miércoles, 27 de agosto de 2025

Agosto, 25 de 2025: Ruta de San Xoán de Mosteiro, Covelo, Pontevedra (J.L. y María) - Parte única

Lunes, 25 de agosto de 2025: Ruta de San Xoán de Mosteiro 


J.L. no es una "chica viajera". Y no es que yo use el lenguaje inclusivo, que detesto, sino que es la primera vez que se une un chico a una de nuestras salidas. De momento, mantenemos lo de "chicas viajeras", porque esto parece más bien una excepción. Si se repitiese, nos plantearíamos cambiar el título del blog. 

Tengo que confesar, antes de nada, que cometí una estupidez cuando estaba pasando las fotos al ordenador: borré las de la tarjeta sin haber comprobado si se habían pasado todas, cosa que no había ocurrido. Estuve dándole vueltas y más vueltas hasta que di con un programa que te recupera gratuitamente hasta 100 megas. Evidentemente, no las recuperé todas y las que conseguí recobrar han perdido bastante calidad. Pero, al menos, son un bonito recuerdo de una tarde muy agradable. 

No puedo negar que, cuando J.L. me dijo que íbamos a ir a un sitio muy poco conocido, me picó la curiosidad. Pero sí, ciertamente el nombre no me sonaba de nada: San Xoán de Mosteiro. Y suelo tener buena memoria para recordar los sitios en los que he estado. 

Al lugar se accede por una pista de tierra por la que un coche puede pasar perfectamente siempre que no sea muy bajo. Y hay un buen espacio para aparcar (parece que allí se celebra una romería, así que tiene una buena explanada). Está muy cerca de Barciademera (aunque nosotros veníamos de Mondariz, por lo que en un momento hay que girar a la izquierda para adentrarse en la pista. Siguiendo de frente se llega a Barciademera). Es un lugar realmente apartado, que esconde la historia más antigua de esta parroquia. Está situado en lo más profundo del cañón por el que discurre el río Alén, afluente del Tea. 

Al bajar del coche vemos un panel que nos explica brevemente la historia del lugar, así como la flora y la fauna que lo caracterizan. Según esta información, en la zona se pueden encontrar helechos-palmera de más de 2,5 m de altura, gatos monteses, ciervos volantes de gran tamaño, e incluso animales de río como las nutrias, la anguila y el salmón. 

Después de leer el panel, la visita se inicia con un "cruceiro", que se halla en el mismo aparcamiento, y un poco más allá la capilla, cuya historia indocumentada parece datar del siglo XII, siendo por entonces la iglesia parroquial de la zona. 


Las inscripciones de la base del "cruceiro" son ilegibles, aunque es probable que date de la misma época que la capilla. Esta se encuentra bajo una capa de frondosos carballos centenarios y en una de sus fachadas laterales, grabado en piedra, se cuenta que fue construida por la Santa Inquisición a principios del siglo XVIII. Es un pequeño templo de planta rectangular compuesto de dos cuerpos más el pórtico que, seguramente, fue añadido con posterioridad. 

"Hizo esta capilla a su costa el LZDº Don Alberto Bello, comisario de la Santa Inquisición, abad e hijo de cvº (vecino) de esta. Año 1709." 

No vemos rastros de ningún monasterio, por lo que no entendemos muy bien el nombre. Diversos estudiosos de la historia de la zona ubican aquí un antiguo monasterio benedictino, probablemente del siglo XI. 



En aquella época se celebraban alrededor de la capilla fiestas populares amenizadas con gaitas, bailes y botas de vino, por lo que fueron prohibidas por el Obispado, que consideraba este tipo de fiestas costumbres paganas. De ahí que la capilla fuese cerrada en diversas ocasiones durante el siglo XIX.

J.L. me señaló que, muy cerca de la capilla, existe una antigua fuente de piedra que probablemente date también de comienzos del siglo XVIII.  

Por detrás de la capilla y junto a esta fuente, se abre un camino empedrado que se dirige a las profundidades del bosque con un ascenso bastante pronunciado. Por el trazado y por los vestigios del paso de los carros está claro que por aquí pasaba una importante vía de comunicación a través de la cual se trasladaban las mercancías desde el sur de Galicia hasta Pontevedra y Santiago. Hay que recordar que Covelo es tierra de arrieros y que aún se conservan numerosos puentes de piedra que cruzan ríos y valles.

Llega un momento en que el camino se bifurca. Hacia la derecha indica que iremos hacia la Fuente Santa. Hacia la izquierda hay una señalización del Camino de Santiago para aquellos que deseen cruzar por el monte. En realidad, la ruta es circular, y nosotros tiramos hacia la derecha para ver la Fuente, que no estaba lejos. J.L. me dijo después que quizá deberíamos haber ido hacia la izquierda, ya que la subida no es tan pronunciada como la que al final acabamos haciendo nosotros yendo por la derecha, brrrrrr...

El río, que hasta entonces se oía allá abajo, encajonado en el cañón, empezó a acercarse, porque íbamos descendiendo.

 

El agua discurre entre un montón de piedras, algunas enormes, tremendos bloques redondeados, supongo que de origen granítico, que aún así permiten el paso del líquido elemento y su murmullo reconfortante. La sensación es de que provienen de desprendimientos de las laderas colindantes muy antiguos en el tiempo. 

Podemos observar perfectamente el río por ambos lados, porque aquí hemos llegado al Puente de Alén, de un solo arco, al que hubiera sido recomendable bajar a sus pies para ver su grandiosidad desde abajo, desde las mismas orillas del río. En el panel había una foto informativa tomada desde esa posición, pero nosotros no vimos claro por dónde bajar para hacerla, por lo que no os puedo mostrar el puente. 

J.L. contemplando el puente escondido entre la maleza
Y yo sentada en el murete del puente

Al cruzar el puente, giramos a la izquierda y empezamos lo que para mí sería una penosa ascensión, jejejeje... Al principio, la cosa iba bien, porque muy pronto hay otra pequeña bifurcación a la izquierda y enseguida nos encontramos con la famosa Fonte Santa, un lugar considerado mágico por los vecinos. Y, desde luego, parecer lo parece. 

Antes de llegar a la fuente, nos reciben unas cruces en cemento que nos llevan hasta ella a través de una pequeña bajada. Eso no tendría nada de particular si no fuese porque luego hay cientos de cruces hechas en madera, con pequeños fragmentos de árbol y cuyos brazos están enlazados por cuerdas o tiras de caucho. 


Según la tradición, hay que llevar una cruz, depositarla allí, beber agua de la fuente (que, por lo visto, sale siempre a la misma temperatura) y pedir un deseo. J.L. me contó que, mayoritariamente, se hacía para quedarse embarazada, pero en distintas lecturas que he hecho sobre el tema no especifica qué tipo de deseo se puede pedir, jejejeje...


En otro lugar leí que esas cruces no tienen nada que ver con posibles deseos, sino con los recuerdos que dejaron allí los familiares de las muchas víctimas de la Inquisición que eran ejecutadas junto a la capilla. Incluso hay quien dice que este lugar quedó sepultado por un corrimiento de tierra y que fue redescubierto por el párroco allí por 1900. La historia se rescató del olvido, porque algunos vecinos todavía recordaban los relatos de sus antepasados acerca de la Fuente Santa. 

Y a partir de ahí, empezó la tremenda subida, muy dura para mí, ya que mi capacidad pulmonar no es precisamente buena. 

Supuestamente, no faltaba mucho para llegar a la cima, en donde J.L. dijo que había una pequeña cascada que formaba una poza en el río. Pero mi cuerpo me gritó "¡Basta!". Así que, primero me senté en una piedra del camino y después puse la mochila de la cámara fotográfica a modo de almohada y me tumbé completamente... necesitaba recuperar el aliento. ¡Un desastre lo mío, lo reconozco!

J.L. siguió con la cámara mientras yo disfrutaba de los murmullos de los árboles y una ligera brisa que me iba haciendo sentir mejor. Cuando regresó, las fotos estaban oscuras. Se hubieran podido arreglar en la edición, pero de todas formas, como ya dije, perdí casi todas. Lo peor, como me contó, es que debido a estos meses de sequía, la fervenza era un mínimo hilo de agua y ni poza ni nada...


Las fotos lamentables quedan para la posteridad, jajajajaja...

Como no subimos a la cima, no pudimos descender por el otro lado del río, lo cual se hace después de atravesar un pequeño puente y girar hacia la izquierda. Así que bajamos por donde habíamos subido, lo cual era mucho más fácil. Pero... no podía acabar mi día sin hacer otra más: resbalé en las muchas hojas secas de roble y haya que llenaban el suelo y me di una buena "culada", aparte de un buen golpe en la mano derecha que hoy presenta un ligero tono amarillento morado, jajajajja...

Nos detuvimos una vez más en la fuente para que yo pudiera refrescarme... la verdad que baja super fresquita. 

Aunque a punto de regresar al coche y después de refrescarme en la fuente, ya veis que estoy coloradita, jajajaja


El sitio es maravilloso, pero tengo que recuperar la forma para poder hacer caminatas con este tipo de subidas.

Al llegar a la carretera principal, giramos a la izquierda con intención de ir a Barciademera, en donde J.L. me dijo que hay un área recreativa con cuatro molinos de agua escalonados con sus respectivas "levadas" para transportar el agua desde el río Caraño. También ahí se puede ver un puente medieval muy bonito. 

Todo estaba cerrado en Barciademera, así que volvimos a Mondariz para tomarnos algo fresco. Otro ratito de charla y vuelta a Vigo después de una tarde muy agradable.




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