domingo, 21 de diciembre de 2025

Diciembre, 01de 2025 al 31 de enero de 2026: Dos meses en Sfakaki, en Creta (yo... ) - Parte 4

 Sábado, 13 de diciembre de 2025 


Palacio de Cnossos 

Lo cierto es que esta es la atracción turística más visitada de Creta. Y vale la pena. Una vuelta por este complejo imaginativo y en parte reconstruido (se muestra como se cree que fue durante su época de mayor esplendor) ofrece una visión reveladora de la sofisticada sociedad minoica, que dominó el sur de Europa hace 4000 años. 

El yacimiento se encuentra muy cerca de la capital de Creta, Heraklion, a unos 5 km y 15 minutos del centro de la ciudad. Hay un gran aparcamiento gratuito, por lo que es fácil llegar con el propio coche. 


Es una gran idea visitar la isla en esta época del año, porque apenas había gente, salvo algunas excursiones de grupos escolares y poco más. En la entrada, por la parte oeste del recinto, hay guías titulados que te ofrecen una visita guiada, aunque también puedes comprar el ticket con audioguía. Al principio, había pensado hacer esto último, pero como quería tener las manos libres para hacer fotos, opté por la primera opción: me acompañó individualmente un guía supereducado y correcto que hablaba inglés, francés, italiano y alemán. Como no sabía español, decidí hacer la visita en francés, me pareció más curiosa que en inglés jejejeje...

Antes de empezar el recorrido me puso en contexto, lo cual agradecí, porque, como ya he dicho más veces, solo ver sin partir de una base, no sirve de gran cosa. 

Esta impresionante ciudad se construyó entre los años 2000 y 1900 a. C. Hacia el 1700 a. C. fue destruida por un terremoto, por lo que, años más tarde, se inició la reconstrucción, pero de manera más grandiosa y sofisticada. De nuevo, quedó parcialmente arrasada entre el 1500 y el 1450 a. C., pero siguió estando habitada hasta que, 50 años después, se incendió sin remedio. 

El nuevo palacio se proyectó para satisfacer las necesidades de una sociedad compleja, por lo que incluyó dependencias domésticas para soberanos, funcionarios, sacerdotes y simples sirvientes, así como salas de recepción públicas, santuarios, talleres y almacenes. Lo que hoy se ve es una reconstrucción de principios del siglo XX, dirigida por el arqueólogo británico Sir Arthur Evans, si bien ha sido criticado por muchos de sus colegas, acusándolo de falta de rigor y de crear una especie de Disneyland.

La reconstrucción la llevó a cabo entre 1900 y 1930. Sus métodos han sido muy controvertidos y muchos arqueólogos modernos creen que sacrificó la precisión en virtud de una excesiva imaginación. Para el visitante, sin embargo, las reconstrucciones han sido útiles para precisamente imaginar cómo pudo ser el lugar en su momento de mayor esplendor. 

Las primeras excavaciones, no obstante, no las hizo el británico, sino el griego Minos Kalokairinós, un industrial, cónsul de España, aficionado a la arqueología, que descubrió unos restos entre 1877 y 1878 en un montículo llamado Kéfala. Las autoridades locales, sin embargo, decidieron parar las excavaciones. Pero, años después, el alemán Heinrich Schliemann, que había descubierto Troya, se interesó por estos hallazgos y quiso comprar el terreno. Tras alcanzar un primer acuerdo con su propietario, creyó que estaba siendo estafado y rompió el pacto. 

Así pues, cuando Evans visitó Creta por primera vez, en 1894, y después de consultar con otros especialistas, incluido el propio Minos KaloKairinós, decidió comprar el terreno. Creta consiguió una especie de independencia del Imperio Otomano en 1899, lo que facilitó a Evans obtener los permisos. Las excavaciones se iniciaron en marzo de 1900 y continuaron hasta 1930, con excepción del periodo comprendido entre 1914 y 1921 a causa de la Primera Guerra Mundial. 

En principio, no se pensó en ir cubriendo los hallazgos, por lo que, al estar desprotegidos, iban sufriendo numerosos deterioros. Los excavadores tuvieron que enfrentarse al problema y emprendieron numerosos trabajos de protección y de consolidación de las estructuras, pero también de reconstrucción de los edificios, utilizando incluso materiales como el hierro y el hormigón que han sido y siguen siendo objeto de gran controversia. 

Según se entra por la puerta oeste, nos encontramos con el busto de Minos, el descubridor de los restos. Y ante nosotros se alza el enorme recinto con un área inmensa, aproximadamente 20 000 metros cuadrados. 


El Palacio Real de Knossos está construido en torno a un patio central, que antaño servía para todas las actividades administrativas y religiosas. Tiene numerosas habitaciones y pasadizos repartidos en cuatro plantas, lo que le da una estructura laberíntica relacionada con la leyenda del Minotauro. 

El guía llamó mi atención sobre este pequeño "altar" en donde quizá se realizasen ofrendas

Y un poco más allá, hacia la derecha, otro de mayor tamaño

En esa misma zona de la entrada, hay tres grandes agujeros excavados en el suelo que se cree que eran utilizados como graneros

En esta foto se aprecia con claridad la diferencia entre el material de construcción originario, la piedra, y el utilizado en la reconstrucción, una especie de concreto que, si bien nos permite tener un poco más clara la forma de los edificios y del recinto, no deja de ser un completo error arqueológico

Mirando hacia atrás, vemos de nuevo la entrada y el busto del industrial cónsul de España

Muy cerca, también, el busto de Evans

Nos introducimos entre piedras sueltas esparcidas por el suelo y el guía me invitó a ver si alcanzaba a reconocer algún símbolo en una de ellas. Me costó, pero al final lo logré: el símbolo de la doble hacha. 


Ni idea de por qué quería que me fijara en ese detalle y, sin embargo, es de vital importancia para entender el palacio y la cultura minoica. La doble hacha de Knossos es conocida como Labrys, un símbolo que se cree que representaba poder, divinidad femenina y fertilidad. Era usada por las sacerdotisas en los rituales y, posteriormente, fue adoptada por movimientos feministas y lésbicos como emblema de fuerza. Y una cosa curiosa: parece que la palabra "laberinto" deriva de ella. Al final de la entrada, volveré a hacer referencia a esta cuestión...

En cualquier caso, la palabra y el símbolo se asocian mayormente a los registros históricos de la civilización minoica. Han sido halladas varias labrys que superan a un hombre en altura y que podían haber sido utilizadas en los sacrificios, cuyas víctimas habrían sido toros. En Oriente Próximo y otras zonas de la región, las divinidades masculinas acabarán empuñando a menudo este tipo de hacha para convertirse en símbolos del trueno, mientras que en Creta nunca la empuña una divinidad masculina, sino únicamente divinidades femeninas y sacerdotisas.

Sería fantástico poder ver estas ruinas en su tiempo de esplendor, ¿verdad?

De nuevo, el guía llamó mi atención sobre otro aspecto muy importante: la canalización. Se trataba de un sistema de fontanería sorprendentemente avanzado para su época, utilizando tuberías de terracota para agua fría y caliente, acueductos de piedra y drenajes elaborados, incluyendo letrinas con una especie de cisternas. Todo ello demuestra la maestría de los ingenieros minoicos, mucho más adelantados a su tiempo en comparación con otras civilizaciones contemporáneas. Al mismo tiempo, refleja la importancia que se le daba a la organización y la calidad de vida en el palacio. 

Otra muestra clara de la diferencia de materiales utilizados en la reconstrucción


Piedras originales
Muestra de las canalizaciones


 
En algunos casos, según me dijo el guía, se utilizó, tanto para la construcción original, como para la reconstrucción, la madera de los muchos cipreses que abundan en la zona

 
Y por fin empezaba a ver las famosas columnas pintadas por las que yo conocía realmente el Palacio de Knossos

La columna de la foto superior corresponde a los restos del Propileo Occidental, que funcionó en su día como entrada principal al palacio. En esta zona hay unas escaleras de carácter monumental y restos de grandes bloques de columnas que antaño sostenían su tejado. 

Como podemos ver en la fotografía, a diferencia de las columnas griegas tradicionales del período clásico, las columnas del palacio minoico suelen ser más anchas en la parte superior y más estrechas en la inferior. Originalmente se construyeron en madera y, posteriormente, se reconstruyeron en piedra. 

Creo que estas ruinas corresponden a la parte oeste. Error mío: tenía que haber ido marcando en un plano por dónde íbamos, porque con tantas vueltas es muy difícil saber dónde estaba cada cosa fotografiada. Por una imagen que he visto en Internet, creo que se trata de la casa del sumo sacerdote de Knossos. Era la residencia de un importante funcionario religioso de la raza minoica. 

Viendo ahora un plano creo que sí, que estábamos sobre la parte oeste del palacio

Pasamos al ala sur. En esta zona podemos ver los famosos "cuernos sagrados", considerados "cuernos de consagración". Se trata de un símbolo religioso muy importante que representa los cuernos de un toro sagrado. Se usaban como señales de santidad en tejados, tumbas y altares, siempre vinculados al culto al toro y a las deidades femeninas (parece ser que se relacionaban con principios femeninos, como los pechos de las diosas, ¿quizá por eso en la cultura minoica las mujeres llevaban el pecho descubierto?). También aparecían en frescos y objetos de estuco, piedra y arcilla, tanto en el palacio como en muchos otros sitios. 


Mirando al oeste, allá lejos, el guía me señaló la famosa montaña sagrada, que también parece tener dos cuernos.



En esta parte, a continuación de la puerta y de las escaleras que ascendían a la parte alta de la colina, encontramos muestras de pinturas que representan una procesión. Los frescos originales están en el Museo Arqueológico de Heraklion. 



Algo curioso que me comentó el guía hace referencia a la utilización de la pintura para marcar las diferencias sociales. Ese tono oscuro en el cuerpo de los hombres revela que no eran nobles sino trabajadores del campo, por eso se bronceaban por las horas pasadas bajo el sol. También me habló de sus vestimentas, esas faldas cortas que les permitían gran movilidad y que se alargaban en su parte delantera de forma que al sentarse tapasen adecuadamente sus atributos masculinos...

Seguimos caminando, de vuelta al ala occidental por su parte interior, y nos encontramos con unas vasijas de la época minoica. 


Estas vasijas, conocidas como pithoi, se usaban para almacenar aceite de oliva, aceitunas, grano y otras provisiones. Tenían una capacidad de hasta 200 litros y todavía hoy se fabrican en algunas partes de la isla. Normalmente, se guardaban en un espacio apropiado, casi bajo tierra, para la conservación de los productos que había en su interior. 

Almacenes occidentales



En las piedras originales podemos ver aún el color negro provocado por el humo del incendio que destruyó el palacio

Nos acercamos entonces, siguiendo desde los almacenes hasta lo que había sido el patio central, a los restos de un edificio que se conoce como Piano Nobile, una enorme habitación llamada el "Salón de los nobles", porque debía de ser la sala de audiencias. Está decorada con una copia del famoso fresco de los saltadores de toros, la imagen más conocida de Knossos. 


Se trata de un ritual acrobático que consistía en saltar sobre un toro en movimiento. Puede que combinase entretenimiento con un posible rito de paso a la edad adulta. Al mismo tiempo era una auténtica exhibición de destreza. Lo que llama la atención es que no solo participaban los hombres sino que también lo hacían las mujeres: en la imagen vemos al hombre (de piel oscura, no es un noble) saltando sobre el lomo, mientras que dos mujeres (de piel clara, porque ellas no trabajaban en el campo) se sitúan delante y detrás, respectivamente, una posiblemente preparándose para saltar agarrando al toro por los cuernos y la otra, ya con la acrobacia terminada cayendo de pie tras los cuartos del animal. La primera, además, ayuda a frenar la descontrolada carrera del animal para favorecer el salto del hombre y la segunda parece lista para recogerlo cuando lo termine.  

En esa sala hay otros frescos de extraordinaria belleza. Como el de las "Damas de Azul". 


Son tres figuras femeninas con joyas, vestimenta elaborada, pechos al aire, y peinados rizados, todo ello sobre un fondo azul. La obra está datada aproximadamente en el 1500 a. C. y muestra la elegancia, el cuidado personal y la posible vida ceremonial de las mujeres minoicas. 



Los "Monos Azules" se encontraban en la llamada Casa de los Frescos, una residencia al noroeste del palacio principal, no directamente en el piano nobile, que es donde los vemos ahora. Parecen ser babuinos o macacos del sur de Asia (especies no nativas de Creta) en un paisaje rocoso, vibrante y de color azul. La presencia de monos en el arte minoico sugiere extensas redes comerciales y la importación de animales exóticos desde Egipto u otras regiones. 

Según el guía es un pulpo, yo no lo tengo tan claro

En esta foto vemos cómo se comunica esa sala con el piso inferior

Piso inferior que se comunica con el Salón del Trono que veremos después, en donde esa especie de cuenco en el centro sugiere algún tipo de iniciación o purificación

El Salón del Trono

Ya en el piso de abajo, vemos esta sala famosa porque tiene un trono de piedra, considerado el más antiguo de Europa, flanqueado por frescos de grifos que sugieren un uso ceremonial o religioso, posiblemente más para una sacerdotisa que para un rey. En el centro vemos esa pila de purificación. 

El trono es un asiento de alabastro incrustado en la pared norte, único por su antigüedad y su diseño anatómico. Los frescos de grifos, criaturas míticas con cuerpo de león y cabeza de águila, flanquean el trono, simbolizando poder divino y realeza. Más que un centro de poder político, se cree que era un espacio para ceremonias rituales y religiosas, como lo sugieren la pila de purificación y los bancos corridos para asistentes. 

Los grifos vistos más de cerca

Estábamos ya en el ala sur/sureste. Hay aquí una sala que se conoce como la de las "Dobles hachas". Es una sala que daba paso a la cámara del rey. Recibe su nombre de las hachas de doble hoja labradas en las paredes y columnas. 





Desde aquí nos dirigimos a los restos de unos edificios que Evans consideró los aposentos reales. Según él, en el piso inferior estaría el "megaron" de la reina, alegremente adornado con un fresco de delfines retozando, mientras que en el piso superior se acomodaría el resto de la familia real, pudiéndose acceder por una escalera de peldaños suaves que facilitaban su ascenso y descenso y situada de forma que la iluminación fuese perfecta. 



La gran escalera parece ser uno de los diseños más complejos del palacio. Pone de manifiesto, una vez más, la destreza en ingeniería de los antiguos minoicos. El edificio constaba de varios pisos, por lo que cuatro tramos de escalera conducían directamente a los pisos superiores, donde se encontraban los apartamentos reales y las oficinas administrativas.


Parece ser que aquí se encontró una bañera prácticamente igual a las actuales

En el piso superior, cerca de la entrada sur, a la que retrocedimos por un momento, vemos otro de los frescos más conocidos de Knossos: "El Príncipe de los Lirios". 


  
Se trata de una obra en la que se muestra la figura de un joven con cabello largo, que aparece con el torso de frente y el resto de perfil, al modo egipcio. Ostenta una adornada gorra de plumas y un collar. La mano izquierda sostenía algo parecido a una cuerda, con la que posiblemente conducía a un animal sagrado. Su color demuestra que es un noble que no trabajaba en el campo. Tiene una altura de 1.20 m y se considera que pertenece al Minoico Reciente II, en torno al año 1470 a. C. Esta es una copia, el original se encuentra en el Museo Arqueológico de Heraklion. 

Volviendo al Megaron de la reina:


Sobre los dinteles de las puertas ya no se ve el fresco de los delfines retozando, que parece ser se encuentra en el Museo Arqueológico de Heraklion. Pero si se ve en el lateral derecho otro de los frescos conocidos de Knossos: La Danzarina. Representa una figura femenina en movimiento, con su característico vestido de volantes y tocado, probablemente una sacerdotisa o bailarina en un ritual. 


Por lo que vi en Internet, puede ser una especie de taller en donde se enseñaba la alfarería minoica, porque al lado se conservan muestras de vasijas





Otras muestras de canalización que, como veis, recorrían todo el recinto


Bueno, ya estábamos en el ala norte, en donde habría otra entrada con un Propileo. Aquí se encuentra una pintura de un toro furioso.



Sobre esta puerta norte se ha sugerido que podría ser un puesto de control de las mercancías que llegaban al palacio.

También en esta zona norte, ya en la esquina con la parte occidental, se halla el teatro, en donde las gradas forman una L. Su función no está del todo clara, porque los grandes autores griegos aún no habían producido sus obras y no se tenía conciencia del teatro como tal actividad. Así que parece ser que servía para albergar algún tipo de ceremonia, reunión o espectáculo. 


Y aquí llegó la pregunta del guía que me dejó un rato con la boca abierta: por todo lo visto, ¿existió o no el Laberinto? No os he contado ese mito, que quizá casi todos sabéis, pero como viene como anillo al dedo, lo voy a recoger aquí:

El mito griego de Teseo y el Minotauro cuenta que el rey Minos había ofendido a los dioses al no sacrificar un hermoso toro blanco que le había regalado Poseidón. En represalia, Poseidón hizo que Pasífae, la esposa de Minos se enamorara del toro. De esta unión nació el Minotauro, una criatura mitad hombre, mitad toro, violenta e incontrolable. Para contener al monstruo, Minos encargó al famoso inventor Dédalo que construyera un enorme laberinto en el que el Minotauro pudiera ser encerrado. Nadie que entrara en ese lugar podía encontrar la salida. 

Durante ese tiempo, Minos declaró la guerra a Atenas y venció. Como tributo, los atenienses debían enviar, cada nueve años, a siete jóvenes y a siete doncellas a Creta para ser devorados por el Minotauro. Este sacrificio apaciguaba la ira de Minos y evitaba que volviera a atacar a Atenas. 

En la tercera ocasión en que se debía enviar ese tributo, Teseo, hijo del rey Egeo de Atenas, se ofreció como voluntario para unirse al grupo de jóvenes destinados al Laberinto. Su objetivo era enfrentar el Minotauro y liberar a su ciudad de la humillación que pesaba sobre ella. 

Cuando llegaron a Creta, la hija de Minos, Ariadna, se enamoró profundamente de Teseo. Decidida a salvarlo, Ariadna buscó la ayuda de Dédalo, quien le dio un ovillo de hilo mágico. Así, Teseo podría marcar su camino a través del Laberinto y encontrar la salida una vez hubiese matado al Minotauro. La noche antes de entrar al Laberinto, Ariadna entregó el ovillo a Teseo y le explicó cómo usarlo. Al día siguiente, armado con la espada y con el hilo, Teseo entró en el Laberinto, asegurándose de extender el ovillo para no perderse. 

Teseo logró vencer al monstruo y regresar hasta la entrada del Laberinto, donde lo esperaban los otros jóvenes y Ariadna. Escaparon de Creta embarcándose hacia Atenas. Pero, durante el viaje de regreso, Teseo abandonó a Ariadna en la isla de Naxos. Algunas versiones dicen que los dioses le ordenaron dejarla; otras, que Teseo había perdido interés en ella, e incluso las hay que señalan a la hermana de Ariadna, Fedra, que podía ser el nuevo amor del ateniense. 

Con todas estas historias, Teseo había olvidado cambiar las velas negras de la partida por unas blancas que le indicarían a su padre, al ir acercándose, que había vencido. El rey Egeo, al ver las velas negras desde la costa, pensó que su hijo había muerto y, en su desesperación se arrojó al mar desde un acantilado. Desde entonces, ese mar lleva su nombre, el Mar Egeo. 

Volviendo a la pregunta del guía: ¿existió o no el Laberinto?, de repente me di cuenda y empecé a sonreír: claro que había existido, el propio palacio era el Laberinto (de ahí, la relación con las labrys). Minos era la criatura violenta que asediaba a Atenas y que había que matar. 


Muy interesante la visita y el planteamiento final del guía.

Ahora tocaba ir hasta Heraklion, aprovechando que estaba tan cerca. 



Heraklion, capital de Creta

No voy a detenerme en esta ciudad, que seguro que tiene muchas cosas que ver, pero, sinceramente, las ciudades tan grandes no me atraen en absoluto. De hecho, lo que he leído hace más hincapié en la región vinícola que la rodea que en la ciudad en sí misma.

Nada más entrar en ella, no tienes la sensación que tienes, por ejemplo, al entrar en Rethymnon. No la ves bonita, aunque el tiempo que pasé en las callejuelas del centro modificaron levemente esa primera impresión. Hay muchos cafés, restaurantes, buenas tiendas y parece que tiene una animada vida nocturna. El frente marítimo invita a pasear y el casco antiguo peatonal está salpicado de animadas plazas rodeadas de edificios del siglo XV. 

No sé cómo llegué a un parking cercano a la zona antigua y menos mal que se me dio por sacar una foto al nombre de la calle, porque si no, no hubiera sabido encontrarlo (aún así, me costó mucho, no os vayáis a creer)

Sin saberlo, me tropecé con la famosa Iglesia de San Tito, patrono de la isla.

El santuario original se encontraba en Gortina, la antigua capital de Creta, donde el santo había tenido su sede episcopal y donde se conservaron sus reliquias hasta la ruina de la ciudad.

Tras la expulsión de los árabes en el siglo X, en la ubicación de la iglesia actual se levantó un templo bizantino consagrado a San Tito, donde se alojaron sus reliquias. Tras la caída ante los otomanos, en 1669, las reliquias fueron trasladadas a Venecia. La antigua iglesia bizantina fue transformada en un sitio de culto islámico y conocida como Mezquita del Vizir. Este edificio fue destruido por el terremoto de 1856.


El edificio actual fue construido en 1869, como mezquita otomana. Tuvo esa función hasta la década de 1920, cuando los musulmanes cretenses fueron exiliados a Turquía. Se demolió el minarete y la mezquita fue transformada en iglesia cristiana 




La iglesia se alza en una placita supertranquila

Interior de la iglesia

Parece que se conserva el antiguo mihrab

Detalle de la lámpara

Muy cerquita de aquí está la Loggia.


Actualmente, es el Ayuntamiento de la ciudad. Fue construido en 1630 por el General Morosini, como punto de reunión de las clases dirigentes. Llama la atención con sus arcos a modo de atrio, que preceden al patio al que se puede acceder de forma gratuita.

Patio de la loggia

Me dirigí entonces calle arriba, hasta la Plaza de los Leones, en donde está la Fuente Morosini. 


Esta fuente, de más de 400 años, se compone de figuras de la mitología griega, como leones, tritones, delfines y monstruos marinos. Se ha convertido en punto de referencia de la ciudad, lugar de encuentro de turistas y lugareños. En Grecia y en Creta es tradición ofrecer siempre un vaso de agua fresca a todo el que se sienta a tomar algo en algún establecimiento, tal vez como recuerdo a Francesco Morosini, que mandó construir un magnífico sistema de acueductos que llegaban hasta el mismo centro de la ciudad. 


Superando la fuente, hay un cruce con una de las vías más importantes de la ciudad, Pl. El Venizelou. 


Seguí por ella y torcí a la izquierda en una perpendicular en la que me había parecido ver un buen sitio para comer. Efectivamente, me quedé en esa terraza que veis en la siguiente foto. 



Cuando terminé, le pedí al camarero que me indicara por dónde tenía que ir a la Catedral de Agios Minas. Y allá me fui. 

Detalle en una calle

Me acerqué a la Catedral por un lateral, por lo que lo que primero vi a mi izquierda fue la Vieja Iglesia de Agios Minas. 


Pero, enseguida, me fijé en la imponente catedral con sus magníficas torres. 



Es la sede del arzobispado de Creta. Fue construida alrededor del período entre 1862 y 1895, aunque fue interrumpida durante la revolución cretense, de 1866 a 1869. Es una de las catedrales más grandes de Grecia, con capacidad para albergar a más de 8000 personas. El patrón de la iglesia es San Menas de Alejandría, protector de Heraklion, cuya fiesta se celebra el 11 de noviembre.

Presenta una planta cruciforme con una cúpula central. En cuanto a sus dimensiones van desde los 43,20 m de longitud a los 29,50 m de ancho. Su aspecto es de una gran belleza y grandiosidad. 

Es un impresionante ejemplo de arquitectura neo-bizantina, con elementos de una basílica de tres naves. El edificio, construido con arenisca clara de Creta, presenta, junto a la cúpula central, dos torres gemelas a modo de campanario, que se elevan a una altura de 32,7 m, creando una imponente silueta contra el horizonte de Heraklion. 

La fachada oeste es particularmente llamativa, con sus líneas limpias, su diseño simétrico y sus arcos redondeados. Los visitantes ascienden 4 escalones de mármol para llegar a la entrada principal, enmarcada por tres arcos semicirculares y puertas de madera intricadamente talladas. Sobre la entrada hay una placa de mármol que lleva una inscripción bíblica: "Venid a mí todos los que estáis cansados y yo os haré descansar". La fachada también está adornada con ventanas arqueadas estrechas, una ventana circular en el frontón y los símbolos apocalípticos de Alfa y Omega. 





Las torres del campanario, ubicadas en las esquinas noreste y sureste, albergan las campanas en sus secciones medias y están adornadas con una mezcla de elementos neo-renacentistas, neo-góticos, neoclásicos y neo-bizantinos, junto con varios motivos ornamentales como palmetas, hojas de acanto, vides y aves. 

Pórtico de entrada

Tres grandes puertas de madera de estilo renacentista, flanqueadas por columnas jónicas, conducen al cuerpo principal de la iglesia. Inmediatamente, nos sorprende la grandeza del interior, con su nave central flanqueada por dos naves ligeramente más bajas, separadas por cuatro pilares y dos columnas jónicas hechas de mármol artificial. Estos elementos estructurales sostienen la cúpula central, creando una sensación de amplitud y majestuosidad. 

La iglesia está adornada con numerosos iconos. Las paredes y la cúpula están decoradas con frescos que representan escenas bíblicas, como la vida de Jesús, la Semana de la Pasión, la Resurrección, Pentecostés y Cristo Pantocrátor en la cúpula. 





El interior se enriquece aún más con tres enormes candelabros hechos de oro y plata, con el águila bicéfala bizantina. El candelabro central, completamente de oro y con forma de tiara, cuelga directamente debajo de la cúpula. 







La verdad que escribiendo esta visita pienso que es posible que vuelva a dar otra vuelta en algún momento a la parte antigua de Heraklion. 

Por lo pronto, volví sobre mis pasos, de otro modo me hubiera sido imposible llegar hasta el coche. Y además, me apetecía un helado de las múltiples heladerías que rodean la Fuente. 



Un chico al que le había impresionado más Salamanca que Barcelona... ¡Increíble!




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