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lunes, 1 de noviembre de 2021

Octubre, 21 al 24, 2021: Viaje a Lisboa con visita a Fátima, Mafra, Óbidos y Nazaré (Chus, Pili y María - con incorporación de la que ya se ha convertido en la cuarta chica viajera: Marusela) - Parte 5


 Domingo, 24/10/2021  


Mafra y rápida visita a Óbidos y Nazaré 

Mafra     


Eduardo nos había comentado que no entendía por qué los turistas no visitaban el Palacio de Mafra, uno de los más bonitos y grandiosos de Portugal. Yo lo tenía en el punto de mira, porque se ve desde la carretera y siempre me decía que tenía que ir. Así que había llegado el momento. 

Y la verdad, grandioso es, pero se halla bastante abandonado y descuidado, con excepción de la iglesia. En una zona se veían obras, pero tampoco demasiada actividad. Supongo que restaurar y rehabilitar un edificio de semejantes dimensiones exige un gran desembolso que no creo que el gobierno de Portugal se pueda permitir en la situación actual.

Dejamos el coche en un parking justo al lado del palacio y vimos una puerta lateral abierta por la que entraba de vez en cuando gente. Al entrar, a mano izquierda, todo está en obras y, de frente, esto es lo que se ve, una especie de claustro. Solo había unas escaleras por las que seguir el camino y decidimos subirlas. 

Pero en cada descansillo solo nos encontrábamos con puertas cerradas, salvo en un caso en el que parecía haber una sala de catequesis o algo así en la que se iban reuniendo algunos niños y adultos. Total, que bajamos y dimos la vuelta al edificio para acceder a través de la fachada principal, que aún no habíamos visto.


¡Inmensa!

El Palacio Nacional de Mafra es un edificio barroco. La Real Obra de Mafra (palacio, basílica, convento, jardín del "Cerco" y parque cinegético de La Tapada) fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2019.

El Palacio fue construido por el rey Juan V tras haberle hecho a su mujer, la archiduquesa María Ana de Austria, una promesa, por la que se comprometía a construir un monasterio si le daba descendencia. Por entonces, el rey tenía 22 años y llevaba 3 de casado. El nacimiento de la princesa Bárbara de Bragança (después esposa del rey Fernando VI de España) hizo que el rey iniciara las obras. 

La construcción se inició en noviembre de 1717 con el proyecto de realizar un convento para trece frailes franciscanos. Sin embargo, la llegada masiva de oro de Brasil hizo que el rey cambiase de opinión y decidiera construir un gran palacio. El arquitecto, Johann Friederich Ludwig, inició entonces la construcción de un gran palacio que movilizó a más de 52 000 trabajadores de todo el país. 

Finalmente, la construcción del palacio permitió ubicar hasta a 330 frailes franciscanos sin tener que reducir el tamaño del palacio proyectado. Fue inaugurado el 22 de octubre de 1730 en honor del cuadragésimo primero aniversario del rey Juan V, con una serie de fiestas que duraron 8 días. 

A primera vista, la construcción impresiona. 42 000 metros cuadrados, 1200 habitaciones, 200 m de fachada, 6 órganos, 98 campanas, 36 000 libros... un capricho megalómano, un emblema nacional. Su opulencia empequeñece aún más la villa que lo acoge, a tan solo 40 km de Lisboa.

Sin embargo, la familia real nunca se estableció en el palacio de forma estable. Fue utilizado para fiestas y como local de descanso después de los días de caza.  

En el eje central del edificio, dedicado a la basílica, despuntan dos torres de 70 m de altura cada una. 


Estas torres contienen dos carrillones compuestos por 49 campanas cada uno, fabricadas en Amberes en el siglo XVIII. 

En cada uno de los dos extremos del edificio, se alza un torreón de tres alturas, pertenecientes ambos al Palacio Real, que se divide en Ala de la Reina, en la zona sur, y Ala del Rey, en la zona norte (cada una con su capilla, su cocina y todas sus excentricidades), separadas por una larguísima galería de 232 m . 

Visitamos la Basílica, que es realmente bonita. Destacan la pintura del presbiterio, del italiano Francesco Trevisani, los retablos de las dos capillas del crucero y la fina escultura italiana. También los 6 órganos, únicos en el mundo, encargados por Joao VI a los organistas Machado de Cerveira y Peres Fontanes. Diseñados para funcionar en simultáneo (solo se escucha su melodía completa el primer domingo de cada mes), están compuestos por 2000 tubos cada uno, el más pequeño de 24 mm y el mayor de más de 6 m. 





No visitamos el palacio, pero queda pendiente, porque he visto fotografías que dan fe de su grandeza e interés. Es un recorrido de unas dos horas y se nos hacía tarde para ir subiendo hacia Vigo, además de que Chus no se encontraba especialmente bien. Parece que la visita pasa por distintas habitaciones decoradas con colecciones de origen portugués, italiano y francés, con mobiliario, pinturas y esculturas barrocas, pedidos expresamente por los reyes. Destacan la Sala de Juegos, la de Instrumentos Musicales o la curiosa Sala de Caza. 

Por lo que se refiere al monasterio, la zona contaba con 800 habitaciones, cocinas, jardines y su famosa Biblioteca. Tiene 83 m de largo y en ella se guardan obras nacionales y extranjeras de entre los siglos XVI, XVII y XVIII, entre las que destacan 41 mapas y 22 incunables extranjeros. Dicen de ella que tiene su propia colonia de murciélagos que conserva los libros y la madera libres de insectos. 

En conjunto, el convento era austero y simple y se conserva como en el siglo XVIII. Llama la atención la enfermería dotada con una pequeña capilla para que los monjes enfermos no se perdieran ningún acto religioso. También se pueden ver la cocina, el refectorio, la sala capitular y un pequeño museo de arte sacro. 

En el siglo XIX, los monjes franciscanos abandonarían el monasterio tras la disolución de las órdenes religiosas, quedando deshabitado tras la llegada de la República. 

Cuentan que desde el Palacio de Mafra había un pasadizo que lo comunicaba con la localidad costera de Ericeira, que sería el que habría utilizado el rey Manuel II para huir. Otra leyenda hablaba de ratas gigantes capaces de comer gente viva.

El Palacio de Mafra dio pie a que José Saramago se refiriera a él en una de sus novelas, "Memorial del Convento". El autor, a través de un habitante de Mafra vinculado en el proceso de construcción del palacio, explica minuciosamente los detalles de la edificación. 

Tal y como dijimos más arriba, el conjunto se completa con La Tapada (Parque Nacional de Mafra). Está situada junto al palacio y constituye la zona natural amurallada más extensa del país. En sus 819 ha acoge una amplia variedad de flora y fauna. Hoy está abierto al público y constituye un verdadero patrimonio natural de la zona. Perfecto para pasear a caballo, practicar senderismo o, incluso, tiro con arco. Tampoco hay que perderse el Jardín del Cerco, de corte barroco. Inspirado en Versalles, este espacio combina naturaleza, agricultura y jardinería y cuenta con una noria centenaria aún en funcionamiento. Dentro de él también se encuentra la huerta de los frailes con plantas medicinales usadas en la época de Juan V.

Seguimos rumbo a Vigo y nos detuvimos en Óbidos para que Marusela lo viera. Mientras ella y Pili daban un paseo por la villa medieval, Chus y yo esperamos en una cafetería. No hablo aquí de esta pequeña ciudad, porque ya lo hice en otro post. Dejo tan solo unas fotos. 






Nos detuvimos aún en Nazaré, una para comer y otra también para que Marusela lo viera. Igual que con Óbidos, ya hablé de esta pequeña población portuguesa en otro post. Así que dejo un par de fotos. 

Parte baja de Nazaré, junto a la playa

Desde el Sitio de Nazaré

Sin duda, ¡un viaje fantástico!


viernes, 29 de octubre de 2021

Octubre, 21 al 24, 2021: Viaje a Lisboa con visita a Fátima, Mafra, Óbidos y Nazaré (Chus, Pili y María - con incorporación de la que ya se ha convertido en la cuarta chica viajera: Marusela) - Parte 4

 Sábado, 23/10/2021  


Monasterio de los Jerónimos y Torre de Belém. Padrao dos Descubrimentos     


Como Eduardo nos había explicado lo de la tarjeta de un día para los transportes, bajamos al metro en la Praça de A Figueira y con la ayuda de un chico de seguridad sacamos los billetes (de no ser por él, casi pagamos ciento y pico euros porque yo le había dado mal, jejejeje). Y ¡hale!, a la Praça do Comércio a coger el tranvía 15 para ir a Belém. Nos tocó uno de los modernos. 

Cuando te bajas en Belém, te saluda la impresionante fachada del Monasterio de los Jerónimos. La han limpiado (yo la recuerdo prácticamente negra). 



Diseñado por el arquitecto Diogo de Boitaca (en 1517 le sucedió Juan de Castillo), su construcción se inició el 6 de enero de 1501 y se concluyó a finales del siglo XVI. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983. El estilo predominante es el manuelino y fue construido para celebrar el regreso de Vasco da Gama de la India. Se eligió esta ubicación porque aquí se hallaba la ermita do Restelo, donde Vasco da Gama y sus hombres habían estado rezando antes de partir. La construcción se financió con los impuestos procedentes de las colonias. Su nombre se debe a que en los primeros años fue residencia de los monjes de la Orden de San Jerónimo, aunque desde el siglo XIX, con la llegada del gobierno liberal y el desmantelamiento de las órdenes religiosas, es patrimonio del Estado.

En las fotografías superiores vemos la portada oriental. Realizada por Juan de Castillo, está inspirada en el estilo tardogótico con introducción de elementos decorativos de estilo plateresco y renacentista. Está dividida horizontalmente en dos cuerpos. El de abajo consta de un gran arco conopial que cobija dos puertas de acceso. En el tímpano se pueden ver unos bajorrelieves con representaciones de la vida de San Jerónimo y el escudo portugués. El arco está rematado por una escultura de la Virgen de Belém. La parte superior presenta una ventana de arco de medio punto. Ambos cuerpos están limitados por ornamentación tardogótica, con estatuas bajo doseletes y esbeltos pináculos. 

Nos recorrimos la fachada, de unos 300 m de largo, para descubrir que las entradas al claustro había que cogerlas mucho más allá, de hecho, en el Museo de Arqueología. Después de cogerlas en unas maquinitas, vuelta para atrás. No tuvimos que hacer mucha cola. 


Detalles de la fachada desde la cola para acceder al claustro


El Claustro está situado junto a la nave norte del templo. Fue diseñado también por Juan de Castillo y realizado entre 1517 y 1519. Todo el Claustro está decorado con motivos manuelinos (letra M, que no fuimos capaces de encontrar; esfera armilar; cabos marineros; temas religiosos; hornacinas; medallones, etc.)

La entrada lleva a unas escaleras que conducen al piso superior del Claustro, cuyo techo está decorado como se ve en la fotografía

Decoración del techo en la antesala del Claustro

Os dejo aquí el vídeo.


Para mí, es, quizá, el más bello de todos los claustros que he visitado.









Desde el piso superior del Claustro se accede al coro alto de la iglesia que fue construido en el siglo XVI con una notable sillería.


La vista del interior de la iglesia desde ahí es magnífica. 

Descendimos al piso inferior del Claustro, en donde, por cierto, se encuentra la tumba de Fernando Pessoa. 

Se abre también ahí una capilla en la que descansa Alexandre Herculano, poeta romántico, novelista, historiador, periodista, agricultor y político liberal (1810-1877).


Tenemos, además, el acceso al Refectorio. Es bastante amplio y está cubierto por una bóveda nervada. Sus paredes están decoradas con la línea de una soga y con azulejos del siglo XVIII.



Y ya pasamos al interior de la iglesia. Aunque hay que salir del Claustro y entrar por la puerta occidental, por suerte tampoco había cola. 


Como se puede ver, el interior es muy amplio y luminoso, con una sola nave y una extraordinaria decoración manuelina. Destacan los esbeltos pilares octogonales decorados con motivos propios del Renacimiento. La bóveda del crucero es grandiosa y cubre una superficie de 29x19 m.


La capilla mayor fue reformada en 1571 en estilo renacentista avanzado, con el mismo estilo que la capilla mayor del Monasterio de El Escorial. Tiene un monumental sagrario del siglo XVII. También se encuentran las tumbas, apoyadas sobre elefantes, del rey Manuel I y su esposa María y de Juan III y Catalina de Austria, así como, en las capillas aledañas, las de otros infantes y príncipes. 



Según se entra a la iglesia, en el coro inferior, encontramos las tumbas de Vasco da Gama y Luis de Camoes, realizadas por el escultor Costa Mota. Los restos de ambos fueron trasladados en 1880 al Monasterio de los Jerónimos. Los dos 
fueron las figuras más importantes de la era de los descubrimientos. 

Luis de Camoes escribió "Os Lusiadas", un poema épico portugués, considerado como el trabajo más importante de la literatura portuguesa. Se le compara frecuentemente con la Eneida de Virgilio. Si se observa de cerca la tumba, se pueden ver una pluma, un libro y un arpa, alegorías de su vida como poeta.

Vasco da Gama, primer conde de Vidigueira, fue un explorador portugués y el primer europeo en llegar a la India por vía marítima. Estableció, por tanto, la primera ruta marítima entre Europa y Asia, conectando los océanos Atlántico e Índico, Occidente y Oriente.  

Vista de la nave de la iglesia y el rosetón de la fachada occidental desde el altar mayor
 
Justo enfrente del Monasterio de los Jerónimos, cruzando la calle, está el famoso Padrao dos Descubrimentos. Bueno, en realidad, primero está el Jardim da Praça do Império. Para pasar de este al Padrao dos Descubrimentos hay que hacerlo a través de un paso subterráneo. 

Este jardín fue diseñado para la Exposición Universal de 1940. Hace referencia a la tradición de los jardines barrocos. El diseño es cuadrado con una gran fuente redonda en el centro. A su alrededor hay callejones que se cruzan en ángulo recto, separando céspedes y parterres, y en las afueras hay hileras de árboles y arbustos ornamentales. 

El Monumento a los Descubrimientos fue construido en 1960 en la margen derecha del río Tajo para conmemorar los 500 años de la muerte de Enrique el Navegante. Fue encargado por el régimen de António de Oliveira Salazar. Tiene 52 m de altura y es un homenaje a los marineros, patrones reales y todos los que participaron en la Era de los Descubrimientos. Se encuentra en una plaza en la que aparece dibujada una rosa de los vientos de 50 m de diámetro sobre la que se marcan los viajes de los portugueses. Fue un regalo de Sudáfrica en 1960. 



El monumento tiene la forma de una carabela con el escudo de Portugal en los lados y la espada de la dinastía de Avís sobre la entrada. Enrique el Navegante se alza en la proa con una carabela en las manos. En las dos filas descendientes de cada lado del monumento, están las estatuas de héroes portugueses fuertemente ligados a los descubrimientos, así como famosos navegantes, cartógrafos y reyes. 

En el interior del monumento hay un auditorio y un ascensor que va hasta el sexto piso, más una escalera que llega hasta arriba del todo, desde donde se puede observar un bello panorama de Belém y del río. El monumento es mucho más bonito cuando se ve al atardecer desde el oeste al ponerse el sol. 



Aquí el vídeo del río desde el monumento. Al otro lado, la figura de Cristo Rey y el Puente 25 de Abril.

Y lo dejamos atrás para ir caminando hasta la Torre de Belém

Y ahí está, ahí está, viendo pasar el tiempo...

Desde ahí se llega a la Doca do Bom Sucesso, que corta el paseo por la entrada del agua. Es preciso rodearla para seguir hasta la Torre. 

Todos nuestros, jejejejeje...

La Torre de Belém es una antigua construcción militar, obra de Francisco de Arruda y Diogo de Boitaca, que tuvo gran importancia en la Era de los Descubrimientos. Sirvió como fortaleza y como puerto desde donde partían los exploradores portugueses para llevar a cabo el comercio europeo con China e India. Después se utilizó como prisión, como faro y como centro de recaudación de impuestos para entrar en la ciudad. 

El monumento tiene influencias islámicas y orientales que caracterizan el estilo manuelino. Parte de su belleza reside en la decoración exterior, adornada con cuerdas esculpidas en piedra, galerías abiertas, torres de vigilancia en estilo mozárabe y almenas en forma de escudos decoradas con esferas armilares, la Cruz de la Orden de Cristo y elementos naturalistas, como un rinoceronte. No pudimos acceder al interior por estar cerrada. 

Había mucho ambientillo.


Para volver al centro hay que coger el tranvía en las calles que quedan más atrás del Monasterio de los Jerónimos. En esta ocasión, nos tocó uno de los antiguos. 


Ya en la Rua Augusta, nos encontramos con una tuna de estudiantes que trataba de sacarse un dinerillo. La verdad que pasear por esas calles con la música de fondo es una delicia. 

Aquí el vídeo.

Habíamos decidido comer ligero, uno de esos famosos "bolos de bacalhau", porque a las 5 teníamos que estar en el yate y ya nos daban champán y aperitivos. Marusela lo pidió acompañado de vino de Oporto y se lo sirvieron en una especie de bandejita de madera que, junto con la copa, se podía llevar a casa de recuerdo. 


Y de repente nos dimos cuenta de que Chus estaba muy calladita. Resulta que estaba observando al guardia de seguridad de Stradivarius, que lo teníamos justo enfrente. Hacía cosas rarísimas con los brazos, con las manos, se iba hacia adelante, salía a la puerta y sujetaba el dintel, trastabillaba, se le cerraban los ojos, se agarraba ambos brazos por detrás... en fin, que nosotras empezamos a hacer elucubraciones, ¿estaría mal? Más bien parecía que hubiese ido de juerga la noche anterior y no se tenía de pie, por lo que tenía que hacer toda aquella parafernalia para no quedarse dormido. O quizá estaba drogado, ¡quién sabe! El caso es que reír, reímos un rato largo, a Marusela hasta se le salieron las lágrimas. 





Solo fue un anticipo de lo mucho que nos íbamos a reír esa tarde. 

 

Crucero por el río Tajo 

A las 16:15 habíamos quedado en la recepción del hotel para coger un taxi. Me habían mandado al móvil el punto de encuentro y para estar seguras de que no nos equivocábamos y llegábamos a tiempo, decidimos que esa era la mejor forma de ir.

¿La mejor? Bueno... Resulta que le enseñé al taxista el mensaje del móvil a la vez que le decía que teníamos que ir a la Doca de Santo Amaro, en Alcántara. Enseguida se puso a fuchicar en el GPS, porque dijo que no estaba seguro de dónde era. Y le preguntó a Marusela, que estaba sentada a su lado, si era allí (señalando el GPS) a donde queríamos ir. Marusela, no sé si no lo entendió o como ella tampoco sabía exactamente a dónde teníamos que ir, le dijo que sí. El caso es que se puso en marcha. 

Chus, que se olió que el tío no tenía ni idea, puso su GPS, pero se le escapó el sonido y... ¡hete aquí que medio en serio medio en broma el taxista se mosqueó! A partir de ahí todo fueron pullas con Chus y el GPS y, la verdad, no podíamos parar de reír. Yo, sobre todo, me entró la risa tonta hasta el punto de que el taxista dijo que estaba encantado con la risa de la señora, que se la veía "bem disposta". A mí me dieron ganas de preguntarle "bem disposta ¿a qué?". 

Total, risa va risa viene, agravada por el hecho de que el hombre nos preguntó si íbamos a hacer un tour por el río y si íbamos a ir hacia el sur o hacia el norte (y yo pensando, será hacia el este o hacia el oeste, que es el curso del Tajo), a lo que Chus contestó por lo bajo "por el centro", con el consiguiente codazo de Pili, y yo respondí que primero hacia el norte y luego hacia el sur (despiporre de Chus). 

De repente, gira a la izquierda y se mete por unas callejas hacia la dirección por la que habíamos ido hasta entonces, o sea, vuelta para atrás. Yo con los ojos como platos. El Puente 25 de Abril quedaba un poco más adelante tal y como íbamos y ese se supone que era el punto de encuentro, justo debajo. El tío nos para frente a lo que un letrero decía que era la Doca de Alcántara, en donde además no se veía mucha opción de entrar hacia el muelle. Yo erre que erre que teníamos que ir a la Doca de Santo Amaro, debajo del puente, y él venga a acusar a Marusela de que ella le había dicho que era allí a donde queríamos ir. En fin, no sé cómo lo convencimos y volvió al rumbo original y, un poco más adelante, efectivamente, nos dejó en la "doca" prevista. 

Muertas de risa, pero sin ver nada más que restaurantes a lo largo del muelle, no sabíamos para dónde tirar. Llamé por teléfono y muy atentos me explicaron que teníamos que pasar todos los restaurantes y al final, justo en los pilares del puente, girar a la izquierda. En 20 m veríamos una puerta blanca con el número 1 y allí era. 

La cosa ya estaba desmadrada. Total, que cuando un tío abre la puerta y se pone a pedir los billetes, yo miro hacia el barco y veo que pone algo así como "odysseus"... Yo, al tío, "a mí me dijeron que el barco se llamaba Mara", él muy serio se limita a hacerme un gesto con la mano para que pasase, como diciendo "ya verá, ya, si es Mara o no". Y sí, era el Mara. En el yate estaba otro chico que nos dio la mano para subir. Y en esto Pili susurró que estaba muy bueno. Cierto, así que se llamara Mara o no, con él al fin del mundo jajajajajajaja.


Decidimos asentarnos en el medio del barco, aunque luego Chus se fue a popa, en donde había como unos sofás, por temor a que el barco diese bandazos. 



Detrás de Chus se puede ver a Fernando, el timonel, y a Rui, el chico para todo  encargado de atender a los pasajeros. 

Y así, poco a poco, fuimos saliendo de la doca. A nuestra derecha, el Puente 25 de Abril, bajo el cual se veía una curiosa piscina con la forma de Portugal. Enfrente, en la otra orilla, el Cristo Rey.



Rui se acercó y, en inglés, empezó a decirnos que nos iba a explicar el recorrido. Y yo, "¿por qué nos hablas en inglés? Ellas no hablan inglés". Se queda con un palmo de narices y nosotras a reír. "¿No eres portugués?". Que sí, que era portugués, pues eso, habla despacito que nosotras te entendemos perfectamente. Y venga, "¿Pero tú qué prefieres, que te hable en inglés o en portugués?"... que en portugués (leches), que se dejase de "brincadeiras".

Por fin, y entre risas, logró explicarnos que íbamos hacia el este, hacia la Praça do Comércio, que luego daríamos la vuelta y nos acercaríamos más a la otra orilla, para ver bien el Cristo, pasaríamos por debajo del puente hasta el final del estuario y ya vuelta a la "doca" contemplando la puesta de sol. Eso en cuanto al recorrido. Y en cuanto a las bebidas nos dijo lo que tenían. Marusela, Pili y yo pedimos champán y yo le dije que para Chus Coca-Cola, que ella no bebía, a lo que desde popa ella dijo que ni hablar, que también quería champán para brindar aunque luego se tomase una Coca. Gran juerga a cuenta de la exclusión de Chus del champán.



Y sí, bebimos champán, no sé cuánto, la verdad, pero bajaba que daba gusto. Y claro, se desataron las risas y aquello era un no parar. 


Los cuatro que iban en proa estaban a su bola, no participaron en nada. Sin embargo, los chiquitos que iban en el medio, del otro lado, resultaron muy agradables. Él era de Londres y ella polaca y estaban celebrando su segundo aniversario. Habían llegado el día anterior a Lisboa y estaban encantados. Me pidieron que les hiciera una foto, y luego, con la puesta de sol, fui yo la que les dije si se las hacía, porque estaban tan enamorados que parecían unos tortolitos... no las vi, pero debieron quedar magníficas, besándose con el color rojo del sol a sus espaldas. Cuando bajamos del barco, nos despedimos de ellos y la chica dijo que le encantaba nuestra energía, que la mantuviéramos. 

Vista de la Praça do Comércio desde el barco

Rui me avisó para hacer un vídeo abriendo otra botella de champán, porque me había quejado de que en la anterior no había podido captar el momento. 


Giramos y empezaba a caer el sol cuando pusimos rumbo al final del estuario. En el vídeo, vamos dejando atrás Santa Engraça (el Panteón nacional), Sao Vicente de Fóra, el castillo con sus murallas, la Sé, toda la Alfama...




Chus seguía atrás, haciendo migas con Fernando, jejejejeje, quien, muy amablemente, la invitó a llevar el timón. 



Nos íbamos acercando al Cristo Rey y Rui nos sirvió un croissant calentito relleno de jamón serrano y queso y, después, un pastelito con mucha canela. Y el champán seguía corriendo. La puesta de sol empezaba a dejar unas imágenes impresionantes. 




Pasando por debajo del puente

El Puente y Lisboa quedan atrás y se van tiñendo del color del atardecer

El Padrao dos Descubrimentos a la luz del atardecer mientras seguíamos rumbo hacia el final del estuario

Chus comiendo el croissant. Tras ella, Rui y Fernando y, a la derecha, 
una pareja de alemanes que, si bien no participó mucho de la juerga, reír se rio

El cielo se iba poniendo de un rojo intenso y bellísimo.


Pero desde donde estaba, en la mitad del barco, no podía sacar buenas fotos, ya que siempre me salía la vela enrollada en medio. Por eso, decidí irme hacia popa... se interpretó como que yo quería ligar con Fernando y eso dio origen a nuevas risas. Lo cierto es que sí pude hablar con él y me contó que es un enamorado de Galicia, a la que viene con frecuencia. Total, que Pili, de repente, se acerca a gatas por el barco, según me contó Chus, porque yo no la vi, y venga a empujar a Chus, "aparta, aparta", y a decirme a mí que me dejara de charla, que yo había ido a esa parte del barco a hacer fotos... jajajajajaja.



Realmente, la luz del atardecer resulta mágica en Lisboa. El color que van tomando los monumentos a medida que el sol se pone es de una belleza indescriptible, solo se puede entender si se ve. 

El barco giró de nuevo para dirigirse de vuelta a la Doca de Santo Amaro. Y ahí tenemos a Pili hecha toda una marinera... "¡Tierra a la vista!". Y a Marusela intentando captar la belleza del momento.



Entonces, llegó el turno de pasar por el timón. Primero lo hizo el alemán. Luego, yo. Más tarde, lo haría Pili. 




Iluminadas por el sol del atardecer




En la fotografía, se nos ve la cara de felicidad a todos. Hubo más juergas a cargo del intercambio de teléfonos con Fernando, jejejeje...

Y más aún al desembarcar. Yo recuerdo que Fernando me pasó la mano por la espalda y yo hice otro tanto, pero yo a eso no le llamo un abrazo, como se emperraron en decir las otras, jejejeje. El que sí nos dio un gran abrazo a las cuatro (y a nadie más) fue Rui. Y hete aquí que yo, que iba la primera subiendo por el pantalán, me giro hacia atrás y veo que Fernando "me " lanza un gran beso al aire (yo ahora creo que se lo lanzó a alguien que estaba en el muelle, pero ellas erre que erre que no, que en el muelle no había nadie). Ellas no lo vieron a él, solo me vieron a mí responder con otro gran beso al aire... ¡madre mía, las risas que se trajeron con eso!


Cenamos algo en uno de los restaurantes de la "doca". Y volvimos a la Praça da Figueira en otro tranvía. 

Pili quería subir en el famoso 28, que se coge justo al lado del hotel en donde estábamos (también se puede coger en la Praça do Comércio y subir al castillo por otro lado). ¡Pues nada! ¡Al 28!



El tranvía se fue llenando, lo cual nos impedía ver por dónde íbamos. Me preguntan que dónde nos bajamos (yo quería ir a San Antonio) y yo, todavía bajo los efectos del champán, que yo qué sé... En un momento reconocí el Mirador de Santa Luzía y nos bajamos allí e iniciamos el descenso para llegar a la iglesia del santo. Intenté que la moneda llegara al libro que San Antonio sostiene entre sus manos (que si Fernando, que si otro, cualquiera que nos viera en ese momento nos hubiera tomado por locas o borrachas). Al final, la moneda quedó arriba, pero no exactamente en el libro, jajajajaja.

Aquí un vídeo. Y otro más.

Sin duda, ¡UN GRAN DÍA!