viernes, 2 de enero de 2026

Diciembre, 01de 2025 al 31 de enero de 2026: Dos meses en Sfakaki, en Creta (yo... ) - Parte 8

 Viernes, 26 de diciembre, a lunes, 29 de diciembre, de 2025 


Cuatro días en Xaniá

Domingo, 28: 

Tercer día

Playa de Elafonisi y perdida en las montañas

Tenía claro que en el tiempo que me quedaba en la isla no iba a regresar por la zona oeste. Demasiada distancia y, además, todavía me faltaba por ver toda la parte este. Así que decidí aprovechar que ya estaba allí para ver una de las playas más famosas de la isla, situada en la punta suroeste: Elafonisi. 

Consultad el mapa. En esas sombrillas que están próximas a Palaiochora se encuentra Elafonisi. 

Parte oeste de Creta

Salí bastante temprano para aprovechar el día. Y porque las luces de la mañana son ideales para hacer fotografías. El azul del mar acercándose a la costa, visto desde el verde de las montañas, es impresionante. 


Y los pueblecitos de las montañas son encantadores. Creo que ya comenté en otra entrada que, para ir del norte al sur de la isla, hay que atravesar una cadena de montañas bastante alta. Los primeros kilómetros de esta ruta están muy bien, están ampliando la carretera y el asfalto es muy bueno. Pero los últimos 20 km hasta Elafonisi son casi una tortura, carretera de montaña pura y dura. 


Pero todo el esfuerzo merece la pena cuando uno llega a Elafonisi. A la entrada de la playa hay montones de parkings que estaban cerrados, lo que indica que allí en verano no hay quien ponga un pie. Afortunadamente para mí, en esta época del año, somos cuatro gatos los que nos acercamos a estos lugares. En general, lo que vi del sur está prácticamente vacío y todo cerrado por no ser época turística. 

Aparqué en un recoveco de la carretera. Cuando llegué había seis o siete coches, pero cuando me fui todo el arcén estaba ya ocupado de vehículos, incluso de caravanas. Hay una barrera que te impide acercarte a la playa en automóvil, así que toca andar, son como unos diez minutos.

Entonces me di cuenta de la belleza del lugar. Muchas zonas están valladas para proteger la flora y te indican que no te salgas de los caminos marcados. Viene siendo como un santuario ambiental, un centro de protección muy bien cuidado. Por supuesto que hay zonas donde puedes tender tu toalla y bañarte, pero la mayor parte de esta gran extensión está protegida. 




El único chiringuito que hay al principio del descenso. Estaba cerrado. Ahora que en verano debe ser un gusto tomarse una cerveza bien fría mientras contemplas el maravilloso paisaje


En realidad, Elafonisi ("isla de los ciervos") es esa pequeña isla que se ve en la fotografía superior, aunque el nombre se extiende a toda la zona que la rodea. Cuando hace buen tiempo, es posible caminar hasta ella a través de aguas muy poco profundas. La isla es una reserva natural protegida y es conocida por sus playas de arena rosada, creadas por depósitos arrastrados por mareas y olas de microorganismos pigmentados que viven en una relación simbiótica con las algas marinas nativas. 


Elafonisi tuvo gran importancia durante la Guerra de la Independencia Griega. En abril de 1824, varios cientos de griegos, en su mayoría mujeres y niños, fueron asesinados en Elafonisi por soldados otomanos. Para evitar el avance de las tropas turcas 40 hombres armados se habían refugiado en la isla con mujeres, niños y ancianos, a la espera de un barco que los llevara a las islas Jónicas. Los soldados otomanos decidieron acampar en la playa frente a la isla. Cuenta la historia que uno de sus caballos caminó por las aguas poco profundas hacia la isla y así se descubrió a las personas que estaban escondidas en ella. Según varias fuentes, había entre 650 y 800 personas, la mayoría de las cuales fueron asesinadas y los supervivientes fueron vendidos como esclavos en Egipto. 

También se conmemora en la isla el naufragio en 1907 de un vapor de pasajeros llamado Imperatrix. Debido a los fuertes vientos del noroeste fallecieron 38 personas en un bote salvavidas que intentaba llegar a la orilla. Todos fueron enterrados en la isla y el barco todavía se encuentra en el fondo del mar frente a los acantilados. Esa fue la razón de que se construyera allí un faro, que fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial por las tropas de ocupación alemanas. 




Elafonisi está protegida dentro de la red ambiental Natura 2000. La isla solo contiene dunas de arena y más de 100 especies de plantas exóticas, incluidas las azucenas de mar, flores de verano que parecen copas blancas. La playa es muy segura para nadar y bucear y ha recibido una Bandera Azul por su limpieza y gestión ambiental.











Como ya os dije, a los cretenses les gusta mucho pescar. Este señor era el abuelo de una familia griega con niños que, en ese momento, se estaban bañando




Y esa era una familia de alemanes

No podía faltar uno de mis amiguitos


Los cuatro gatos que estábamos en la playa



Bajo mis pies, la arena rosa de Elafonisi. Como ya dijimos, ese color procede de ciertas conchas rosadas de moluscos que se descomponen con el tiempo y se mezclan con la arena a través de la erosión. Según la marea, la estación o la luz, la arena de Elafonisi es más o menos rosa. Pero nunca será tan rosa como muestran todas esas fotos que puedes encontrar en Instagram que han sido retocadas hasta el extremo. Además, la arena es rosa solo en la orilla, como podéis ver por mis fotos, y no en toda la playa. Está prohibido recogerla y si te ven haciéndolo, recibirás una multa.


Ya había caminado bastante sin cansarme de contemplar la belleza de esta playa y reserva natural. Así que empecé el camino de regreso al coche. 







Decidí subir pegada a la costa oeste, porque quería ver un famoso monasterio en esa zona: Chrysoskalítissa. Está tan solo a unos km al norte, a unos 10 minutos en coche. Se conoce como el Monasterio de la Virgen de la Escala Dorada. Es del siglo XVII y fue construido sobre un promontorio con vistas al mar. 

En realidad, el monasterio en sí mismo no vale nada, pero es una forma de complementar el viaje a Elafonisi. Su belleza reside en su ubicación privilegiada. Y creo que es más bonito cuando se admira desde la distancia

Está dedicado al Tránsito de María. Según la tradición, el nombre proviene del hecho de que los 98 escalones hasta la cima del Monasterio serían de oro, y habrían sido vendidos por el Patriarcado durante la época turca para pagar los impuestos. Aunque otros cuentan la historia de modo diferente.




Según la tradición, la santidad del lugar se debe a la presencia de un icono encontrado en una roca hueca. A mediados del siglo XVI, se construyó una iglesia en el hueco de la roca. En 1824, los turcos masacraron a 600 personas en la isla de Elafonisi y destruyeron el monasterio vacío. A mediados del siglo XIX, el monasterio es renovado y ampliado. A finales del siglo XIX se construye el nuevo templo. En 1907, el barco Imperatrix se hunde en la playa de Elafonisi, pero los monjes logran salvar a 102 pasajeros. En 1940, el monasterio se convierte en un convento de monjas. Entre 1941 y 1944, las monjas son expulsadas bajo la ocupación alemana y el monasterio se convierte en un puesto de avanzada alemán.



Y ahora vamos con la leyenda del escalón de oro (no 98): parece ser que solo uno de los 98 escalones era de oro, pero solo los puros de corazón podían verlo. Yo no lo vi... Eso sí, las vistas, maravillosas...








Siguiendo hacia el nordeste, se me había metido en la cabeza ver unas ruinas y una necrópolis en un pueblo que se llama Polyrrinia. Todo iba muy bien, por supuesto por carreteritas de montaña, cuando en un sitio llamado Rotonda, el GPS se volvió loco: pasé tres veces por el mismo sitio (pues eso, una rotonda con todas las de la ley). Cansada de dar vueltas, y siguiendo más o menos lo que me parecía a mí según el GPS, tiré por una carretera. Y esa fue mi perdición...

Ahora me río, pero os puedo jurar que durante casi hora y media viví acojonada. El cielo empezó a ponerse negro pero negro. Se levantó un ventarrón que empezó a tirar ramas de árboles en todas direcciones. La carreterita se estrechaba y estaba en muy mal estado, pasando en ocasiones junto a precipicios, sin posibilidad alguna de desviarse o dar marcha atrás. En una de las ocasiones, el camino acabó en una casa de la que salieron dos perros desenfrenados que empezaron a correr al lado de mi rueda (¿y si la mordían?)... 

Pero lo peor, cuando yo ya estaba sintiéndome totalmente desesperada y rezaba al Sagrado Corazón y a mi Virgencita, fue el momento en el que desemboqué en una granja y no había más camino que seguir (yo allí en medio de gansos, gallinas, un cerdo...). Y como soy una artista dando marcha atrás, al revés, me encontré con el coche atascado en unas uralitas que estaban en el suelo, ni para adelante, ni para atrás, las ruedas echaban humo.  

Y yo... ¿salgo o no salgo del coche? ¿Y si me pican los gansos o las ocas o lo que coño sean? ¿Qué otra opción tenía? Ninguna, claro está. 

Así que salí y gritando "Kalimera" no sé cuántas veces, logré que de la casa saliera un paisano joven, que parecía buena gente pero que era de la montaña montaña, seguro que no hablaba otra cosa que griego (y el mío no me da para defenderme en una situación como esa). Entre gestos y siguiéndome, llegamos al coche. Estudió la situación y después de intentar mover las uralitas, cosa imposible por estar atrapadas por el coche, hizo gestos de que se ponía él al volante. Por supuesto, hombre. Y... lo sacó. Yo no sabía si reír o llorar y me quedaba la duda de si las uralitas habrían afectado el bajo y el coche funcionaría. Pero, afortunadamente, todo estaba bien. Me deshice en darle las gracias y le pregunté por la carretera hacia Kissamos... ¡no había manera! ¡tenía que dar la vuelta y volver a hacer todo el camino que había hecho hasta allí!

Hablando conmigo misma en voz alta para darme ánimos, logré volver por donde había llegado, siguiendo más la orientación hacia el color del cielo que indicaba el mar (porque el GPS seguía sin funcionar). Cuando me vi en Kissamos y cogí carretera general para Xaniá, casi tenía ganas de echar cohetes. Llegué al hotel muerta de cansancio. Así que ya ni pensé en salir a cenar fuera, un risotto de gambas y una margarita para templarme y a la cama, jajajajaja...



Al día siguiente, tenía que madrugar para hacer la excursión contratada con el 4x4 y tenía que recuperarme. Buenas noches.




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