Sábado, 25 de octubre de 2025: Estación,
Puentes, Teatro Arriaga, Soportales de la Ribera, Visita a la Catedral de Bilbao, Sociedad El Sitio, Plaza Nueva y Museo Guggenheim (aclarar que algunas fotos son cortesía de Mati)
No me gusta nada madrugar. Pero ya se sabe que cuando se viaja y se quiere aprovechar el tiempo, hay que hacerlo. Así que estábamos desayunando a las 8:15 y en marcha en el autobús a las 9:00.
Bilbao está perfectamente preparada para que los autocares no circulen por las calles de la ciudad. Por eso hay que solicitar una hora para aparcar y descargar en un punto concreto y luego el vehículo tiene que marcharse. Así que el autocar nos dejó junto a la Estación de Tren de la ciudad.
Es la principal estación de ferrocarril de la villa de Bilbao. Se ubica en pleno corazón de la ciudad y concretamente en la Plaza Circular, donde confluyen la Gran Vía y la calle Hurtado de Amézaga. Como podemos ver en la foto, es de carácter monumental y estilo clasicista. Fue diseñada por Alfonso Fungairiño e inaugurada en 1948, en los mismos terrenos que albergaron la estación original, abierta en 1863. La estación es propiedad de Adif, dependiente del Ministerio de Transportes del Gobierno de España. En 2017, dicho Ministerio y el Gobierno Vasco cerraron un acuerdo para el acceso definitivo del ferrocarril de alta velocidad a las tres capitales vascas. Consecuentemente, la estación sufrirá el mayor cambio de su historia, será soterrada y totalmente remodelada.

Hicimos una breve visita, aunque al no poder acceder al interior por no tener billete, nos quedamos en la entrada. Es un edificio en forma de U, que en su parte más alta alcanza las 5 plantas. En realidad, es una nave que en forma de marquesina semicircular cubre el haz de vías y los andenes apoyándose en 12 arcos de celosía que se encuentran anclados en dados de hormigón. La fachada sigue el estilo propio de la arquitectura franquista: el estilo neoherreriano. Como ya señalamos anteriormente, tiene elementos eclécticos, como frontones, vanos ciegos o falsas pilastras que buscan lograr la integración con el resto de edificios de la zona. Para la construcción se ha empleado esencialmente hormigón armado combinándolo con granito, piedra caliza o ladrillo caravista, todo ello para realzar el aspecto monumental de la construcción.
Desde la terraza que se encuentra frente a la fachada hay una vista magnífica del otro lado del río Nervión.
 |
| Teatro Arriaga |
 |
| Calle de la Ribera |
 |
| Puente del Arenal |
 |
| Asomando al otro lado del puente la cúpula de la iglesia de San Nicolás de Bari |
 |
| Detalle arquitectónico |
 |
| Edificios próximos al teatro Arriaga |
 |
| Vista hacia la derecha desde el Puente del Arenal |
El Puente del Arenal es un buen lugar para detenernos a hablar sobre la historia de esta parte de la ciudad:
Con el crecimiento de Bilbao, el corazón urbano de la villa se estaba desplazando de las primitivas Siete Calles (el barrio más antiguo y el núcleo originario de Bilbao. Forma parte del distrito de Ibaiondo. En él se encuentran la Catedral de Santiago y las iglesias de San Antón, San Nicolás y Santos Juanes). Los bilbaínos sabían que la mejor forma de expandirse era por la zona de Abando, al otro lado del río. De hecho, el paso en barca de una orilla a otra era cada vez más fluido. La otra forma de pasar era a través del puente de San Antón o por el puente colgante de San Francisco, hoy conocido como Puente de la Ribera.
Las quejas de los ciudadanos dieron su fruto. El Puente fue proyectado en 1844, se empezó a construir en 1845 y se terminó en 1847. Era el tercer puente sobre la ría, convirtiéndose en la principal vía de unión de la villa con la República de Abando.
Era de estructura metálica (fue el primer puente español de fundición conocido) con hojas levadizas en su parte central y fue bautizado con el nombre de Isabel II. La propia reina quiso ver el puente durante su visita en 1865, en la que iba acompañada por el Príncipe de Asturias, el futuro rey Alfonso XII. En 1866 dejaron de funcionar las hojas levadizas. Era un puente de peaje, que se cobró hasta 1870.
Durante los años posteriores a su construcción, fue deteriorándose progresivamente debido sobre todo a las riadas. Tres de sus arcos fueron sustituidos con tramos de madera. El puente sufrió aún más daños durante un bombardeo durante el tercer sitio de Bilbao el 2 de abril de 1874. Poco después, la noche del 11 al 12, fue parcialmente destruido por una riada.
En 1876, se aprobó uno de los proyectos del ingeniero Adolfo de Ibarreta: un puente de tres arcos de piedra. Fue inaugurado el 1 de diciembre de 1878. Con mayor superficie de tránsito que el anterior, permitía el paso de tranvías y viandantes y tenía una anchura inicial de 12,4 m. En 1937, durante la Guerra Civil, se voló el puente y se construyó uno provisional por medio de gabarras y tablones, muy cerca del que había sido dinamitado.
Entretanto, se construía el actual puente de hormigón armado, que fue inaugurado en 1940 con el nombre de Puente de la Victoria. En 1980 pasó a llamarse nuevamente Puente del Arenal. En esos años se eliminaron los elementos decorativos de temática relativa al régimen de Franco.
Como vimos por las fotografías superiores, al otro lado del río se alza el Teatro Arriaga.
Se trata de un edificio neobarroco de finales del siglo XIX. Es obra del arquitecto Joaquín de Rucoba y está dedicado al compositor bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga, a quien se ha denominado el Mozart español. Fue inaugurado el 31 de mayo de 1890. Ha sufrido diferentes avatares que han obligado a su reconstrucción y reforma, desde el incendio de 1914 hasta las inundaciones de 1983.
En 1834, se inauguró en estos mismos terrenos el "Teatro de la Villa", que se cedió a un grupo de capitalistas que se asociaron para su explotación comercial. Más tarde, la concesión recaería en la persona de Luciano Urízar Echevarría. Con este empresario, el teatro alcanzaría su máximo esplendor.
En 1883, se decide sustituirlo por otro edificio más moderno y amplio. Además, el viejo teatro estaba muy dañado por las Guerras Carlistas. En 1886, se empieza su derribo para dotarlo de 1500 butacas y que en sus bajos se pudieran instalar establecimientos comerciales. El proyecto fue encargado a Joaquín Rucoba y Octavio de Toledo, quien reorientó el edificio y amplió los muelles vecinos. En 1890, se inaugura el nuevo teatro, que toma el nombre de la plaza en donde se encuentra: Plaza Juan Crisóstomo de Arriaga.
En 1914, un incendio destruye el edificio. Se encargó la reconstrucción al arquitecto Federico de Ugalde, quien replantea el proyecto original para dotarlo de mayor amplitud y seguridad. En 1919, se estrenan las nuevas instalaciones. Desde entonces, fue considerado como un teatro de primera hasta que la Guerra Civil interrumpió las representaciones. Con el tiempo, el teatro entra en declive a favor del cine, pero las pésimas condiciones en que se encontraba el edificio obliga al Ayuntamiento de Bilbao a cerrarlo al público. En 1980, comienzan las labores de reparación y restauración.
En 1983, unas lluvias torrenciales inundan Bilbao. El agua alcanza el segundo piso del Arriaga, que sufre grandes daños. El proyecto de reconstrucción fue obra del arquitecto bilbaíno Francisco Hurtado de Saracho. En 1986, se inaugura el nuevo teatro, gestionado por una sociedad anónima de capital municipal.
Desde el puente, iniciamos el recorrido por la Calle de la Ribera, observando la belleza de los edificios del otro lado del río.
Alcanzamos, así, el Puente de la Merced.
Este puente une el barrio de San Francisco con el Casco Viejo. Su nombre proviene de la iglesia que vemos en la fotografía, anteriormente convento.
Tras afincarse en Bilbao en 1532, las mercedarias se trasladan en 1567 al otro lado de la ría. En 1621, inauguran el convento y la iglesia que da nombre al puente.
Al finalizar el sitio carlista de Bilbao, en 1874, solo quedaba en funcionamiento el Puente de San Antón. Ante esta situación, se proyecta uno provisional sobre pilotes, enfrente de la iglesia de la Merced, que se abrió al tránsito en 1875. Tras numerosas vicisitudes a lo largo de la historia, en 1938 se inaugura un nuevo puente, proyectado por el ingeniero Manuel Gil de Santibáñez, en hormigón, con dos arcos muy poco pronunciados y un pilar de piedra en el centro.
Con respecto a los animales que se ven en la base de las farolas, se cuenta una leyenda:
"En la época medieval, en la villa de Bilbao, se decía que existían unos seres alados que vivían en las zonas boscosas del actual barrio de San Francisco y que, de vez en cuando, hacían incursiones a las orillas del antiguo poblado de Bilbao La Vieja y los arenales y calles de la nueva villa de Bilbao. Según decían, estos seres, que no se sabía si eran machos o hembras, siempre estaban en pareja y se acercaban a quienes estaban solos o desamparados. Y, cuando les rozaban con su pecho o su lomo o cualquier otra de las partes de su cuerpo, transformaban el ánimo de las personas, que enseguida pasaban a sentirse queridas y más afortunadas, y así encontraban amor y suerte en la vida. Entonces encontraban pareja y las que ya la tenían la conservaban hasta el resto de sus días".
El ingeniero que diseñó el Puente de la Merced recogió la leyenda y puso ocho farolas de fundición, con dieciséis seres alados en parejas, a los dos lados del puente, que nos miran cuando pasamos. Ahora se cuenta que si tocas su pecho o su lomo con una caricia, te beneficiarás de su protección en el amor y la buena suerte.
Y teniendo eso en cuenta, compramos un billete de lotería para compartir, jajajajaja...
En cuanto a la Iglesia de la Merced, construida en 1675 para atender a la redención de cautivos, se reedificó en 1750. Hoy, totalmente restaurada y desacralizada, es sede de Bilborock, una sala de teatro y música juvenil.
 |
| Vista del Puente de la Ribera desde el Puente de la Merced |
 |
| Edificios junto al río |
 |
| Llegando al Puente de la Ribera |
El actual Puente de la Ribera fue construido en 1938, tras la demolición del denominado Puente de Hierro a cargo de Jesús María Leizaola y la División Vasca, horas antes de la caída de Bilbao, en 1937.
El encargado de su construcción fue el arquitecto Fernando Arzadun: el proyecto presentado era el de un puente en forma de arco parabólico que uniría el muelle de Marzana con la calle Ribera. Si bien el puente no ha sufrido modificaciones desde su construcción, destacan negativamente las conducciones vistas que se han ido adosando a la estructura del puente.
La historia de la construcción de un puente en esta zona se remonta al año 1506, cuando los franciscanos intentaron construir uno que tuvo la oposición de las autoridades de la Villa. En 1732, volvieron a solicitar permiso para un puente de piedra que se finalizó en 1735. En 1737, se derrumbó a consecuencia de una riada. En 1790, el Ayuntamiento solicitó permiso para construir un puente de madera, de un solo arco de gran altura, que fue terminado a finales de 1793. 20 años después, en 1813, las tropas francesas lo incendian en su retirada.
En 1825, se forma una comisión para el estudio de un nuevo puente. Hasta entonces se habían utilizado barcas colocadas entre la calle Santa María y el muelle de la Naja. En 1826, se autoriza la construcción de un puente colgante de cadenas, que se termina en 1827. Entre 1840 y 1850 se suceden los informes sobre el deterioro del puente, hasta que en 1855 se sustituyen las cadenas por cables de alambre. Posteriormente, se le incorporó una escalinata.
En 1874, al finalizar el sitio carlista, el único puente útil que le queda a Bilbao es el de San Antón. En 1881, se inaugurará aquí un nuevo puente con un solo arco metálico con antepechos de hierro forjado.
Seguimos caminando bajo los soportales de la Ribera, que contienen una gran sorpresa para aquellos que miren hacia sus techos.
La historia de estos murales se remonta a un pavoroso incendio que tuvo lugar en 1571. De las cenizas nació un Bilbao de piedra y los arcos de la Ribera, unos soportales donde cinco artistas han dejado su huella. También se construyeron residencias de calidad como el Palacio Arana, que ha llegado hasta nuestros días.
Las fotos superiores muestran una decoración mural al estilo, salvando las distancias, de la Capilla Sixtina. En este caso, en realidad, las pinturas no están realizadas sobre la propia piedra que sucedió a la madera, sino sobre un soporte que luego se ancla en los techos.
En 1989, la Sociedad Urbanística de Rehabilitación de Bilbao puso en marcha un proyecto con una doble finalidad: la restauración y recuperación de un espacio significativo y tan olvidado a la vez que se aplicaban las artes plásticas al paisaje urbano. Aunque la temática era libre, los responsables estimaron oportuno hacer algo relacionado con el Casco Viejo y las Siete Calles. Estos techos están decorados con obras de Justo San Felices (Homenaje a las Artes); Roberto Zalbidea (La Leyenda de Kixmi); Ángel Cañada (El ayer y el hoy del Bilbao Filarmónico); Alejandro Quincoces (Alegoría sobre un Bilbao imaginario), y Ambrosio Ortega, Brosio (Haciendo País)
La leyenda de Kixmi (monito) hace referencia al nombre con el que los viejos euskaldunes denominaban a ese fenómeno nuevo, Cristo, cuya noticia iba llegando a los pueblos. Una leyenda narra el final de los gentiles, acontecido cuando estos divisaron una extraña luz en el cielo. Como no sabían lo que era, fueron a buscar al más anciano y sabio, que profetizó: "Esa luz anuncia la llegada de Kixmi, es el fin de la raza vasca". Dicho esto, todos los gentiles corrieron a una sima a esconderse bajo tierra.
Ambrosio Ortega es el único pintor no vasco que aparece en los murales. Recoge el mundo arrantzale y un enigmático trato a los peces, la siderurgia, la minería...
En cuanto a Quincoces, vemos las tradicionales brumas y los paisajes borrosos que brotan en su imaginación. Por su parte, Ángel Cañada destaca tanto por la luminosidad del color como por la temática e historia. Pinta con la intención de que se sienta representada toda persona que contemple el mural: la mujer que va a la plaza, paseantes y visitantes y gente que sienten amor por la música. Con respecto a Justo San Felices, apreciamos su mirada onírica.
Habíamos alcanzado el Mercado de la Ribera, que veríamos con más calma el lunes antes de dejar la ciudad.
Metiéndonos por las calles hacia el interior, alcanzamos la Catedral de Santiago:
Como aún era temprano sobre la hora acordada para entrar, dimos unas vueltas apreciando la construcción de los edificios que la rodean y las callejas del casco viejo:
La Catedral está consagrada al Apóstol Santiago, patrón oficial de la ciudad. La Catedral Basílica de Bilbao, con su planta de cruz latina, fue declarada Patrimonio Histórico y Artístico en 1931 y es considerada una de las mejores manifestaciones del gótico en el País Vasco.
Este bello templo fue edificado entre el último cuarto del siglo XIV y principios del XV. Su exterior muestra influencias neogóticas fruto de la profunda reconstrucción de la fachada y la torre en el siglo XIX.
Al acceder a su interior se aprecia su equilibrada planta de cruz latina con tres naves de reducidas dimensiones, pero de gran belleza. Destacan su acogedor Claustro gótico, su portada meridional, la Capilla Mayor y la Puerta del Ángel, conocida popularmente como Puerta de los Peregrinos. Tiene un gran número de capillas consagradas y en su cripta, aún hoy, se pueden observar los restos de la ermita original sobre la cual fue edificada. Presenta una magnífica girola tras la Capilla Mayor.
Los tramos de las naves bajas son cuadrados, mientras que los de la nave principal tienen forma rectangular. La excepción es el crucero, cuadrado y con los brazos rectangulares. El espacio de la girola alterna tramos rectangulares con otros triangulares, tal y como sucede en ciertas construcciones francesas.
En los muros laterales hay capillas de fundación particular pertenecientes a familias notables de la villa. Se abrieron entre los contrafuertes exteriores de la iglesia a partir de finales del siglo XV y principios del siglo XVI, siguiendo fórmulas góticas.
Una de las actuaciones más destacadas de la última restauración ha sido el rebaje del nivel del suelo alrededor de 60 cm, recuperando la cota del siglo XVIII.
La nave mayor se eleva hasta casi 22,50 m, mucha más altura que las naves laterales, algo típicamente gótico. Los pilares son robustos, de sección circular, a los que se adosan columnillas que arrancan desde las basas escalonadas hasta las fajas-capitel lisas de donde parten los nervios de las bóvedas. Este sencillo procedimiento resulta frecuente en el gótico vizcaíno y, posiblemente, se deba a la influencia que sobre toda la cornisa cantábrica ejerció la construcción de la Catedral de Burgos, donde este tipo de soportes son los habituales.
Las vidrieras se ajustan a la estética gótica. Presentan decoración con vegetales y elementos geométricos, a excepción de las dispuestas en el ábside, en donde destaca la central con la representación de la Santísima Trinidad, estando flanqueada por dos vidrieras que representan a los cuatro evangelistas.
A pesar del predominio del gótico, la fachada principal es la que más cambios ha sufrido a lo largo del tiempo. De la primitiva construcción gótica no se conoce nada. La precedente de la actual fue construida en el siglo XVII por Martín Ibáñez de Zalbidea. Constaba de un amplio pórtico apuntado bajo el que se disponía una portada clasicista con columnas dóricas de jaspe, y sobre esta una vidriera de diseño gótico de considerables dimensiones.
El actual diseño de la fachada y de la torre, que responde a los principios fundamentales del neogótico, pretendía reconstruir el estilo artístico de fines de la Edad Media. La portada se encaja entre dos contrafuertes y el arco, ligeramente abocinado, muestra decoración vegetal. Está acompañado por las imágenes pétreas de San Pablo, con su espada, y de San Pedro, que porta las llaves. El característico rosetón se sitúa en el nivel superior, envuelto por símbolos jacobeos, como son la venera y la Cruz de Santiago.
En cuanto a la Torre, está formada por dos cuerpos: el campanario y la aguja. El primero, levantado con piedra del monte Oiz, se abre al exterior a través de vanos de estilo neogótico. Luego están los remates de pináculos. En este campanario hay un total de once campanas, distribuidas en tres niveles. En el primer nivel, se encuentran las campanas de volteo; en el segundo, las de repique, y en el tercero, unas de volteo y otras de repique. La Torre culmina en una esbelta aguja con una piedra más clara que el resto, procedente de Angulema (Francia). De inspiración bajomedieval, la Torre alcanza los 64 m, destacando visiblemente sobre el caserío del casco viejo.
Si nos vamos a la portada sur, veremos que esta se realizó no solo para habilitar un espacio cubierto, sino también con objeto de servir como contrafuerte del edificio. Desde su primitiva construcción, la iglesia se erige sobre terrenos de marismas o arenales, una circunstancia que provocó bastantes problemas de cimentación. La tremenda presión ejercida se puede observar en la inclinación de los gruesos pilares que, a pesar de su robustez, han cedido por lo inestable del terreno.
Estamos ante un imponente atrio de planta irregular que va desde la cabecera del templo hasta el área de los pies. Fue una obra de evolución lenta y gran monumentalidad, hasta su conclusión en el siglo XVI. Todos sus elementos nos remiten al estilo renacentista, a excepción de la bóveda, remodelada en 1686 y, por tanto, de estilo barroco.
En una de las fotografías superiores podemos observar la hermosa portada gótica sin tímpano y con arquivoltas apuntadas abocinadas que presenta un curioso remate de cabecitas de humanos. De toda la portada lo más interesante es la arquivolta exterior, que, como vemos, lleva esculpidas las imágenes sedentes de catorce profetas y, arriba, junto a la clave, inserta los bustos de un obispo y un rey. Sobre la portada, el escudo de Bilbao, con el puente y la iglesia de San Antón y los lobos de la casa de Haro, realizado sobre madera policromada en el siglo XVIII.
Volviendo al interior, que Rosana nos explicó exhaustivamente, podemos hablar de las capillas:
 |
| Altar Mayor |
La Catedral cuenta con 15 capillas. Las ubicadas en las naves bajas tienen menor altura, mientras que las cinco que se encuentran en el centro de la girola tienen un mayor tamaño, porque habían sido planificadas desde el principio y construidas a la vez que la cabecera. Las otras, ya dijimos que se construyeron entre los contrafuertes. Para hacer un recorrido completo, hay que comenzar con la nave del Evangelio y girar por toda la iglesia en dirección a las agujas del reloj.
Pero antes, vamos a hablar un poco de la Capilla Mayor: fue remodelada en el año 2000 y constituye uno de los elementos más novedosos del conjunto. En el centro, está el altar consagrado. En el frente, está la cátedra, desde la que el obispo, en nombre de Cristo, convoca y preside la asamblea. A ambos lados, la sillería coral para los canónigos formada por doce asientos.
En la actualidad, no se cubre con otros muebles ni posee retablo, aunque hasta el siglo XIX contaba con uno renacentista, a juzgar por las tallas que nos han llegado. Preside este altar un magnífico Cristo tardogótico, una pieza de alrededor de 1515 que presenta un plegado del Paño de Pureza muy característico de estas tallas en Vizcaya.
En las columnas al pie del presbiterio pueden verse sendas tallas de la Virgen de Begoña y de Santiago Peregrino. Son copias de las que se conservan en el Santuario de la patrona de Vizcaya y en la ermita de Santiago de Ipiñaburu, y hacen alusión a las dos advocaciones de mayor presencia en el presente templo.
 |
| La Virgen de Begoña |
Encontramos en primer lugar la Capilla de la Virgen del Pilar:
Hasta el año 1725, esta capilla estaba dedicada a San Julián y a las Ánimas. La Virgen se conocía como Virgen de los Prodigios. Pero ese año, se creó una cofradía de la Virgen del Pilar y se cambió la advocación de la capilla.
El retablo es barroco, con una imagen de la Virgen del siglo XVI del taller franco-flamenco de los Beaugrant. A los pies de la Virgen se encuentra una talla orante de Santiago Peregrino, obra que ha sido fechada en la segunda mitad del siglo XVIII.
La Capilla de San Antón: Acoge el sepulcro tardogótico de la familia Arbieto.
Esta obra es de principios del siglo XVI y cuenta con una inscripción en letra gótica. Los difuntos, Juan Fernández de Arbieto y María Sánchez de Vitoria, yacen esculpidos en un bloque de pizarra con unos perros a sus pies como símbolo de fidelidad.
La Capilla de Santa Begoña: está en el último tramo de la nave del Evangelio, consagrada a la patrona de Vizcaya. Es de las capillas más grandes. Contiene el sepulcro de finales de la Edad Media del matrimonio de mercaderes bilbaínos Arana-Basurto. El retablo es barroco, del año 1700, y cuenta con una talla tardogótica de la Virgen de Begoña, del siglo XX, en el nicho central, y una de Magdalena de principios del siglo XVI en el ático. Todo el mobiliario se completa con un lienzo de pared con un retrato barroco del siglo XVIII.
Capilla de Santa Lucía: en este espacio se encuentra un sepulcro de estilo gótico cuyo desconocido dueño yace con traje militar. Destaca el retablo de estilo neoclásico, con una talla de Santa Lucía que data, aproximadamente, del año 1545. A esta obra se le suman dos tablas barrocas del siglo XVII que corresponden a San José y San Juan Bautista.
Tras la Capilla de San Diego de Alcalá y la de Nuestra Señora de la Piedad, vemos la Capilla del Sagrario: ha sido recuperada hasta casi lucir su aspecto original. Presenta un sagrario gótico con forma de torre eucarística hecho en piedra arenisca en el siglo XV. Procede de la iglesia de San Pedro de Mendexa y pertenece al Museo Arqueológico, Etnográfico e Histórico Vasco de Bilbao.
Capilla de Nuestra Señora del Rosario: Presenta un retablo de estilo barroco del año 1700, con una Virgen del Rosario de 1750 y en el ático un lienzo de Santo Domingo de Guzmán.
Capilla de Nuestra Señora de los Remedios: tiene un retablo relicario de aspecto pintoresco que fue reconstruido en el siglo XVIII.
Aquí se acogen las imágenes de la Virgen de los Remedios con el Niño, del año 1660, y la de San Ramón Nonato, de mediados del XVIII. Cuenta con una ventana con vidriera.
 |
| Detalle del labrado del relicario |
Otras capillas son la Capilla de la Virgen del Carmen, la Capilla de Santa Marina, la Capilla del Bautismo, la Capilla de San Serafín, la Capilla Penitencial y la Capilla del Cristo del Amor.
Después de ver toda esta riqueza del interior de la Catedral, entramos en la Sacristía:
Fue construida en estilo gótico-renacentista en el siglo XVI y remodelada a finales del siglo XIX. Tiene forma rectangular, se encuentra adosada a la Torre y a la parte occidental del Claustro, con el cual se comunica.
 |
| Entrada a la Sacristía |
Está compuesta por tres tramos con cubierta abovedada de crucería con claves decoradas. Los nervios de la crucería terminan en ménsulas suspendidas en la pared y apoyadas en peanas con tallas de los cuatro Santos Padres de la iglesia latina: San Agustín, San Jerónimo, San Ambrosio y San Gregorio Magno.
 |
| Preciosa foto sacada por Mati del acceso a una segunda parte de la Sacristía. Parece un cuadro |
 |
| Y esta sacada por mí cuando la monja ya se había ido |
Desde aquí, accedimos al Claustro: es el único claustro gótico que se conserva en Vizcaya, junto al convento de San Francisco de Bermeo. El espacio es completamente cuadrado, de 24 x 24 m. Fue construido en la primera década del siglo XVI invadiendo el espacio del antiguo cementerio norte del templo. En el siglo XX, entre 1924 y 1931, se le sumaron algunas esculturas y decoraciones, como pináculos, gárgolas y tracería de los intradoses de los arcos.
El jardín cuenta con cuatro crujías abovedadas con crucería clásica. Asoman al patio a través de grandes ventanales con tracería flamígera neogótica.
En el interior encontramos piezas de tipo funerario de distintas épocas. Una de las más destacadas es de 1540, un sepulcro renacentista en el cual reposan los restos del obispo Andrés de Porras.
 |
| Otra de las piezas funerarias del Claustro |
Abrumadas por tanta información, dejamos la Catedral.
Antes de darnos tiempo libre, nos acercamos a otro edificio singular del casco viejo de Bilbao: la sociedad "EL Sitio".
Este edificio, inaugurado en 1890, destaca por su fachada simétrica, con un gran arco de medio punto en la entrada principal y un salón de actos ricamente decorado por Anselmo Guinea. Su estilo es ecléctico monumental, obra de Severino de Achúcarro.
Para la construcción se utilizaron diversos materiales, entre los que destaca la piedra de Angulema en la caja de la escalera y el roble, utilizado en el Salón del Tresillo y en las distintas puertas de los salones. La extraordinaria vidriera de la escalera fue realizada en Amberes, en base al diseño del propio Achúcarro. Y en cuanto al Salón de Actos, está decorado con dieciséis paneles relativos a diferentes representaciones alusivas a la música, el canto, el baile, la comedia, la tragedia...
La Sociedad "El Sitio" fue fundada en Bilbao el 19 de marzo de 1875, en recuerdo a los "sitios" a los que fue sometida la capital vizcaína en 1835, 1836 y 1874, durante las guerras carlistas. El origen de los fundadores y del nombre proviene de las reuniones que organizaban un grupo de auxiliares en la zona conocida como el Arenal, debajo de un tilo. El artículo 1º de su reglamento define esta sociedad como
"un centro de carácter eminentemente liberal creado para conmemorar los hechos gloriosos que le han valido a Bilbao el título de Invicta; esencialmente inspirado en los principios patrióticos españoles, liberales y democráticos a los que acomodará siempre sus actos, así dentro como fuera de su domicilio social; es también un centro de recreo y de difusión de la cultura. En sus salones se organizarán conferencias instructivas y fiestas artísticas. Tendrá una biblioteca para uso de socios y proporcionará a los mismos distracciones, recreos y reuniones no vedadas por las leyes".
En el año 2006, los estatutos definen en su artículo 2º los fines de la Sociedad:
"la lucha por la libertad, el pluralismo político y la tolerancia como elementos fundamentales y base sustancial del liberalismo democrático. El respeto a la Constitución española de 1978 y al Estatuto de Gernika de 1979, así como a todo el ideario que en ambos cuerpos legislativos se incluyen"
Hoy en día, esta Sociedad goza de excelente salud, si bien el edificio se ha convertido en Biblioteca Municipal dependiente del Ayuntamiento.
Después de la visita a este lugar extraordinario, nos dirigimos a la Plaza Nueva. Se trata de una propuesta arquitectónica de estilo neoclásico, cuya construcción se prolongó durante 65 años. La idea de construirla fue debida al espíritu ilustrado bilbaíno de finales del siglo XVIII. Se trataba de sustituir el recinto antiguo por un entorno más funcional, cómodo, higiénico y bello.
 |
| Artista callejera mientras caminábamos hacia la Plaza |
 |
| Y otro artista callejero... |
 |
| Simpáticos murales... |
A continuación recojo las fotos que tomé en la Plaza, en donde estuvimos descansando un rato antes de volver al autobús para acercarnos a la zona del Guggenheim. Yo opté por sentarme en una terracita y tomarme una cervecita con un pincho. Después, se unieron las demás.
Tras el descanso, nos reunimos de nuevo para ir hacia la zona del museo con el bus, que nos recogió otra vez junto a la estación.
 |
Puente de la Salve visto desde el autobús
|
(Recibe este nombre, porque, cuando llegaban los barcos al puerto de Bilbao por la ría, a la altura del puente era el primer sitio desde el que se divisaba la Virgen de Begoña y ahí los marineros le cantaban la Salve)
Este puente se abrió en 1972 y su autor fue el ingeniero Juan Batanero. Fue ideado a finales de los años 60 para solucionar el problema del tráfico, que empezaba a saturarse en el norte de la ciudad. Fue, también, el primero de España con el sistema de tirantes y uno de los pocos con tablero metálico. Tiene 23.5 m de altura libre para el paso de los barcos.
Está dotado de ascensores desde su base en la margen derecha.
Junto a este puente, se encuentra el Museo Guggenheim Bilbao.
 |
| Vista desde el otro lado del río del Guggenheim y la araña realizada por Louise Josephine Bourgeois |
Cruzamos el río y el autocar nos dejó allí para, una vez más, marcharse. Dando la vuelta desde la parte de atrás del museo, nos encontramos de frente con la famosa escultura de la araña de Louise Josephine Bourgeois.
Curiosamente, esta escultura recibe el nombre de Mamá (Maman, en francés). Está realizada en bronce, acero inoxidable y mármol. Pesa 22 toneladas y mide 10 m de altura y 10 de diámetro.
Parece ser que la autora, reconocida internacionalmente por su capacidad para reflexionar plásticamente sobre temas profundos y dolorosos de la naturaleza humana, llamó a la escultura Maman en homenaje a su madre, capaz de tejer la tela de los afectos y también capaz de quedar atrapada en ellos.
Es una de las esculturas de arte contemporáneo que forma parte de las colecciones permanentes de diferentes museos en países tan diversos que van desde Canadá a Japón (donde yo la vi por primera vez) o desde Corea del Sur a los Estados Unidos.
A lo largo de una carrera de casi siete décadas, Louise Bourgeois se cruzó con algunos de los principales movimientos vanguardistas del siglo XX, como el Surrealismo, el Expresionismo Abstracto y el Posminimalismo, pero sin dejar su propia visión creativa. Su obra abarca la pintura, el dibujo, el grabado y la "performance", siendo muy personal, con frecuentes referencias a una dolorosa infancia marcada por un padre infiel y una madre cariñosa, pero cómplice de la situación. Al mismo tiempo, tiene un carácter universal, ya que encara el reto agridulce de ser parte de la raza humana.
 |
| Vista conjunta del Guggenheim, la Torre Iberdrola y la escultura The Tall Tree and the Eye del artista indio Anish Kapoor |
La escultura está sobre un pedestal sobre el pequeño lago frente al Museo. Presenta una forma esférica que para los amantes de la fotografía es todo un lujo, ya que puedes recoger diversos reflejos según la posición desde la que enfoques.
La obra fue realizada en 2009 y formó parte de una exposición que el Museo presentó en 2010 sobre el artista. Debido al éxito que tuvo, el Museo decidió adquirirla en 2011 por 3.5 millones de euros. La ubicaron en el mismo sitio que ocupó en la primera exposición tras realizarle un tratamiento que asegurara su conservación en el exterior y reforzar el pedestal sobre el que se asienta.
La escultura está compuesta por 73 esferas de acero pulido sobre tres ejes, las cuales parecen seguir un patrón aleatorio. Sin embargo, la situación de cada esfera está estudiada para jugar con los reflejos de la arquitectura circundante, la perspectiva del propio espectador, la situación del resto de esferas, las luces y las sombras.
Desde estas esculturas junto al río, subimos a la parte superior, desde donde se accede al interior del Museo y donde está otra de las famosas esculturas que lo rodean.
En la foto lateral vemos a Puppy, una escultura realizada en acero inoxidable y cubierta por plantas en floración.
Es obra de Jeff Koons, quien alcanzó la fama a mediados de la década de 1980. Basándose en el lenguaje visual de la publicidad, el marketing y la industria del ocio y con el propósito de comunicarse con las masas, puso a prueba los límites entre la cultura popular y la elitista. Sus elementos escultóricos incluyen aspiradores en cajas de plexiglás, balones de baloncesto flotando en peceras de cristal, figurillas de porcelana de Michael Jackson y la Pantera Rosa, y vidrieras con imágenes de sí mismo haciendo el amor con la que entonces era su esposa, la conocida estrella porno Cicciolina.
Para realizar Puppy, utilizó un sofisticado modelo de ordenador para crear una obra que hace referencia a un jardín clásico europeo del siglo XVIII. El West Highland Terrier gigante completamente cubierto de plantas en flor emplea la iconografía más edulcorada (flores y perritos) en un monumento al sentimentalismo. Destaca su imponente tamaño, aparentemente descontrolado (todavía creciendo, en sentido literal y figurado).
Puppy, majestuoso y robusto al tiempo que hace guardia junto al Museo, llena a los espectadores de admiración y alegría.
 |
| Artista callejero junto a Puppy |
Nos quedamos a comer por la zona, pero, sinceramente, nada que ver con los bares de pinchos de la Plaza Nueva. Yo quizá hubiera preferido comer por allí durante el tiempo libre y que luego nos recogiera el autobús para que el primer grupo entrara en el Museo a las 15:30. Yo, al principio, no quería ir al Museo (no me gustan las prisas para comer y, por lo general, los museos no es lo que más me interesa de un viaje), pero me convencieron y debo agradecerlo: ¡Qué maravilla el Guggenheim! Y, además, al ir en el primer grupo, tuve la suerte de poder quedarme a curiosear mientras el segundo grupo hacía su visita a las 5.
El Museo Guggenheim es un museo de arte contemporáneo diseñado por el arquitecto canadiense Frank O. Gehry. Es uno de los museos vinculados en régimen de franquicia con la Fundación Solomon R. Guggenheim. Fue inaugurado en 1997. Desde entonces, ha recibido una media superior al millón de visitantes anuales, causando un impacto extraordinario en la economía y la sociedad vasca, impulsando el turismo en la región y promoviendo la revitalización de múltiples espacios públicos y privados, además de mejorar la imagen de la ciudad.
La característica más llamativa del museo es el innovador edificio en que se emplaza, constituido por formas curvilíneas y retorcidas, recubiertas de piedra caliza, cortinas de cristal y planchas de titanio. Cuenta con una superficie total de 24 000 metros cuadrados, de los cuales 10 540 están reservados para las exposiciones, distribuidas en 19 galerías. Tanto el edificio, como sus exposiciones permanentes, pertenecen a las autoridades vascas.
El interior del museo es menos complicado que el exterior, pero también tiene elementos curvos. Aunque en general es muy diáfano, se pueden distinguir tres plantas diferenciadas: la colección permanente, la colección temporal y la colección de artistas vivos. Esta última se reparte a lo largo del museo, para que estas salas estén en relación con las colecciones temporales y permanentes.
La entrada está al final de unas escaleras exteriores que bajan hasta el nivel de la planta inferior (hay una parte de esta planta que es sótano y que está cerrada al público). Sobre las puertas de entrada hay una pared acristalada que no cubre nada. Desde la entrada se accede directamente al hall, una enorme habitación de 50 m de altura con planta en forma de flor.
En el centro del hall hay un enorme pilar. Además, hay ascensores, pasarelas y escaleras que comunican con las plantas superiores. Las formas interiores del hall no siguen las formas geométricas y tiene partes recubiertas de piedra y otras acristaladas. Desde el hall se accede a la sala más grande, conocida también como "Sala del Pez" por su forma exterior. Es muy alargada y alberga obras artísticas de enorme tamaño, algunas de las cuales son temporales y otras permanentes. En uno de los bloques de formas rectas hay una serie de plantas de forma rectangular dispuestas en fila, es decir, una colocada detrás de otra sin pasillo que las comunique. En cada planta hay tres salas y para llegar a la última es necesario atravesar las dos primeras.
Visitamos en primer lugar, en la planta baja, la exposición dedicada a María Helena Vieira da Silva: "Anatomía del espacio". Nació en 1908 en el seno de una familia acomodada. Su padre fallece cuando ella solo tiene 2 años y su madre se verá obligada a criarla con la ayuda del entorno familiar. Crece en un ambiente en donde se aprecia el arte y el teatro, desarrollando un gusto por la música que dejará en ella una impronta duradera. Estudia pintura y dibujo en la Academia de Bellas Artes de Lisboa y en 1928 se traslada a París para continuar su formación en la Acadèmie de la Grande-Chaumière, donde conocerá a su futuro marido, el pintor húngaro Arpad Szenes. Ambos residen en París hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, que los lleva a refugiarse en Río de Janeiro para regresar a París siete años después. Ya a finales de la década de 1950 Vieira da Silva obtiene fama y reconocimiento. La artista seguirá pintando hasta bien entrados los años ochenta. Fallece en París en 1992.
 |
| En la foto, pinturas de Helena Vieira y de su marido |
La exposición del Guggenheim recorre la producción comprendida entre las décadas de 1930 y 1980, centrándose en su interés por el paisaje arquitectónico y en el papel que desempeña la memoria en su obra. Fundamentalmente, se trata de una selección de pinturas que revelan el despliegue constante de formas abstractas e ilusiones ópticas, así como la relación entre abstracción y figuración. Sus creaciones incorporan diversos estilos e influencias, como la geometría decorativa de los azulejos hispanoárabes, los manteles de cuadros que aparecen en las pinturas de Pierre Bonnard o la abstracción propia del cubismo y el futurismo. Vemos tableros de ajedrez, entramados de líneas entrecruzadas, perspectivas esquivas y espacios que se desvanecen, lo que sugiere, como ella misma afirmó, que "una pintura nunca está terminada".
 |
| Su etapa en Río de Janeiro muestra una pintura más tenebrosa, por la situación que se vivía en Europa con la guerra y su propia añoranza de París |

Pasamos a continuación a ver una de las obras permanentes que es muy llamativa y sorprendente. Se trata de la Instalación para Bilbao de la artista de Ohio, Jenny Holzer. Con su obra nos recuerda que el lenguaje puede ser simple y directo, con verdades obvias, frases tomadas de la calle sobre temas relacionados con la guerra, la política, la muerte o la violencia.
 |
| Hasta que el grupo se acercó y cruzó las líneas luminosas, yo había creído que estaban sobre una pared. Una sensación impresionante la de pasar al otro lado... |
 |
| Mires a donde mires en la planta baja, siempre encuentras algo que te llama la atención... |
En esa misma planta baja, también vimos la exposición permanente "La Materia del Tiempo", de Richard Serra (habíamos visto unas maquetas en el Museo de Arte Moderno el día anterior). A través de estas esculturas, percibimos la evolución del artista, desde la relativa sencillez de una elipse doble hasta la complejidad de una espiral.
 |
| La exposición vista desde un piso superior. Recorrer el interior de estas formas resulta un tanto mareante por la inclinación de las paredes y la estrechez en numerosas partes de la misma |
A medida que el visitante recorre las formas experimenta una vertiginosa e inolvidable sensación de espacio en movimiento. El artista ha organizado las piezas con determinación, para mover al espectador a través de ellas y del espacio que las rodea. La distribución de las obras a lo largo de la galería crea pasillos de diferentes proporciones: anchos, estrechos, alargados, comprimidos, altos, bajos, siempre imprevistos. En la instalación también hay una progresión del tiempo. Por un lado, el tiempo cronológico que se tarda en recorrerla y observarla de inicio a fin; por otro, el tiempo de la experiencia en el que los fragmentos del recuerdo visual y físico permanecen, se combinan y se reexperimentan.
Subimos en ascensor a la tercera planta. Y allí nos encontramos con una obra magnífica, enorme e impresionante: "Mar Creciente" de El Anatsui.
En 1998, El Anatsui (1944), artista ghanés radicado en Nigeria y uno de los referentes de la escultura contemporánea, empezó a utilizar tapones de aluminio de bebidas alcohólicas para confeccionar sus obras. Este material le ofrecía múltiples posibilidades de manipulación y numerosas lecturas en torno a la historia de África y el colonialismo. El evocador título de esta obra nos recuerda los riesgos del cambio climático global. Sus formas orgánicas y monocromas destacan en la brillante superficie de titanio del exterior de la galería.
 |
| Curiosa escultura en esta planta que representa una pluma de las que se utilizan en paddle |
 |
| Vista del atrio desde la tercera planta |
A continuación, visitamos otra sala, dedicada al pop art, en la que destaca un enorme mural en la pared frontal: The Swimmer in the Econo-mist, de James Rosenquist. Este artista, nacido en 1933 en Dakota del Norte, estudia durante 4 fines de semana, gracias a una beca, en la Minneapolis School of Art del Minneapolis Institute of Art. En 1952, ingresa en la Universidad de Minnesota, donde permanecerá dos años. En 1955, obtiene una beca para estudiar en la Art Students League y se traslada a Nueva York. Comienza, entonces, a utilizar las técnicas de las vallas publicitarias en sus cuadros. Su fama se extiende hasta que en 1964 tiene lugar su primera muestra individual en Europa. Ya en 1974, su obra se incluye en la American Pop Art, en el Whitney Museum of American Art, en Nueva York.
En 1998, la muestra "The Swimmer in the Econo-mist" se inaugura en el Guggenheim de Berlín. En 1999, su obra se incluye en la muestra de Arte Pop Americano del Museo Guggenheim de Bilbao. En realidad, se trata de tres pinturas que transmiten el impulso tecnológico, político y económico del siglo pasado. Incluye citas del Guernica de Pablo Picasso. Son imágenes abstractas que evocan dolorosos recuerdos de la guerra y del fascismo, seguidas por una explosión panorámica de fragmentos de productos de consumo. También incluye otro conjunto de imágenes que simbolizan el desafío de la asimilación de Berlín Oriental y el trabajo incondicional de los obreros alemanes que hizo posible la reunificación.
En esta misma sala vemos una obra de Andy Warhol: Ciento Cincuenta Marilyns multicolores. En 1963, Warhol, al igual que otros artistas pop, se alineó bajo la bandera de la cultura de masas de su época. Utilizaba como tema de sus cuadros imágenes impresas que encontraba en los periódicos, publicidad y anuncios, y adoptó como medio la serigrafía, una técnica de reproducción mecánica. El hecho de que adoptara temas que tradicionalmente se consideraban al margen de las bellas artes (desde el culto a los famosos hasta las etiquetas de los productos alimentarios) se ha interpretado como una rotunda afirmación de la cultura norteamericana y también como una apuesta por lo popular carente de sentido crítico.
La obra que vemos en la fotografía superior, de más de 10 m de ancho, es una de sus obras más grandes. En ella presenta a uno de los personajes famosos más conocidos del artista. Marilyn Monroe apareció por primera vez en la obra de Warhol en 1962, año de la muerte de la actriz. Ese mismo año, el artista había realizado varias serigrafías utilizando la misma fotografía de la joven, con sus labios abiertos y sus seductores ojos entrecerrados, en diferentes configuraciones, desde una sola imagen sobre fondo dorado a un díptico o una cuadrícula con 25 Marilyns. La cantidad de veces que se repite el rostro de la actriz en "Ciento cincuenta Marilyns multicolores" expresa, con gran claridad, la reproducción potencialmente ilimitada de esta o cualquier imagen. Al mismo tiempo, las imágenes invertidas poseen un carácter fantasmal y evocador.
 |
| Imagen creada con ayuda de la IA para resaltar el tamaño del perro. Es una escultura titulada "Bob tail", del artista estadounidense Jeff Koons. |
Siguiendo con las obras de esta sala, vemos la del Gran Hombre Caja, del artista austriaco Erwin Wurm.
La escultura, de 5.5 m de altura, representa a un hombre de negocios sin cabeza con un torso en forma de caja, con un traje rosa y gris y unas piernas de metal cepillado. Wurm es conocido por su enfoque humorístico y surrealista de la escultura, a menudo distorsionando objetos cotidianos y la figura humana para explorar temas como el materialismo y el consumismo.
Otra obra más es "Los caminos de la sabiduría del mundo: la batalla de Hermann" (1982-1993) de Anselm Kiefer. Es un gran collage de xilografías que representa un bosque con retratos de figuras históricas alemanas. El título hace referencia a Hermann, o Arminio, quien lideró a las tribus germánicas en la Batalla del Bosque de Teutoburgo en el año 9 d. C. Los retratos incluyen a intelectuales , poetas, compositores, líderes prusianos e industriales, así como a líderes militares nazis. La obra aborda la mitología y la historia alemana, así como su contribución al auge del fascismo.
Cada nueva exposición me llamaba más la atención que la anterior. Realmente, hubiera sido una pena que no hubiera visitado el museo, tal y como había pretendido a la hora de la comida.
Toca el turno ahora a la artista estadounidense Barbara Kruger y su exposición "Another Day. Another Night". El Museo presenta ahora la primera retrospectiva completa de esta artista, que ha seducido al público a lo largo de más de cinco décadas con una obra audaz que incita a la reflexión. La muestra explora cómo Kruger utiliza el poder de las palabras y las imágenes para configurar las estructuras que conforman nuestras vidas: la identidad, el deseo, la verdad y el control.
Desde el inicio de su carrera, Kruger ha abordado críticamente cómo funciona el lenguaje en los medios de comunicación, en la política y en nuestros diálogos internos. Inspirándose en las estrategias visuales de la publicidad, emplea frases concisas y asertivas para componer textos en blanco y negro remarcados en rojo o verde. Pero, en lugar de vender productos, sus obras reivindican un pensamiento crítico. Frases como "Tu cuerpo es un campo de batalla" o "Compro, luego existo" se han convertido en referentes culturales que suscitan cuestiones de importancia apremiante sobre el género, el consumo y el poder.
A medida que avanzamos por la planta, el arte de Kruger va desplegándose en los suelos, paredes y pantallas, sumergiéndonos en un ambiente visual y sonoro cargado de intensidad. Su obra no solo pide ser contemplada, sino que induce a experimentar, afrontar y cuestionar.
Rosana tenía que ir a buscar al segundo grupo, así que nos dio unas cuantas instrucciones sobre cosas que debíamos visitar por nuestra cuenta y nos dejó. Por eso dije que el haber ido en el primer grupo fue una suerte, porque Mati y yo tuvimos tiempo para detenernos en cosas que seguramente los que entraban ahora no podrían ver con el mismo detenimiento.
Nos dirigimos, en primer lugar, a ver la sala con la obra de Yayoi Kusama, artista y escritora japonesa nacida en 1929. Es una figura singular admirada por los historiadores del arte por su trayectoria pionera que abarca múltiples movimientos artísticos desde los años sesenta hasta el momento actual. En las últimas siete décadas se ha consagrado a su visión vanguardista con convicción, perfeccionando su estética personal, fiel reflejo de su filosofía vital.
La Sala de Espejos del Infinito - Deseo de felicidad para todos los seres humanos desde más allá del Universo, de 2020, es una obra en la que un vidrio espejado, la madera, un sistema de luces LED, el metal y un panel acrílico nos llenan de sentimientos de belleza, felicidad, además de asombrarnos por su originalidad. No tuvimos que hacer cola, pero es una pena que el tiempo que puedes permanecer en el interior de la sala es muy escaso.
Con el alma henchida de un sentimiento de satisfacción, decidimos seguir la exploración del Museo.
Pasamos un tiempo leyendo los mensajes de Barbara Kruger y luego nos dirigimos a una exposición que nos había aconsejado Rosana: Sky Hopinka. Desmayos.
Sky Hopinka explora la cultura, la historia y las creencias tradicionales indígenas a través de temas como la identidad, la memoria, el lenguaje y el mito. Perteneciente a la nación Ho-Chunk de Wisconsin y descendiente de la Banda Pechanga, del pueblo de los luiseños del sur de California, Hopinka nació y creció en Ferndale (Washington). El Pacífico noroccidental ocupa un lugar destacado en la obra artística de Hopinka, especialmente cuando profundiza en la investigación de conceptos como la patria, la identidad personal y el paisaje. Sus películas proponen una reflexión sobre las complejidades de la vida indígena contemporánea, fusionando el cine no narrativo, la poesía y las imágenes abstractas con un enfoque etnopoético, una reacción contra la mirada etnográfica que durante mucho tiempo ha cosificado las culturas indígenas en el formato audiovisual.
En Desmayos (2018) Hopinka explora la historia de la creación de la Xawiska o planta de pipa de indio, también conocida como "flor fantasma" o "planta cadáver".
El pueblo Ho-Chunk ha utilizado tradicionalmente esta planta tradicional para reanimar a quienes se desmayaban. Además, su simbolismo se puede relacionar con los ciclos de la vida y la muerte y con el mundo espiritual. A pesar de su amplia investigación, Hopinka no encontró un mito relativo a esta planta que explicara sus orígenes, por lo que él mismo ideó uno, contribuyendo así a la práctica de creación y preservación de mitos de su propia cultura indígena.
Este cortometraje de tres canales comienza con un poema manuscrito que va surcando escenas de un colorido paisaje en expansión, acompañadas de música evocadora. El poema, que también se encuentra rotulado, habla directamente a la Xawiska, que más adelante aparece personificada como una figura envuelta en una capa y nos lleva a recorrer el mundo de los espíritus en diferentes estados de consciencia. En la obra, filmada en Washington, Colorado, Wisconsin, Oregón y Nuevo México, Hopinka combina música, poesía, sonido, color e imágenes en una experiencia inmersiva única.
Poema Desmayos (2018)
Xąwįska, Planta Fantasma, te has desmayado otra vez.
Arranqué una flor de tu hombro
y la aplasté entre mis dedos
hasta que se convirtió en un amasijo gris claro.
Le prendí fuego y soplé el humo en tu cara.
Mientras esperaba a que te despertaras, pensé en las veces en que tu
risa me despertaba de soñar despierto.
¿Qué son esos verdiazules, esos naranjas, esos rosados?
¿Ese torbellino de humo que te ruega que te eleves?
Siempre he querido hacer estas preguntas.
Cuando por fin ascendiste, soplaste el humo hacia tus manos
y hablaste de mi madre.
Xąwįska, llevas sentada fuera demasiado tiempo.
La noche está cayendo y los espíritus pueden vernos.
Es hora de irse a casa.
Me habías dicho: “Cuando veas los robles rojos, sigue la orilla del agua.
Más adelante, verás que el río se bifurca:
allí hallarás una hermosa parcela.
Cualquier cosa brillante que lleves en las manos, quítatela;
también si llevas algo colgado al cuello o en el resto de tu cuerpo,
y nada hasta la orilla más cercana".
Xąwįska, te has desmayado otra vez.
He intentado revivirte como yo aprendí.
Pero no hay manera de que despiertes. Ahí sigues, inmóvil.
Tú me enseñaste a cantar las canciones de nuestros hermanos
para que nuestros parientes nos reconocieran.
“¡Nuestras voces se oirán tan alto que llegarán al cielo!”
Eso es lo que me dijiste. Eso es lo que recuerdo.
Xąwįska, has caído otra vez. Arranco flores de tu hombro,
de tu brazo, de tu pierna.
Las machaco y hago una pasta y le prendo fuego.
Xąwįska, qué callada estás.
Estoy junto a ti y respiro una bocanada llena de tu humo.
Exhalo sobre ti.
Ardes y te vuelves ceniza y te derrumbas.
Me quedo solo otra vez.
Pienso en aquel lugar del que una vez me hablaste,
en la bifurcación del río, con los robles,
mientras el cielo se vuelve rojo.
Me he quedado aquí hasta ahora.
Llevo aquí mucho tiempo.
Ahora, yo mismo vagaré bordeando la orilla del lago.
Finalmente, Mati y yo bajamos a la planta en donde habíamos visto la exposición de María Helena Vieira para ver un pequeño montaje sobre ella:
Agotadas, nos fuimos al Bistro-Bar del Museo para tomarnos algo y allí nos encontramos con otras compañeras del grupo.
A las 19h, momento del cierre, nos reunimos con el resto de compañeros y compañeras para volver en autobús al hotel. Yo estaba demasiado cansada, así que no bajé a cenar: una ducha y, como decía mi madre, a "ponerme en horizontal".
No puedo dejar de alabar a Rosana por la preparación de este viaje, con el que realmente descubrimos la ciudad de Bilbao. Al escribir esta entrada y releerla me he dado cuenta de la cantidad de cosas que hicimos y aprendimos. No me cabe duda de que hoy por hoy tengo un conocimiento bastante amplio de esta maravillosa ciudad.
Aunque todavía faltaban algunas cosas que veríamos la mañana del lunes, antes de emprender el camino de regreso.
Por lo pronto, al día siguiente, domingo, nos esperaba la extensión del viaje a tierras francesas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario