viernes, 7 de noviembre de 2025

Octubre, 24 al 27 de 2025: Viaje a Bilbao, con extensión a Bayonne, Biarritz y San Juan de Luz (Maru, Pili, Mati y yo... con el grupo de la clase de arte de Rosana) - Parte 4

Domingo, 26 de octubre de 2025: Bilbao: Iglesia y Puente de San Antón y Mercado de la Ribera (aclarar que algunas fotos son cortesía de Mati)


Último día de este fantástico viaje. Desayunamos, cargamos las maletas y nos dirigimos a Bilbao, para ver alguna cosa que nos había quedado atrás. El autobús nos volvió a dejar frente a la estación y cruzamos de nuevo el río para caminar por la Calle de la Ribera.

El objetivo era ver la Iglesia de San Antón, un templo católico de estilo gótico de finales del siglo XV. Su historia y ubicación, a orillas de la ría de Bilbao, junto al puente del mismo nombre, el Mercado de la Ribera y el antiguo Ayuntamiento, en pleno Casco Viejo, lo han convertido en el templo más popular, hasta el punto de que aparece retratado en el escudo de la villa.

El templo visto desde la Calle de la Ribera

Casi trescientos años antes de levantarse esta iglesia, existía en el mismo solar una lonja o almacén de mercancías fluviales. Cuando, en 1300, don Diego López V de Haro, undécimo señor de Vizcaya, otorgó Carta Puebla a los pobladores de la ribera del río Ibaizábal, la antigua lonja fue incorporada al recinto urbano recién creado. En 1334, Alfonso XI de Castilla construyó en el lugar un alcázar y una muralla defensiva que hacía también de dique contra las inundaciones. Los cimientos de esta muralla se localizaron en las excavaciones arqueológicas realizadas en 2002 y actualmente pueden verse tras el altar de la iglesia.  

Esta zona de muralla y el alcázar fueron pronto demolidos para levantar en su lugar una iglesia dedicada a San Antonio Abad que sería consagrada en 1433. Era una construcción de una sola nave, planta rectangular y cubierta abovedada. Esta primera iglesia estuvo en servicio unas cinco décadas, ya que en 1478 se proyectó su ampliación al quedarse pequeña para acoger a unos feligreses en continuo crecimiento. El segundo templo, de traza aún gótica y planta casi cuadrangular, quedaría concluido en los primeros años del siglo XVI. 

Hasta el siglo XIX, el interior de la iglesia fue utilizado como cementerio. Ha sufrido varias calamidades a lo largo de su historia, la última en las catastróficas inundaciones de 1983, que se llevaron buena parte de su mobiliario interior y arrancaron puertas y verjas. El 17 de julio de 1984 la iglesia fue declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento Histórico-Artístico Nacional.


Como aún era temprano para la visita, cruzamos al otro lado del río, desde donde se puede ver la iglesia junto al Mercado de la Ribera. 



En cuanto al Puente de San Antón, su apertura es anterior a 1318. Se cree que, incluso, es anterior a la fundación de la villa en 1300. Durante siglos, fue el único puente que cruzaba la ría. Los bilbaínos emplearon todos los recursos legales y, hasta violentos, para impedir que otro puente les arrebatara el monopolio en las comunicaciones entre las dos orillas.

Es el emblema de Bilbao y está reflejado en su escudo. De origen medieval, como ya hemos dicho, tuvo una importancia histórica, ya que era el paso obligado para el comercio de Vizcaya con Castilla. En el siglo XV, bajo este puente se empozaba a los delincuentes. El empozamiento era un método de ejecución muy arraigado que consistía en atar una piedra al cuello del condenado para después arrojarlo al agua.

Debido a las riadas, se reconstruyó en piedra en 1463, lo que no evitó que siguiera siendo maltratado por las aguas de la ría de Bilbao. En 1870, se decidió sustituirlo por otro, pero este se construyó al otro lado del templo. De hecho, ambos puentes convivieron durante 4 años. 

El puente actual es del siglo XX, también conocido como Puente de Atxuri. Y no está exactamente en donde estaba el antiguo, ya que fue reedificado tras haber sido volado durante la Guerra Civil. Es de hormigón armado, reflejando la resiliencia de la ciudad y su compromiso con la preservación. 

Escuchando las explicaciones de Rosana sobre la iglesia y el puente mientras los contemplábamos desde el otro lado del río


Cuando ya íbamos a volver, nos fijamos en un edificio singular que se encontraba en una de las calles adyacentes. Rosana fue a preguntar y volvió para decirnos que nos dejaban entrar para verlo. Además nos dio algunos datos sobre la fachada, en la que destacan los detalles decorativos de los azulejos, la combinación de colores y la mezcla de texturas.




El edificio, situado en Bilbao La Vieja, frente a la iglesia y el puente de San Antón, se construyó entre 1914 y 1916 y fue proyectado por el arquitecto municipal Ricardo Bastida. Fue ideado para que las jornaleras pudiesen dejar a sus hijos menores de tres años durante el día mientras acudían a sus trabajos. Una especie de guardería social para los más pequeños. En unos años, las instalaciones se quedaron pequeñas y, en 1939, se añadió una planta más al edificio, para la que Bastida decidió que no simulara ser parte del edificio original y destacarla como un añadido. 

Es un edificio de estilo modernista con una fachada singular de composición elegante y llamativa. Como vemos en las fotografías, se combinaron elementos neomudéjares con materiales como el ladrillo, el azulejo decorado y la piedra. Los amplios ventanales no solo dotan al edificio de una gran luminosidad, esencial para el bienestar de los niños, sino que también contribuyen a la belleza del conjunto. 

Un elemento distintivo de la fachada principal es el grupo escultórico titulado "La Caridad", obra realizada en 1914 por Federico Sáenz Venturini, amigo y colaborador de Bastida. Esta escultura, situada sobre el dintel de la entrada principal, no solo embellece el edificio, sino que también simbolizaba la misión benéfica de la institución. 

En 2021, concluyó un proceso de rehabilitación y transformación completa del edificio, con el objetivo de convertirlo en un centro para impulsar proyectos de innovación. Así, BBK Kuna se presenta como un edificio con carácter multidisciplinar, donde las actividades, encuentros, interacciones y proyectos, nacen y crecen en sus diversas plantas, todos ellos alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. 

En la planta de recepción y en la inferior se celebraba una exposición sobre la tradición mexicana del Día de los Muertos. 


 







Y ya era hora de dirigirnos a la iglesia de San Antón para su visita. 

Vista de la iglesia y del mercado desde el puente


  
El pórtico es de estilo renacentista cargado de decoración con motivos fantásticos y mensajes iconográficos. Presenta un arco de triunfo entre pares de columnas que escoltan a San Pedro y San Pablo.




El templo actual consta de tres naves escalonadas cubiertas con bóveda de crucería, simple en las naves laterales y compuesta en la nave principal. La nervadura más elaborada cubre la Capilla Mayor. Todos los arcos de sujeción son apuntados, salvo los del primer tramo, que son de medio punto.

El alzado es puramente gótico, destacando la altura de la nave central, que casi dobla a las laterales. Esta diferencia de altura origina una serie de tensiones que se transmiten a los contrafuertes a través de unos vistosos arbotantes de doble arco (se ve en las fotografías tomadas desde el puente y el otro lado del río)


En los muros que cierran la nave central, bajo las ventanas, se sitúa el triforio, de estrechas proporciones, en forma de galería corrida, tal y como vemos en la fotografía anterior a esta última. Es casi idéntico al de la Catedral de Santiago. Este triforio también cruza el lienzo de pared que cierra la Capilla Mayor, como se ve a continuación. 


Como una característica peculiar, vemos que el templo carece de ábside y presenta cabecera recta. El retablo mayor es un conjunto que consta de doce elementos: siete pinturas, realizadas por el artista bilbaíno contemporáneo Ignacio García Ergüin e, intercaladas entre ellas, cinco motivos escultóricos: en la parte inferior, dos relieves representando el Lavatorio de los Pies y la Última Cena; en el cuerpo intermedio, dos bultos redondos de San Pedro y San Pablo, y, en el lugar del ático, un Cristo crucificado. Los dos bultos y los dos relieves formaban parte de un desaparecido retablo correspondiente a los últimos años del siglo XVI. El Cristo es una talla anterior, de la primera fase del Renacimiento español.

Hay tres capillas particulares: la Capilla de Santa Lucía, la Capilla de Nuestra Señora de la Piedad y la Capilla de San Roque. 

El coro, situado a los pies del templo, fue construido en el último cuarto del siglo XVI. Alberga un órgano Cavaille-Coll de París, fabricado en 1901. 




En la nave de la Epístola, bajo un gran arco vaciado en el muro, vemos una copia moderna de la Virgen de Begoña, patrona de Vizcaya, imagen del escultor Larrea. 


A continuación, dejo algunas fotos más del templo: 





Dejamos la iglesia y nos dirigimos al edificio del Mercado de la Ribera, situado justo al lado. 

Ha conseguido mantener su esencia a lo largo de la historia. Su principal valor es la calidad, variedad y frescura del género que ofrece. Aquí se encuentran todos los ingredientes para desarrollar una cocina tradicional vasca: verduras de las huertas vizcaínas, pescados recién llegados a puerto, carnes criadas con mimo por los ganaderos del País Vasco, etc. También se ofrecen panes artesanos, fruta, setas, encurtidos, conservas...

En 1990, fue distinguido con el Guinness al Mercado Municipal de Abastos más completo. En aquel momento, era el mayor mercado cubierto de Europa. 

El edificio, tras su reforma integral, sigue siendo la "plaza" de toda la vida. Pero hoy, a la gente del barrio, a los chefs de restaurantes cercanos o sibaritas de toda la provincia, se han unido los turistas, consolidando el mercado como una de las visitas obligadas para captar la esencia de la ciudad. 

En el siglo XIV, el área de mercado de Bilbao se estableció en la Plaza Vieja o Mayor, al lado de la iglesia de San Antón. En 1870, se cubrió la totalidad de los puestos para proporcionar resguardo frente a las inclemencias meteorológicas. Poco después, se construyó un recinto en hierro forjado y cristal, siguiendo la moda de la arquitectura modernista de la época. Este nuevo recinto cerraba algunos de los costados y mantenía un paso para la circulación de peatones en su interior. Sin embargo, este recinto tenía un grave problema de concentración de calor, por lo que se llegó a instalar un sistema de riego en su tejado. 

En 1928, se tomó la decisión de construir un nuevo mercado que permitiera el aumento del número de puestos. Así, en 1929, se inaugura un nuevo edificio realizado en hormigón armado, obra del arquitecto Pedro de Ispizua, realizado en el estilo racionalista propio de la época. El proyecto se basaba en espacios abiertos, sin columnas interiores, con buena ventilación para evitar olores no deseados y con una iluminación natural muy cuidada en la que se utilizan materiales translúcidos y grandes vidrieras, celosías y florones. Todo esto, junto a la decoración de las fachadas, conforma un estilo art déco ecléctico. 

Cristaleras con reflejos en la entrada por la parte de la iglesia de San Antón



En el año 2010, se realizó un estudio sobre el estado estructural del edificio, el cual sugirió hacer un estudio en más profundidad. Los resultados pusieron de manifiesto un grave déficit estructural con daños serios que afectaban al hormigón armado. El origen de estos desperfectos se situó en la utilización de arena de playa para la fabricación del hormigón. Esta arena había provocado la oxidación de los hierros poniendo en peligro la estabilidad de los elementos sustentadores estructurales.

La reforma, aparte de corregir los graves problemas estructurales, ha implementado los recursos de venta más modernos y ha supuesto un cambio radical en la gestión de la luz natural con amplias superficies acristaladas.


En la tercera planta podemos ver una hermosa vidriera con el escudo de Bilbao.







Y aquí se acababa nuestra visita a Bilbao y el viaje. Un último tiempo libre para hacer alguna compra de última hora y regreso al bus. 

Una vez más, quiero agradecer a Rosana la oportunidad de poder acompañar a su grupo clase y la buena acogida por parte de este. ¡Ojalá pueda acompañaros en alguna otra ocasión!



martes, 4 de noviembre de 2025

Octubre, 24 al 27 de 2025: Viaje a Bilbao, con extensión a Bayonne, Biarritz y San Juan de Luz (Maru, Pili, Mati y yo... con el grupo de la clase de arte de Rosana) - Parte 3

Domingo, 26 de octubre de 2025: País Vasco Francés: Bayonne (Bayona), Biarritz y San Juan de Luz (aclarar que algunas fotos son cortesía de Mati y también de Maru)


El País Vasco Francés es una región cultural, lingüística y étnica situada en el departamento francés de los Pirineos Atlánticos, en la región de Aquitania, limítrofe con Guipúzcoa y Navarra. Cuenta con alrededor de 300 000 habitantes y la ciudad más poblada y capital es Bayona. 


Si bien en las zonas urbanas se habla mayoritariamente francés, en las zonas rurales, poco pobladas, la lengua materna de la mayoría de la población es el euskera. Los dialectos autóctonos son el navarro-labortano y el suletino.

El Departamento de los Pirineos Atlánticos se divide en tres distritos: el de Bayona, el de Oloron-Sainte Marie y el de Pau. El País Vasco Francés comprende por completo el de Bayona y el cantón de Montaña Vasca en el de Oloron-Sainte Marie. 

Os dejo aquí un enlace por si queréis profundizar en la historia de este territorio y sus conexiones con el País Vasco Español. 

Empezamos nuestra visita por Bayona. El autobús nos dejó a la entrada y fuimos andando hasta el centro, junto a la catedral. 


Las agujas de la Catedral son visibles prácticamente desde todas partes

Bayona se encuentra situada en la confluencia de los ríos Adour y Nive, a 6 km del Océano Atlántico. Es famosa por la belleza de sus típicas casas centenarias con entramado de madera, su centro histórico repleto de museos y monumentos históricos y, también, por sus tradiciones y eventos mundialmente conocidos. La gente viene de toda Europa a divertirse en Bayona durante sus fiestas. 

Pero esta villa también es conocida por sus especialidades. Son muy importantes las Jornadas del Chocolate en mayo y la Feria del Jamón en Semana Santa (un jamón con un toque más salado que el español)

Esta es una ciudad claramente influenciada por las culturas vasca y gascona. Pero, sobre todo, Bayona está orgullosa de su identidad vasca. Se puede sentir en su arquitectura, en las calles de la Grand y Petit Bayonne, en las que encontramos letreros, carteles y librerías en euskera y francés. Es una de las ciudades más coquetas de Francia y, a la vez, una de las más desconocidas. El estar tan cerca de España ha hecho que sus gentes sean más abiertas, solo hay que ver la cantidad de fiestas que se celebran y cómo salen a las calles cuando llega el buen tiempo. 

Bayona se divide históricamente en tres barrios: la Gran Bayona, la Pequeña Bayona y el barrio del Espíritu Santo. 

La Gran Bayona es el primero de los lugares que hay que ver, ya que se trata de su centro histórico. Aquí nació la ciudad, a partir de un asentamiento galo-romano llamado Lapurdum. Está formado por estrechas calles medievales. Hasta el siglo XVII, la ciudad estaba atravesada por canales navegables que hoy son las calles que se recorren. Esos canales se utilizaban para el comercio. El aspecto actual de este barrio se diseñó a partir del siglo XVIII. 

Las calles de la Gran Bayona constituyen el corazón comercial de la ciudad y, a menudo, las casas de esta zona suelen estar ocupadas en su planta baja por pequeñas tiendas. Uno de sus secretos es que se conservan unas 60 bodegas góticas originales en las que se almacenaban las mercancías. 

El Castillo Viejo es una de las fortalezas más importantes de la ciudad. Fue construido a finales del siglo XI. Más tarde, en el XVII, tuvo lugar una remodelación para fortalecer la defensa. Su nombre se debe a que, a finales del siglo XV, se construyó un nuevo castillo en el barrio de la Pequeña Bayona. En la actualidad, tiene uso militar y no se puede visitar el interior

Edificios junto a la Catedral, en el extremo de la Plaza Pasteur

Era temprano para la visita a la Catedral, así que Rosana nos dejó tiempo libre para tomar un café o dar un paseo. Casi todos tomamos por la Rue D'Espagne, que se inicia en la Catedral para llegar hasta la Puerta de España, una de las puertas de la muralla. Aquí hay casas altas y estrechas, con entramado de madera, puertas con aldabas, dos ventanas y balcones de hierro forjado. 

Inicio de la Rue D'Espagne frente a la fachada este de la Catedral




Encontramos un pequeño café, muy acogedor, en el que entramos para calentar el cuerpo. 





Yo terminé antes y salí para seguir recorriendo la calle y hacer fotos. 


Una de las calles perpendiculares a la Rue D'Espagne
Cosas que se ven cuando vas mirando hacia arriba

Y llegué a la muralla

Mirando hacia atrás 


En el camino de regreso, me encontré con Maru. Las otras se habían metido a curiosear en las tiendas. Volvimos hacia la Catedral y como aún teníamos tiempo hasta la hora fijada para reunirnos con el grupo, bajamos hasta el río Nive.


Así llegamos a la orilla en la que se sitúa el Mercado, convertido en parte en un centro gastronómico en donde se pueden degustar productos típicos. 





Otra vez mirando hacia arriba. Y él mirando hacia abajo

Y de vuelta en la Catedral, fachada norte, en la Plaza Pasteur
Pues ya estábamos en la Plaza Pasteur una vez más, para iniciar la visita de grupo a la Catedral. Es uno de los monumentos imprescindibles que ver en Bayona. Es de estilo gótico y fue construida en el lugar en el que se encontraba una antigua catedral románica que había sido destruida por un incendio en 1258. 

 

Contrasta el color ocre de su piedra con las casas blancas de su entorno. Se trata de piedra Musserolles. Pero también tiene partes con piedra blanca, piedra Bidache. Fue inscrita en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1998, en el contexto de los Caminos de Santiago de Compostela en Francia. Las dos flechas de sus torres, que se ven desde toda la ciudad, son una construcción del siglo XIX, llevadas a cabo por un discípulo de Viollet le Duc, el arquitecto que restauró la ciudad medieval de Carcasonne. 

La cara oeste, frente a la Biblioteca Municipal, anteriormente el Palacio Episcopal, consiste en una gran puerta y dos flechas que rodean esta entrada. Es la parte más reciente de la Catedral. El lado este, en el lado del Nive, es la cabecera de la Catedral. El plano es clásico, con una nave y dos colaterales. Alrededor del coro, el ambulatorio se abre en siete capillas. La parte más antigua es el ábside, que data del siglo XIII. El trabajo del crucero, la nave y los pasillos tuvo lugar en el siglo XIV. 

Por una puerta lateral de la fachada este, junto al ábside, que da a la Rue D'Espagne, accedimos, en primer lugar, al Claustro de los siglos XIII-XIV, de estilo gótico-flamígero. Una auténtica maravilla y uno de los claustros más grandes de Francia. 

El Claustro se encuentra en el lado sur de la catedral








El Claustro, como podemos ver en las fotos superiores, revela magníficas arcadas iluminadas, cada una de ellas, por dos bahías gemelas y tres rosetones. Alguna vez fue utilizado como cementerio, antes de ser usado como mercado abierto al público. 

De nuevo en la calle, nos dirigimos a la entrada principal, en la fachada oeste. Pero nos detuvimos antes en la puerta lateral de la fachada norte. Una curiosidad de este edificio es que, como sucedió con frecuencia durante los años de la Revolución francesa, se destruyeron las portadas góticas exteriores, salvándose solo la del Claustro, que todavía nos permite admirar un Cristo en gloria rodeado por seis Apóstoles. Sin embargo, en este portal norte, frente a la plaza Pasteur, si miramos hacia los capiteles, descubrimos cuatro figurillas típicas: un cantero, un peregrino compostelano, un mendigo con su muleta y un pelotero con su chistera, siendo ya muy popular este tradicional juego vasco en la Edad Media. 


Plaza Chanoine Dubarat, donde está la Biblioteca Municipal. Y detrás de la fotógrafa, la fachada oeste de la Catedral

Ya en el interior, a mano derecha, lo primero que vemos es una maqueta del edificio en la que no aparece el Claustro. 


Iniciamos la visita. Lo primero que nos sorprende es la nave ojival de 77 m de largo, 26.5 m de alto y 33 m de ancho. Nos deslumbra su elegancia, su luz, sus bellas proporciones y su esbeltez. 



Como era norma, la construcción del edificio se comenzó por la cabecera, que se edificó a lo largo del siglo XIII, inspirada en el gótico clásico del norte de Francia (región de Champagne). Durante los siglos XIV y XV, se avanzó en la edificación del transepto y las naves, ya en un estilo perteneciente a un gótico radiante, tercera etapa del gótico francés tras las fases del gótico temprano y gótico clásico. Esta condición se aprecia, como podemos ver en las fotos superiores, mediante el alzado de tres niveles superpuestos: arcos formeros, triforio (en algunas zonas, abierto al exterior mediante vidrieras) y clarisforio muy amplio. 

En esta foto se ven los tres niveles: los arcos formeros, el triforio (en este caso, abierto al exterior mediante vidrieras) y el clarisforio

Hay que tener en cuenta que las vidrieras no son medievales. Al ser tan frágiles, en la mayoría de los edificios góticos europeos, se han ido perdiendo paulatinamente. Sin embargo, las actuales presentan una plástica y un colorido bastante acertado. La gama cromática es amplia, predominando los azules y los rojos. 




Las bóvedas de las tres naves son de crucería con interesantes claves esculpidas con escudos, que nos hablan de la doble dependencia de Aquitania: leones propios de la heráldica de Inglaterra y flores de Lis, de Francia. 


En el siglo XIX se erigió la espectacular cabecera que vemos hoy día. Sobre el altar se construyó un baldaquino de estilo neogótico verdaderamente vistoso.


Rosana nos dio todo tipo de explicaciones en una de las capillas laterales, en la que llamó nuestra atención sobre la sillería en la que se colocaban los clérigos. Es sabido que estos no podían estar completamente sentados durante los eventos religiosos, por lo que tenían que levantar los asientos, de forma que quedaba un pequeño espacio en el que sí se podían apoyar. Se llaman Misericordias. En algunas catedrales españolas las hemos visto, mucho más decoradas e, incluso, con relieves poco religiosos, más bien, en algunos casos, obscenos.


Maru apoyada en una de las Misericordias una vez levantado el asiento

Y llegó la gran sorpresa: la visita a las capillas radiales, ¡una auténtica maravilla!  

El colorido ya llama nuestra atención

Antes de recorrerlas, nos detuvimos ante un magnífico lienzo que representa "La Última Cena". 









Los colores dorado, rojo, azul y verde nos sorprenden. Y vemos que en los arcos se pintan personajes bíblicos. Todo el conjunto tiene un aire neobizantino y prerrafaelita. 

Las Capillas que se incluyen en el deambulatorio, como la Capilla de San Martín, la Capilla de San Pedro, la Capilla de la Virgen, la Capilla del Sagrado Corazón y la Capilla de Santa Ana, son notables por sus exquisitas decoraciones y significancia histórica. 

Ya iniciando el camino de salida nos encontramos con este magnífico mural que representa a San Martín en el acto de compartir su capa. 


Y una escultura de San Antonio.



Dejo aquí alguna foto más del interior de esta bellísima Catedral de Santa María:



 

La Catedral de Bayona no es solo un lugar de culto. Es el testimonio vivo de la resiliencia y la fe del pueblo de Bayona. Sus paredes resuenan con historias de devoción, arte y perseverancia, invitando a los visitantes a sumergirse en su rico ambiente espiritual. Tanto si somos entusiastas de la arquitectura o aficionados a la historia, como si buscamos un momento de reflexión, la Catedral ofrece una experiencia inolvidable que trasciende el tiempo y el espacio. 

Al salir, Rosana nos dio tiempo libre para ir a comer. Nosotras optamos por el mercado. Y ahí, la verdad, nos dimos con el carácter brusco de los franceses. No es que todos sean así, pero se les conoce por su aire de superioridad, su chauvinismo y esa mirada un tanto despreciativa a los españoles y a los extranjeros en general. 


Había un puesto con una paella que estaba diciendo "cómeme". Le pregunté a una chica si podía comprar una ración e ir a comerla fuera. Me contestó de forma desabrida que no, que tenía que comerla allí en una especie de mostrador. Pero estaba a tope, me hubiera sido imposible sentarme allí. Se dio la vuelta y ni siquiera me miró. 

Al final, algunas optamos por unos hojaldres rellenos que se vendían en un puesto a la entrada. La vendedora nos dijo que podíamos ir a comerlos fuera. Cuando nos íbamos a sentar en una mesa, una chica y un camarero poco menos que nos gritaron que no podíamos comer eso allí, porque era de su bar, que también vendía comida. Vale. Pero es que dos de nosotras compraron la comida en ese bar y, aún así, a las de los hojaldres no nos dejaron sentar, ni siquiera habiendo cogido yo un Aperol en su barra. En fin... al final nos fuimos sentando y nos dejaron en paz. Creo que es un error esa limitación, es el primer mercado de este tipo que veo en el que no puedes sentarte en cualquier sitio. 

Al terminar, decidimos dar un paseo y buscar una tienda de chocolates del que nos habían hablado otras compañeras del grupo. Pero antes, nos detuvimos a la orilla del río Nive.


Estaba yo haciendo esta foto, cuando un chico me dijo que, si quería, yo podía salir en la foto si la sacaba él. Dudé un momento, tengo una cámara réflex buena y siempre cabe la posibilidad de que dejándosela a alguien, se largue con ella... Debió de darse cuenta de mi cara y entonces dijo que dejaba su mochila en el suelo y se separaba de ella, así que me dio confianza. Pero no sabía manejar la cámara y nos costó que sacara la foto, nos echamos unas buenas risas a cuenta de la situación. 


Sacamos alguna foto más mientras esperábamos al resto del grupo. 





Cuando íbamos a iniciar nuestro paseo junto al río para ir caminando hasta el lugar en donde nos esperaba el autobús, asistimos a una pequeña competición de remo en el río. 

Siguiendo la orilla del río, llegamos a un lugar en donde se ve el edificio del Ayuntamiento de Bayona. 

La Mairie de Bayonne se alza en la Place de la Liberté. Es uno de los edificios destacados de la ciudad. Fue construido en el siglo XIX en la confluencia de los ríos Adour y Nive. Llaman la atención las seis estatuas de mármol que sobresalen del tejado. Representan la navegación, las artes, la astronomía, el comercio, la agricultura y la industria. En el interior del edificio, se halla también el Teatro de la ciudad. 




Confluencia de los ríos Adour y Nive. Del otro lado, el Castillo Nuevo


Puente Saint Esprit, que cruza el río Adour y conduce a otra zona de la ciudad con mucha historia. Se puede ver la iglesia de Saint Esprit, la sinagoga y un centro de exposiciones. A las afueras del barrio, el muso de L'Atelier du Chocolat

Para llegar al autobús, cruzamos el Jardín Botánico, inaugurado en 1990. Se encuentra en un parque ubicado cerca de las murallas y de la catedral, justo al lado del Centro Histórico. Es bastante pequeño, pero por su encanto y su ubicación merece la pena visitarlo. Es de estilo japonés, con un estanque, una pasarela rodeada de bambú, un puente, una pequeña cascada y, por supuesto, una gran variedad de plantas perennes y flores. 

Cuando subimos al autobús, nos encontramos con la guía de la que nos había hablado Rosana y que nos acompañaría a las visitas a Biarritz y San Juan de Luz, ya que es una experta. 

Biarritz, la ciudad chic del sur de Francia, se encuentra a 20 km de España, a una distancia de 40 km de la ciudad de San Sebastián. Su fama viene de haberse convertido en ciudad balneario por la realeza española. Actualmente, sus playas la han convertido en un importante centro turístico. El surf encuentra aquí uno de sus más importantes puntos para su práctica, favorecido por su clima excepcional, con inviernos suaves y veranos agradables. En su origen, sin embargo, era un pueblo ballenero.

La localidad se había constituido como puerto pesquero de ballenas en el siglo XI. Estaba formada por dos asentamientos: el barrio de la Iglesia de San Martín y el puerto pesquero (Port-Vieux), defendido este último por el castillo de Belay o Ferragus. Su blasón muestra una gran barca ballenera, que sigue siendo el símbolo de la ciudad. La población es de origen vasco, con la introducción de elementos gascones a partir del siglo XIV. 

En el siglo XIX, los médicos recomendaban los baños de mar en Biarritz por sus propiedades terapéuticas. En 1854, la emperatriz Eugenia de Montijo (de origen español), esposa de Napoleón III, se hizo construir un palacio junto a la playa, hoy conocido como Hôtel du Palais (un edificio impresionante por sus dimensiones y su grandiosidad). El Casino de Biarritz fue inaugurado en 1901. La familia real británica ha pasado temporadas en Biarritz a lo largo de la historia. Todo ello explica el lujo y el dinero que se mueve en la ciudad, con sus tiendas de alto standing.

Al fondo, un pequeño fragmento de la Grande Plage, icónica de la ciudad. Se encuentra frente a los grandes casinos de la ciudad



Hay muchas cosas que ver en la ciudad, pero como no teníamos mucho tiempo, la guía centró la visita en la Virgen de la Roca (Rocher de la Vierge). Todavía en el autobús dijo que teníamos que hacer una pequeña caminata con alguna subida. Yo, es oír la palabra "subida" y me echo para atrás. Al final, parece ser que no era para tanto. El caso es que yo no fui, por eso las fotos que os voy a poner tengo que decir que me las pasó Mati. Me quedé en un Salón de Té, tomándome una copa de helado de melocotón y viendo en el móvil la primera parte del clásico Barcelona-Real Madrid. 




Es uno de los monumentos más visitados de la ciudad. Las vistas del Cantábrico son maravillosas: el color del mar, las olas, la neblina, la espuma, el puente, el mirador, todo parece ser mágico. Cruzando el puente, uno se encuentra con la particular estatua blanca de la Virgen y el Niño en lo alto de una roca escarpada. 

Los marineros y los trabajadores del puerto dicen que de la roca emana una luz que los protege de naufragios y malos tiempos. Cuenta la leyenda que hubo una vez un barco que regresaba al muelle cuando estalló una tormenta enorme. De repente, apareció un rayo de luz que mostró un camino seguro a los pescadores hasta tierra firme. Después del milagro, los habitantes decidieron erigir una estatua de la Virgen en la roca (1865)



Enfrente, se encuentra el Musée de la Mer.

El Musée de la Mer al fondo


En la fotografía lateral, vemos el Faro, construido en 1834, en el cabo Heinsart. Divide las playas arenosas de Landa y las rocosas del País Vasco. Desde allí, se puede ver una de las panorámicas más hermosas de la ciudad. Mide 47 m de altura, tiene 248 escalones y permite a los turistas la subida. 

En la foto superior, si hacemos zoom, veremos un edificio muy conocido en Biarritz: Villa Belza. Ubicada en un saliente de roca, junto a la Playa de la Côte des Basques. Da la impresión de que se adentra en el mar, con aspecto de castillo medieval misterioso. De hecho, ha sido objeto de numerosas leyendas relacionadas con la brujería y los fantasmas. A principios del siglo XX, fue un restaurante ruso de lujo, que organizaba fiestas en verano tematizadas: fiestas romanas, japonesas o africanas, en las que el jardín de la casa se convertía en una selva, con gorilas incluidos. 

Villa Belza


En el recorrido hasta la Virgen de la Roca descubrieron también el Puerto Pesquero, un lugar bastante pequeño, oasis de tranquilidad en verano, cuando los turistas acuden a las playas de Biarritz. Es uno de los lugares que ver si te gusta el ambiente auténtico y algo anticuado de los viejos barcos pesqueros que se resisten a los yates de lujo que también se ven en la ciudad.



El entorno de este puerto, construido con diques entre las rocas, es precioso. Aunque ya quedan pocos pescadores, aquí se encuentran sus casas, muy bien conservadas. Son casas rústicas encaladas con contraventanas de vivos colores que, en su gran mayoría, han sido convertidas en restaurantes de marisco y pescado de gran calidad. 

Es un lugar muy recomendable para comer en Biarritz, pero es preciso llegar antes de las 12:00 h si quieres conseguir mesa.


P
asaron, igualmente, junto a la Iglesia de Santa Eugenia (1898). Está situada junto al puerto, con vistas al mar. Es un edificio neogótico construido a instancias del abad Gaston Larre que sustituyó a una primera capilla dedicada a la santa, de estilo románico-bizantino


Nos quedaba aún la visita a San Juan de Luz. Su bahía está al fondo del Golfo de Vizcaya, a orillas del mar Cantábrico. Es muy visitado por bañistas por haberse convertido en un famoso balneario en la Costa Vasca. El complejo es relativamente nuevo, pero el propio puerto es muy antiguo.

Está ubicado a escasos kilómetros de la frontera española. En el pasado fue hogar de corsarios y hoy es famoso por su puerto pesquero y su gastronomía. Su centro histórico está repleto de calles con encanto, casas típicas y tiendas muy cuidadas. Cuenta con gran cantidad de eventos, sobre todo festivales de música y danza en los meses de verano. Si hablamos de eventos a lo largo de la historia, hay que mencionar la boda de Luis XIV con María Teresa de Austria en 1660.

En nuestro recorrido, pasamos frente al Mercado Les Halles. Una pena que ya estuviera cerrado, porque no hay nada mejor para descubrir el día a día de una localidad que visitar su mercado. 



El objeto de nuestra visita era la Iglesia de San Juan Bautista, una joya arquitectónica, claro ejemplo del esplendor barroco. Algunas de las partes más antiguas de este edificio religioso, como el campanario o las ventanas que dan a la calle León Gambetta, datan de los siglos XIV y XV. Llaman la atención su retablo, el órgano, los elementos de madera y el barco que cuelga en el centro de la iglesia. Aquí tuvo lugar el casamiento entre Luis XIV y María Teresa de Austria, como ya dijimos. 



La historia de la iglesia se remonta al siglo XII, cuando nació como una modesta iglesia románica junto a la que se pegaban las pocas casas de la incipiente población. 

Posteriormente fue destruida y saqueada varias veces, tanto por ingleses como por españoles, aunque consiguió llegar al siglo XVII como un altivo templo gótico. A principios de ese siglo, las autoridades locales decidieron ampliarlo. Había dinero gracias al comercio marítimo, la caza de la ballena y la pesca del bacalao. Las obras duraron medio siglo, por lo que cuando se celebró la famosa boda aún estaba en construcción. Se finalizaron en 1672, dando como resultado una iglesia imponente y muy bella. En 1685, se añadió una nueva planta al campanario

La puerta desde la que se accede al interior data de 1663. En 1669 se cerró la puerta de la boda real.

Los siguientes años fueron bastante aciagos para el templo. Durante la Revolución Francesa fue usado como almacén de forraje y durante las guerras de la Convención y de la Independencia española como almacén de pólvora. 

A finales del siglo XIX, se hizo un gran esfuerzo para proceder a su restauración, en la que tuvieron un papel muy importante Napoleón III y su esposa, la emperatriz María Eugenia de Montijo.

Nada más entrar, nos vemos sorprendidos por la disposición del interior de la iglesia. El altar se eleva doce escalones sobre el suelo, lo que, sumado a las galerías laterales, le da un aspecto de antiguo teatro. Los tres pisos de galerías estaban reservados para los hombres, mientras que las mujeres debían seguir los santos oficios desde la nave. 

Ya sé lo que están pensando los lectores: que, de esa forma, las mujeres podían ser observadas mientras que ellos permanecían en el anonimato. Pero no. La razón de esta ubicación es que, así, cada mujer se sentaba junto a la tumba familiar, ya que ellas eran las responsables de honrar la memoria de los antepasados (hasta el siglo XVIII, muchos enterramientos se realizaban en el interior de los templos, y cuanto más poderosa era la familia o el linaje, más cerca del altar se situaba su tumba)

Es por eso que las paredes, originalmente, estaban encaladas y pintadas de blanco. No fue hasta 1884 que se pintaron los muros y la bóveda de vivos colores, dando como resultado la pintoresca iglesia que podemos ver hoy día. 

En las fotos superiores, vemos el retablo del altar mayor, uno de los tesoros de esta iglesia. Cubre toda la altura del muro posterior del templo y sus dos laterales. Está adornado por nada menos que dieciocho estatuas de santos. Su belleza se ve reforzada por sus columnas adornadas con ramas de vid, flores, aves y ángeles sonrientes. Se construyó al gusto del rey Luis XIV, el Rey Sol, a quien le gustaba rodearse de belleza. 

En el frontal del altar se puede admirar un espectacular antipendio, decorado con cuentas de vidrio, obsequio de Luis XIV (antipendio= en una iglesia, es el frontal del altar mayor y de otros altares importantes, ornamentado con tablas pintadas o relieves o revestido de planchas de orfebrería y materiales nobles. El nombre hace referencia a una tela especialmente valiosa que pendía por delante del altar y preservaba los restos del mártir que yacía debajo del altar) 


Precioso el púlpito labrado en madera. Es de 1878 y representa a San Miguel luchando con el diablo y varios monstruos

En la foto, se aprecian las galerías, así como los bellísimos relieves que representan el Vía Crucis

Colgando del techo de la iglesia, podemos ver un barco votivo traído desde Terranova y donado por una familia del pueblo en 1865. Otras fuentes dicen que fue un regalo de la infanta María Teresa, ya que, en uno de sus viajes, su embarcación se vio sorprendida por una fuerte tempestad frente a las costas de San Juan de Luz, siendo salvada de una muerte segura por los marineros de esta ciudad


Detalles del original Vía Crucis
Detalle de un nicho lateral

Otro de los elementos destacados de esta iglesia, como ya hemos dicho, es el órgano. Fue construido en el año 1659 por Gérard Brunel y tocado durante el enlace real. Ha sido renovado en dos ocasiones, la primera en 1875 y la segunda, en 1980. Está considerado monumento histórico desde 1908. 



Cuando salimos de la iglesia, ya había oscurecido. Y la ciudad estaba preciosa. Nos dirigimos a la Place Louis XIV, ya próxima al puerto de San Juan de Luz. Es la plaza más importante de la ciudad. Aquí se encuentran el Ayuntamiento y la Casa de Luis XIV, que es la que le da nombre. Además de la pastelería Maison Adam.

En la esquina, la famosa pastelería Maison Adam

Con motivo del matrimonio de Luis XIV con la infanta de España en San Juan de Luz en 1660, se colocó una pirámide de macarrones Adam en una bandeja. Se dice que la madre de Luis XIV y la propia infanta sucumbieron a la delicadeza de los macarons de Monsieur Adam e iniciaron así la reputación de una casa que dura ya tres siglos.  


Variedades del famoso Pastel Vasco




Curiosa decoración con espejos en el techo de la Maison Adam

Como ya hemos dicho, en la Plaza se encuentra la Casa de Luis XIV, llamada así aunque nunca perteneció al Rey Sol. Fue construida en la época de máximo esplendor del pueblo, en el siglo XVII, cuando a su puerto arribaban los barcos balleneros. Era propiedad de Joannis de Lohobiague, un rico armador de la época. 

Recibe su nombre, porque en ella se alojó Luis XIV en 1660, durante 40 días, antes de casarse con su prima, la infanta de España María Teresa de Austria. Con ese matrimonio se puso fin a la Guerra de los Treinta Años que enfrentó a ambos países.

Esta casa aún pertenece a los descendientes del armador. Es una casa habitada, pero se pueden visitar la segunda y la última planta. Se puede contemplar no solo la arquitectura, sino también las pinturas, los muebles y la vajilla de hace más de 350 años. 

Al lado de la Casa de Luis XIV, aunque no se ve apenas, el Ayuntamiento

Terrazas en la Plaza

Escuchando a la guía en la Plaza. De los pocos momentos en que nos pescó la lluvia en el viaje

Nos dieron un poco de tiempo libre, y nosotras tiramos por la calle de la Maison Adam, la Rue de la Republique, llena de restaurantes y tiendas. Nos detuvimos en una de ellas para comprar productos típicos... curiosos los patés siempre elaborados con el famoso pimiento de Espelette, un tanto picante.




Y así, sin buscarlo, acabamos en el Paseo Jacques Thibaud, que bordea la playa. 

Vista desde la playa de la parte que cierra la bahía y en cuya punta se encuentra el Fort de Socoa

Teníamos que volver a reunirnos con el grupo para coger el autobús, pero necesitábamos un servicio, así que nosotras nos adelantamos por la  Rue Gambetta y así Rosa aprovechó también para comprarse un helado...


Y de regreso a Bilbao, con parada en Irún para dejar a la guía que nos había acompañado.

Yo me he quedado con ganas de recorrer con más calma esta zona, que me pareció de gran belleza y de mucha riqueza histórica y arquitectónica.  Para otra ocasión...

Una vez más, llegué cansada y no bajé a cenar. Ducha y posición horizontal.

Todavía nos quedaba una mañana en Bilbao antes de volver a Vigo.