediante un puntero láser. Otra guía apareció vestida de la diosa Hera contando el porqué de los nombres de algunas constelaciones y estrellas, siempre en tono humorístico y en base a las disputas con su esposo Zeus. 

Siento ahora no haber prestado mucha atención a las explicaciones, pero para mí esa postura de estar sentada a ras de suelo, sin tener en dónde apoyar mi espalda, me estaba matando. Por otra parte, teníamos que girar constantemente la cabeza para seguir el puntero y llegó un momento en que decidí que mi cuello no lo aguantaba más. Tanto Mati, como Gabriela y yo nos levantamos y nos apoyamos en una especie de pozo, pero fue demasiado tiempo de pie y al final, las tres habíamos desconectado...

Además de lo anterior, yo había ido con la idea de sacar fotos de las estrellas, pero no había leído lo suficiente para ser capaz de hacerlas, por lo cual me centré en hacer pruebas y por eso me perdí casi todas las explicaciones. Total, para no sacar ni una foto. 

En cualquier caso, me gustaría recoger algunas de las cosas de las que sí me enteré, jajajajaja...

La guía empezó explicando qué son las constelaciones, esos grupos de estrellas que con un poco, o un mucho, de imaginación, evocan la figura de un animal, un ser mitológico o algún objeto inanimado. Lógicamente, al estar nosotros situados en el hemisferio norte, solo podemos ver las constelaciones septentrionales, que no son las mismas que pueden ver desde el hemisferio sur, las constelaciones australes. Las primeras son conocidas desde la antigüedad, mientras que las segundas se fueron creando a partir de las exploraciones europeas desde el siglo XVI. Y no, no son un divertimento sin más, sino que son especialmente importantes para la navegación. 

Actualmente, la Unión Astronómica Internacional reconoce 88 constelaciones, 36 en el hemisferio norte y 52 en el hemisferio sur. 

¿Quién no ha oído hablar de las constelaciones del zodíaco? Aquarius, Aries, Cancer, Capricornus, Gemini, Leo, Libra, Pisces, Sagittarius, Scorpius, Taurus y Virgo se distribuyen a lo largo del zodíaco, que es la franja de la esfera celeste situada alrededor de la línea eclíptica.


Dejando atrás esta explicación general, la guía se centró primero en la única constelación que yo soy capaz de distinguir a simple vista: La Osa Mayor, situada entre Virgo y Leo.  

Imágenes tomadas de la aplicación que tengo instalada en mi móvil para el reconocimiento de las estrellas y las constelaciones


Si os fijáis en las dos fotos superiores, la Osa Mayor está formada por más estrellas de las que tradicionalmente vemos: las del cuarto trasero del animal y las de la cola. Es por eso que, entre los aficionados, como yo, se la conoce también como "el carro". La más brillante es la del extremo de la cola, Alioth, una estrella blanca mucho más luminosa que el sol. 


La guía vestida de Hera nos contó el origen de esta constelación: la versión más conocida es la que cuenta que Calisto, una compañera arcadia de Artemisa, fue seducida por el propio Zeus. Por eso, Hera, esposa de Zeus, la transformó en osa y la colocó en el firmamento. Sin embargo, hay otras versiones que he leído: en una, Calisto fue asesinada por Artemisa, diosa de la caza, poco después de su transformación en osa, porque estaba celosa, y el propio Zeus fue quien colocó su imagen en los cielos; en otra, Calisto sobrevivió y el hijo que había tenido con Zeus, Árcade, la cazó cuando creció sin darse cuenta de que la osa era su madre. Entonces, Zeus salvó a la madre y al hijo y los puso en el firmamento, a Calisto como Arctos ("osa") y a Árcade como Arctophylax ("guardián de la osa", esto es, el Boyero, que se puede ver en las fotos superiores como Bootes)

Una cosa muy importante que aprendí es que, siguiendo la curva de la última estrella de la cola de la Osa Mayor hasta la constelación de el Boyero o Bootes, encontramos una estrella muy brillante: Arturo, la más brillante de la constelación y la tercera más brillante del cielo nocturno. Es una gigante naranja cuyo radio es 26 veces más grande que el radio solar y es la segunda estrella gigante más cercana a nuestro sistema, por detrás de Pólux. 

Le preguntamos a la guía por la Estrella Polar, esa que indica el norte verdadero y que es imprescindible para orientarnos. Se trata de la última de las estrellas y la más brillante de las que forman la cola de la Osa Menor. Si queremos llegar a ella a partir de la Osa Mayor, tal y como nos explicó, tenemos que trazar una línea recta imaginaria desde la última estrella que está en la parte superior del carro, en concreto desde Dubhe, hasta el final de la Osa Menor.  

A partir de ahí, me perdí. Pero me picó la curiosidad y por eso me he bajado una aplicación para reconocer las estrellas, las constelaciones y los planetas en el cielo. Y para conocer las historias que la supuesta diosa Hera nos contó, basta con consultarlas en Internet. 

No descarto volver a hacer una excursión para ver las estrellas, pero no en una isla, porque el mareo del viaje de vuelta fue horroroso!!!!