lunes, 7 de agosto de 2023

Junio, 14-29 de 2023: 15 días por Marruecos (Mati, Pilar Fajardo, Pili y María) - Parte 10 - TÁNGER

Lunes y Martes, 26-27/06/2023 (aclaro que parte de las fotos que aquí se incluyen fueron tomadas por Mati y Pilar):


Tánger 

Última etapa de nuestro viaje. Teníamos por delante dos días aún para disfrutar del país. 

Nos alojamos en el Hotel Rembrandt, muy bien situado para acercarse a la medina y a otras partes más modernas de la ciudad, próximo al hermoso paseo marítimo y, sobre todo, con una enorme piscina de la que pudimos disfrutar. 

Atrás quedaba Chaouen, en donde nos despidieron con un abundante desayuno en la terraza del riad.


 


Lo primero que hicimos al llegar fue disfrutar de esa gran piscina... 

... Y unas cervezas bien frías. 

Ya refrescadas, fuimos hasta el Cabo Espartel. Es un cabo de la costa norte de África, situado en la entrada sur del Estrecho de Gibraltar, a 14 km al oeste de Tánger. 44 km al norte, el cabo de Trafalgar marca la entrada norte del estrecho en la costa europea. 

El promontorio domina el mar desde una altitud de 315 m. Debajo del promontorio, las olas del Océano Atlántico han excavado cuevas, donde los habitantes de la región acudían antaño a tallar las piedras de molino. Actualmente estas "cuevas de Hércules" son una atracción turística. 

En el cabo Espartel, a 110 m sobre el nivel del mar, hay un faro, que comenzó a funcionar el 15 de octubre de 1864. Su construcción fue ordenada por el sultán Mohamed IV a petición de los representantes consulares de las potencias europeas, alarmadas por los muchos naufragios que ocurrían en el cabo. 




Antaño, se conocía este cabo como cabo Ampelusia. Y, como vemos por las fotografías superiores, aquí confluyen las aguas del Mediterráneo con las del océano Atlántico. También es conocido este lugar por haberse desarrollado la batalla del Cabo Espartel, uno de los primeros enfrentamientos del inicio de la Guerra Civil española, en septiembre de 1936.

Esta zona costera de Tánger, llena de acantilados, playas y bosques con vegetación autóctona forma parte de la Reserva Natural del Cabo Espartel. Se trata de un entorno que, a pesar de albergar zonas urbanizadas, está protegido y mantiene su esencia natural.  


Los turistas y locales suelen frecuentar estos parajes para disfrutar de unas vistas preciosas y unas puestas de sol únicas en esta parte del norte de Marruecos. Así que nosotras buscamos un chiringuito para poder contemplar la de esa día. 




Aquí nos pasó una anécdota muy curiosa. Después de movernos de una mesa a otra y, cuando, por fin, nos habíamos acomodado, no sé a quién se le ocurrió pensar que, a lo mejor, no aceptaban tarjetas y lo cierto era que nos quedaba muy poco efectivo en el fondo. Y ya habíamos pedido. Recurrimos a un marroquí que estaba sentado muy cerca y que hablaba perfectamente español para que preguntara si era posible pagar con la tarjeta. Nos dijo que no tras consultar con quien parecía el propietario. Ya íbamos a marcharnos cuando el dueño nos dijo el importe de lo que habíamos pedido y entonces nos dimos cuenta de que nos llegaba lo que teníamos. Así que nos quedamos. De todas formas, el dueño ya nos había dicho que no importaba si no teníamos efectivo, que ya le pagaríamos otro día... 



Después de cenar, nos situamos en el frente para presenciar la puesta de sol (por cierto, que el dueño nos obsequió con una fuente de melón que no habíamos pedido) 










Finalizamos el día con un mojito en el hotel. 


Teníamos una visita guiada el martes por la mañana. De todas las que hicimos durante el viaje, esta fue la más floja, el guía no daba la sensación de tener muchas ganas de andar bajo el sol y mucho menos de hablar. Partimos del Zoco Grande, el centro neurálgico de Tánger, donde se reúnen todos los turistas y locales para tomar algo en una de sus múltiples terrazas o simplemente para sentarse en un banco y ver la vida pasar. A su lado, el Jardín de la Mendoubia, un oasis de paz en el medio de todo el ajetreo. 

Zoco Grande

Tánger ha tenido siempre una importancia estratégica entre África y Europa desde la época de los fenicios. Según la tradición mitológica grecorromana, Tingé era la esposa del gigante Anteo, que fue vencido y muerto por Hércules. La leyenda pasó a la mitología bereber, según la cual Tánger fue construida por un hijo de Tingis, Sófax, en donde Tingis sería la esposa del héroe bereber Anteo.  

Históricamente, la zona parece haber estado habitada ya durante la prehistoria. Se constatan restos de la presencia fenicia, quizá por su excelente puerto. Desde el siglo IV a. C. aparece como factoría comercial cartaginesa. Hacia los años 40 a. C. es municipium romano. Sabemos que Calígula dividió en dos la antigua provincia de Mauretania: Mauretania Caesariensis y Mauretania Tingitana (esta con capital en Tingis). Tras las reformas de Diocleciano, en el 296 d. C., toda la Mauretania Tingitana pasó a depender de la Dioecesis Hispaniarum y, por tanto, de la Prefectura de las Galias. 

Tras los vándalos y formar parte del Imperio Bizantino y del Reino Visigodo, con Muza pasó a dominio árabe. Tras muchas vicisitudes que se pueden consultar en cualquier libro de Historia, con disputas entre ingleses, franceses, italianos y españoles, en 1906, en la Conferencia de Algeciras, se estableció la partición del sultanato de Marruecos en dos zonas de influencia, francesa y española. Y en 1912 se crearon los Protectorados español y francés. 

Sin embargo, en 1923, España, Francia y el Reino Unido firmaron un acuerdo en París, el Protocolo de Tánger, por el que se establecía la zona internacional de Tánger bajo el dominio de las tres potencias. Posteriormente se incorporaron Bélgica, Países Bajos, Portugal, Suecia e Italia. Incluso la Unión Soviética fue admitida al terminar la Segunda Guerra Mundial. Así se formó una sociedad cosmopolita en la que musulmanes, judíos y cristianos convivían con ejemplar respeto. Se convirtió en refugio de hombres y mujeres de las más distintas tendencias políticas, morales e ideológicas, entre ellos españoles tanto de izquierdas como de derechas, judíos que habían huido de la Alemania nazi y nacionalistas marroquíes. 

Las tropas de Franco ocuparon Tánger desde 1940 a 1945, hecho que no fue aceptado por los demás países, con excepción de Alemania. Con la victoria aliada, el ejército español se retiró y declaró Tánger ciudad abierta, volviendo entonces a ser de nuevo un condominio. Con la independencia de Marruecos, en 1956, se inició el proceso político de desmantelamiento del gobierno internacional de la ciudad. En 1960, tropas marroquíes entraron en la ciudad y la incorporaron a Marruecos. 

Aunque pueda no ser necesaria esta explicación, me pareció importante hacer un pequeño resumen histórico, porque de esta forma se puede entender mejor el carácter único de esta bella ciudad al norte de Marruecos. Actualmente, con unos 950 000 habitantes, sigue conservando su aire cosmopolita.

Y precisamente, por su desarrollo histórico, sus calles, hoteles y cafés pueden presumir de haber visto pasar artistas como Tennessee Williams, Samuel Beckett y Jean Genet. En sus palacios también se vivieron fiestas locas, como las de Barbara Hutton o Malcolm Forbes. La luz de la ciudad ha inspirado a Matisse y su misterio a Paul Bowles. 

Hay muchísimas cosas que ver en Tánger, por eso habíamos recurrido a la visita guiada. Sin embargo, el recorrido, como ya hemos dicho, fue muy limitado. 

Entramos por una estrecha calleja con escaleras al Mercado Central. Yo hubiera preferido entrar en la Medina por la puerta Bab el Fas. Una zona que mis amigas tendrán que ver en otro viaje. 




Muy difícil caminar entre tanta gente. El lugar está dividido por secciones, pero el olor a fruta, verduras, especias y flores se entremezcla con el olor a carne y pescado, lo cual a veces no resulta demasiado agradable.  

Del Mercado salimos a la Rue d'Italie. 


Es una calle que se sitúa al norte de la plaza 9 de abril y al oeste de la Medina. Aquí hay gran cantidad de tiendas y, sobre todo, pastelerías. Pero lo que más destaca son las fachadas de las casas, que recuerdan el algo decadente estilo colonial francés, con colores ocre y marrón y balcones de madera, hierro forjado y piedra. 


A través de las callejas que siguen a continuación nos acercamos a lo que iba a ser el centro de la visita: la Kasbah de Tánger. 


Bab el-Assa


La verdad que fue un paseo muy agradable por el interior de esta fortaleza, disfrutando de la arquitectura de las casas palaciegas, calles con preciosas buganvillas, puertas y ventanas de tonalidades intensas...


El primer punto en el que nos detuvimos fue el Palacio de Dar-el-Makhzen (Morada del Tesoro). Es un palacio histórico del siglo XVIII. Sirvió como residencia de los sultanes de Marruecos durante sus estancias en la ciudad. Se levantó durante el reinado de Moulay Ismail, después de la expulsión de los ingleses de la ciudad. Precisamente se construyó en la parte más alta, en donde anteriormente habían tenido su sede los gobernantes británicos y, anteriormente, los portugueses. 

Como se ve en el vídeo, el palacio presenta una fachada blanca y almenada sobre la plaza de la Alcazaba. Sirvió como lugar de exilio del último sultán de Marruecos, Moulay Hafid, después de su abdicación forzada por el Protectorado Francés de Marruecos. 

En la actualidad, el Palacio sirve como sede del Museo de las Artes Marroquíes. 


Casi al lado, se alza la Mezquita de la Kasbah. Es la más antigua de la ciudad. Posee un hermoso minarete octogonal. Destaca la entrada, con un bonito artesonado de colores marrones. 



En el interior de la kasbah hay talleres tradicionales, como este telar que se ve a través de una puerta abierta. 


Sus callejas son rincones de gran belleza. 






Caminando, llegamos a la Plaza de la Kasbah. Es el punto más alto y el que mejores vistas ofrece, tanto del puerto como de la Medina o del Estrecho de Gibraltar. 

 


Abandonamos la kasbah siguiendo al guía, que ya se había despedido de nosotros. Terminó la visita antes de tiempo y sin haber cumplido todo el itinerario que se había ofrecido. Es cierto que hacía mucho calor y que nosotras podríamos haber visitado por nuestra cuenta la Medina, pero decidimos regresar al hotel para comer y disfrutar de la piscina. Lo dicho, mis amigas tienen aún mucho que ver en Tánger.  



Antes de llegar a la base, nos detuvimos frente a esta casa, inmensa y lujosísima en su interior. Aquí se daban fiestas en las que participaban artistas, políticos y gente venida de todo el mundo. Pertenecía a Barbara Hutton, cuyo tercer marido fue el actor estadounidense Cary Grant. Se dice que el actor intentó construir una vida normal con Hutton, pero la inestabilidad de ambos personajes terminó por arruinar la convivencia marital. 

Barbara emigró a París y luego a Tánger. Aquí adquirió este palacete, llamado Sidi Hosni, que ocupó como residencia de veraneo desde 1948 hasta 1975. Sus suntuosas fiestas y su costumbre de agasajar a sus invitados con carísimos regalos, junto con sus obras filantrópicas en favor de los pobres marroquíes, acabaron por mermar su inmensa fortuna.

Por la tarde, decidimos volver al Cabo Espartel, esta vez para visitar las Grutas de Hércules, situadas a 5 km del mismo. Su nombre hace alusión al mito griego o romano. La leyenda cuenta que el héroe descansó en esta cueva tras separar la tierra que unía Europa y África. A cada lado habría situado una columna: en la Península Ibérica sería el Peñón de Gibraltar y en la parte africana podrían ser el Monte Hacho o el Monte Musa. Tras dormir en la gruta, continuó con las tareas que se le habían asignado.  



Dejando a un lado las leyendas, estas grutas fueron utilizadas por la población local con distintas intenciones. De sus paredes se extraían materiales para hacer ruedas de molino, como ya señalamos anteriormente. Con ellas se hacían prensas para obtener aceite. Malas lenguas cuentan, además, que se usaron como burdel a comienzos del siglo XX. 

Una vez que pagas la entrada, atraviesas una verja de hierro y accedes a una estancia amplia con paredes talladas (no solo por la acción de los elementos sino también por la del hombre). Al fondo, la gran atracción: la grieta que semeja un mapa de África. 




A la belleza natural de este lugar, se añade la restauración que se ha llevado a cabo, especialmente en materia de limpieza e iluminación. Esta última da un aire dramático y sugerente al conjunto. 


Según se sale de la cueva, a mano derecha, se abre otro recinto, este construido por el hombre, pero que también merece la pena visitar. 






En el interior de la cueva sonaba música y enseguida descubrimos a un hombre que, muy amablemente y a cambio de una propina, se dejó fotografiar con nosotras en una escena muy divertida:






Después de la visita, regresamos a Tánger para ir hasta el Café Hafa. Ya he señalado que a mis amigas les quedaron muchas cosas que ver en la ciudad, pero no podíamos irnos sin echar un vistazo al mítico café. Es uno de esos lugares en los que dejar pasar el tiempo simplemente disfrutando del ambiente y contemplando las vistas. 

Este singular e icónico espacio no destaca por su gran valor arquitectónico o la sabia elección de sus materiales. Muy al contrario, suelo de hormigón, barandillas de ladrillo, sillas de plástico y un peculiar y variado catálogo de mesas, algunas de mampostería, otras de madera y unas cuantas de metal en un estado de oxidación más que evidente. 

Ba M'Hamed concibió este local en 1921 y su intención, está claro, no era otorgarle una singular belleza. Él sabía que la magia del momento no depende tanto del diseño como del enclave y las personas que comparten ese instante. 

En sus terrazas escalonadas, locales y turistas pasan horas y horas frente a unas impresionantes vistas del Estrecho de Gibraltar, tomando uno de los mejores tés a la menta de todo el país. 



En 2018, se presentaron en el Café Hafa autoridades locales con una excavadora para demoler parte del emblemático lugar. Parece ser que se habían realizado reformas sin los permisos de construcción pertinentes y sin la aprobación de la entidad que gestiona los edificios de interés en Tánger. Afortunadamente, el clamor popular y la buena disposición del actual dueño permitieron que, solo dos semanas después, el café volviera a abrir. 

No se podía permitir que todo un icono del Tánger más internacional, bohemio y libre desapareciese. En 2021 cumplió su centenario, años en los que se han sentado en sus mesas personajes tan ilustres y famosos como los Rolling Stones o los escritores Paul Bowles, Juan Goytisolo y William S. Burroughs. Y es que hubo un tiempo en el que el Café Hafa actuó como un poderoso imán de personajes bohemios y creativos de todo el mundo. No hay que olvidar que el cantautor Luis Eduardo Aute dedicó a este símbolo de Tánger una bonita canción, "Hafa Cafe"... en ella recrea el ambiente de este local e incluye referencias literarias a "El cielo protector", la novela más conocida de Paul Bowles. Jack Kerouac, Tennessee Williams y Truman Capote fueron otros tantos escritores que descubrieron el encanto no solo del café sino de la ciudad de Tánger. 



Nuestro viaje había llegado a su fin. Marruecos se coló hondo en el corazón de mis compañeras de viaje (también de Enrique) y estamos seguras de que, más pronto que tarde, volveremos. 




domingo, 6 de agosto de 2023

Junio, 14-29 de 2023: 15 días por Marruecos (Mati, Pilar Fajardo, Pili y María) - Parte 9 - CHEFCHAOUEN

Domingo, 25/06/2023 (aclaro que parte de las fotos que aquí se incluyen fueron tomadas por Mati y Pilar):


Chefchaouen 

Una vez que dejamos a Enrique en el aeropuerto de Fez, volvimos al riad, desayunamos y enseguida nos pusimos de camino a Chaouen. Así se llamaba cuando los bereberes la fundaron en el siglo XV y cuando acogió a los moriscos y judíos que, en esa época, fueron expulsados de España. En este enclave, crearon su bonita y encantadora medina. 

En la actualidad, este lugar se ha convertido en un punto muy turístico, conocido como el "pueblo azul" por el llamativo color de las casas. 




Nuestra llegada no fue tal y como nos hubiera gustado, a punto estuvimos de encerrarnos en el riad y no volver a salir, jajajajaja...

Hay que dejar el coche en las afueras de la medina, por donde el paso de los coches es inviable, no solo por la estrechez de sus callejas sino también por el gran número de escaleras. Yo estaba segura de que había reservado un riad cercano a esta zona de aparcamiento. Pero los dos chiquitos que, como siempre, se nos pegaron para guiarnos nos llevaron por un camino que no acababa nunca, bajo un sol abrasador, y en el que no parábamos de subir y bajar escaleras (menos mal que habíamos decidido no llevar las maletas hasta no ver el riad). Cuando llegamos, estábamos congestionadas y solo queríamos beber. Y, al preguntarnos los chicos si íbamos a buscar las maletas luego, les contestamos únanimemente que no (ya habíamos decidido que dormíamos con lo puesto, pero lo de volver a la entrada para cargar por ahí con las maletas nos pareció una locura, por no hablar de la estrechez de las escaleras del riad que teníamos que subir a la fuerza para ir a nuestra habitación)

Lo peor fue cuando yo me hice una composición de lugar, recordando cómo era el pueblo, y me di cuenta de que viniendo por la parte de atrás del riad no había escaleras y el camino era, como yo había supuesto al reservar, muy corto. Pero ya no estábamos con ánimo para ir a buscar el equipaje. 

En el riad nos estaba esperando el guía que habíamos contratado para una visita guiada gratuita. Tal y como nos vio de agotadas, dijo que iba a cambiar un poco el recorrido para ir siempre por la sombra y no tener que subir y bajar muchas escaleras. Y lo cumplió.


Chefchaouen no es un pequeño pueblo, en realidad es una ciudad de unos 40 000 habitantes. Lo que ocurre es que todos los turistas se ciñen a la medina, ya que el resto no merece mucho la pena.  

Está situada en las estribaciones de la cordillera del Rif, una zona de paisajes siempre sorprendentemente verdes, y se extiende sobre la ladera de una montaña.   

La parte alta de la medina, en donde quedaba nuestro riad, está formada por calles estrechas y tranquilas por las que merece la pena pasear. Cualquier rincón es digno de ser fotografiado. En esa zona también se conservan comercios tradicionales.





Textiles, souvenirs, arte, niños con una sonrisa jugando en las calles y muchos gatitos paseando tranquilamente... eso es Chaouen. Las fachadas se pintan todos los años de blanco y azul antes del Ramadán, lo que hace que el color no pierda nunca su intensidad. 




Cuenta la leyenda que Mulay Alí Ben Rachid se enamoró de Zhora, una joven española convertida al Islam, originaria del pueblo andaluz de Vejer de la Frontera. Ambos fueron expulsados de la península y juntos emigraron a Marruecos.

Mulay le prometió a Zhora construir una ciudad idéntica a su pueblo natal, debido a la añoranza que sentía de su lugar de origen. Así, en 1471, nació Chefchaouen. 



El guía nos fue indicando aquellos lugares que son especialmente fotografiados, sobre todo porque aparecen en diversas películas o spots publicitarios.

Así, descubrimos el callejón Sidi Bouchouka (afortunadamente, no había muchos turistas cuando fuimos nosotras, por lo que no tuvimos que hacer cola para hacer una foto allí). Aquí, unas bonitas jardineras de colores presiden unas escaleras que quedan enfrente de una mezquita. 



Otro de los callejones más fotografiados y concurridos es el Asri. Sus escaleras azules y macetas de varios colores son un bonito escenario.  



En la siguiente fotografía vemos otro precioso rincón con sombreros colgados en la pared. Aquí el guía tuvo que intervenir, porque después de hacer la foto unos chiquillos me reclamaron que pagara. Les recriminó que lo hicieran, porque la calle era pública y ellos no tenían ningún derecho a pedir un precio, aún habiendo sido ellos los que habían colocado los sombreros. En todo caso, tendrían que haberme dicho algo antes de que sacase la foto y no después. 


Durante siglos, Chaouen fue considerada una ciudad sagrada y se prohibía la entrada a extranjeros. Eso ha permitido que su fisonomía medieval se mantenga prácticamente intacta. Los cambios en la estructura poblacional y urbana de Chaouen son bastante recientes, ya que se realizaron durante el control de las tropas españolas, cuando se hicieron con toda la zona norte de Marruecos para establecer el Protectorado concedido por la Conferencia de Algeciras en 1906 y definido por el Tratado Hispano-Francés de 1912. 




Nos llamó la atención un puesto de zumo de naranjas recién exprimidas. Curiosamente la decoración estaba hecha con plantas y naranjas artificiales, jejejejeje...  


A continuación, otro de los rincones más fotografiados dentro del mundo de la publicidad.


Y otro más, conocido como el callejón más azul de Chefchaouen. Una muchacha marroquí estaba haciéndose un selfie en él y le pedimos, por favor, que nos dejase fotografiarla, porque el contraste entre el color de su vestimenta y el de las paredes y el suelo era magnífico.
 

Llegamos entonces a una pequeña plaza, el Hauta, en la que el guía nos explicó el nombre de la ciudad. Desde aquí, se ven perfectamente las dos altas montañas a cuyos pies se encuentra la ciudad: Tisouka (2050 m) y Megou (1616 m), ambas pertenecientes a la cordillera del Rif. Si miramos hacia arriba, esas dos cumbres semejan dos cuernos, de ahí el nombre, ya que Chefchaouen en bereber significa "mira los cuernos". 



En los alrededores, puestos de especias y otros aderezos usados en alimentación
.


 

En la plaza estuvimos conversando sobre las plantaciones de cannabis. Hay un montón en los alrededores de la ciudad, razón por la que mucha gente la visita y por la que siempre fue conocida entre los hippies en los años 70 y 80. Si alguien te ofrece kif mientras paseas, ten cuidado, porque su consumo es totalmente ilegal. 

En otro precioso rincón, el guía nos contó el motivo por el que el pueblo pinta sus casas de color azul. 


Hay distintas teorías. Hay quien dice que se hace para purificar, higienizar, aportar frescor y ahuyentar a los insectos. Otros hablan de la existencia de una importante comunidad judía que vivía aquí en los años 30. Según esta versión, fueron ellos los que empezaron a pintar las paredes y puertas de azul en señal de libertad y para eliminar el color verde que suele representar al islam. 

Sin embargo, el guía nos explicó que el azul representa el cielo: en unos momentos en los que el pueblo perdía la esperanza, en los que la pobreza y el hambre se cebaban con la población, alguien pensó que recordar que Dios los ayudaría era importante. Y bajar el azul del cielo a la altura de la vista era una forma de conseguirlo. 

Estábamos frente a una puerta que, según nos dijo el guía, escondía una casa enorme cuyo tamaño ni siquiera podíamos imaginar. Y más sorprendente aún: la casa había sido el hogar de Franco. Chaouen fue una de las principales bases del ejército español y fue aquí donde se bajó por última vez la bandera española en 1956, cuando la ciudad volvió a ser gestionada por el país africano. 

Todavía más: el guía se permitió contarnos su visión personal de por qué los marroquíes siguieron a Franco en su rebelión contra la República. Según él, Franco les dijo que se había convertido al Islam y que la lucha en España era una especie de Guerra Santa contra los infieles. No sé si eso es verdad o no, pero él parecía muy convencido. Y de hecho insistió en que la figura de Franco no era bien vista ahí, porque, con el tiempo, descubrieron que les había mentido. 

Puerta de la casa de Franco


Finalmente, llegamos al centro neurálgico de Chaouen, la plaza Uta el-Hamman. Se la reconoce por el inmenso pino que está plantado en su centro.   



Destaca su kasbah o Alcazaba, que ya habíamos visto por su parte posterior cuando nos acercábamos por un callejón a la plaza. 


Es una fortaleza que ha sido restaurada y que, actualmente, alberga en su interior un pequeño museo etnográfico que no visitamos. 

Aquí se encuentra también la Gran Mezquita, del siglo XV, cuya torre octogonal muestra una configuración muy poco habitual en Marruecos en este tipo de edificios. 

La plaza está llena de terrazas de cafés y restaurantes, donde siempre hay una gran animación. 



Nos quedamos a comer en el restaurante Aladdin, en una de las esquinas de la plaza. Subimos hasta el piso más alto, en donde, por lo menos, estábamos un poco más frescas. He de decir que antes, al despedirnos del guía, nos dijo algo muy bonito: que había tal compenetración y buen rollo entre nosotras que se lo había pasado genial. 




Regresamos después al riad a descansar un rato hasta que bajara el sol. 



Al atardecer ellas volvieron a salir para hacer compras. Yo estaba muy cansada y me quedé en el riad
. 

Chaouen es conocida por su próspero sector de la artesanía, que se ha convertido en uno de los principales motores económicos y de desarrollo de la provincia. La rica herencia artística y cultural de la región se manifiesta en la diversidad y originalidad de los productos artesanales que se encuentran en los mercados y tiendas de la ciudad.

Los artesanos locales son expertos en una amplia variedad de oficios, desde la talla de madera y la cerámica, hasta la tejeduría, la joyería, la forja y la pintura. Cada pieza artesanal es única y refleja la dedicación, habilidad y creatividad de los artesanos que la crearon. 



Nos han quedado muchos sitios por ver en Chefchaouen. Pero seguro que haremos otro viaje y entonces completaremos la visita. Nos hablaron del Parque Nacional de Talassemtane y las cascadas de Akchour.