sábado, 3 de enero de 2026

Diciembre, 01de 2025 al 31 de enero de 2026: Dos meses en Sfakaki, en Creta (yo... ) - Parte 9

 Viernes, 26 de diciembre, a lunes, 29 de diciembre, de 2025 


Cuatro días en Xaniá

Lunes, 29: 

Cuarto día

Laguna de Balos

Tuve que madrugar, porque tenía que estar en Kíssamos antes de las 9. La verdad que el tour en sí mismo no mereció la pena. Lo único porque con un coche normal no hubiera podido llegar a Balos, ya que la carretera no es apta nada más que para 4x4. Pero te sueltan allí y dentro de tres horas te venimos a buscar. En verano, lo puedo entender, porque puedes estar en la playa, pero ahora, ¿qué hace una persona allí tirada en donde no hay nada de nada durante tres horas? Encima, yo estaba sola, porque los otros dos clientes que se suponía que tenían que ir conmigo, se habían puesto enfermos y no fueron. Menos mal que el conductor me dio su número y me dijo que si me cansaba y quería volver, que lo llamara, que vendría a buscarme...

De Xaniá a Balos
 

Dicen que Balos es una de las mejores playas de Creta. No dudo de que es un paisaje excepcional, pero me gustó mucho más Elafonisi como playa. Sí que es cierto que te sientes desconectada del mundo, pero tampoco me pareció para tanto...

Como veis por el mapa, está situada al noroeste de la isla de Creta, en la prefectura de Xaniá. Se encuentra dentro de una reserva natural, en la península de Gramvousa y es uno de los lugares más fotográficos de la isla. Llegando temprano en verano o ahora en invierno, se pueden hacer fotos increíbles.

Mientras el 4x4 avanzaba, hacíamos paradas de vez en cuando para que pudiera fotografiar la bahía. 





Llegamos al parking y allí me soltó el conductor. ¡No había nadie a la vista! A veces pienso que soy un poco intrépida, la verdad, ¿y si me caía o resbalaba? En fin, se ve que siempre llevo un ángel de la guarda conmigo...

Nadie, salvo las cabras y las ovejas

Para llegar a la playa hay que recorrer un camino a pie, de tierra y con escalones. El conductor me había dicho que, si me apartaba hacia la derecha, vería una especie de colina de piedras desde la que se obtenían unas vistas diferentes de las que suelen aparecer en las guías. Lo hice. Había un tipo con su trípode sacando fotos allí. Me dijo que era cretense y profesional de la fotografía y también que era muy raro ver turistas españoles en la isla. Me dio algunos consejos mientras esperábamos que saliese el sol (esa es otra, se suponía que iba a hacer sol, pero en lo alto de las montañas las nubes lo tapaban una y otra vez. También se suponía que los vientos fuertes empezarían a eso de las 2 de la tarde... pues soplaba que no veas...)



En la foto superior vemos el islote de Gramvousa. Esta zona sufrió diversas invasiones a lo largo de la historia: venecianos, otomanos, piratas y, ahora, los turistas. Gramvousa, junto con otros tres fuertes, era la encargada de defender a Venecia en sus rutas comerciales y también actuaba como base estratégica en el caso de guerra. Es un sitio idílico, con aguas de color verde esmeralda y transparentes. 

Laguna de Balos

Cuenta la leyenda que el nombre de Gramvousa es un homenaje en honor a Vousa, la esposa de un jefe de los piratas cretenses y el único habitante que pudo evadir la captura cuando los piratas fueron desplazados por la fuerza.

En la isla hay un castillo-fortaleza veneciano que fue construido entre 1579 y 1584 para defender la isla de los turcos otomanos. La fortaleza permaneció en manos venecianas incluso después del año 1669, cuando se rindieron a los otomanos. Tanto Gremvousa, como Souda y Spinalonga siguieron formando parte de Venecia. 

En 1691, en una de las muchas guerras otomano-venecianas, el capitán napolitano De la Giocca traicionó a los venecianos y entregó Gramvousa a los turcos otomanos, a cambio de dinero. El traidor vivió el resto de su vida en Constantinopla, donde era conocido como el "Capitán Gramvousa".

Con el estallido de la independencia griega, la fortaleza pasó a manos de los insurgentes. Hacia el verano de 1825, un grupo entre trescientos y cuatrocientos hombres, que habían luchado con otros griegos en el Peloponeso, viajaron a Creta. Disfrazados de turcos, capturaron la fortaleza de Gramvousa, convirtiéndola en su base. Los otomanos no lograrían volver a tomar la fortaleza, pero los insurgentes fueron sitiados durante más de dos años y fueron obligados a recurrir a la piratería para sobrevivir.  

En 1828, los propios griegos, junto con barcos británicos y franceses, decidieron poner fin a este tipo de vida de los habitantes de Gramvousa. Destruyeron todos los barcos piratas y el fuerte quedó en principio bajo control británico, pasando después a la Grecia independiente. 


La laguna de Balos es uno de esos lugares que no se olvidan fácilmente. El agua tiene muy poca profundidad y en su orilla, igual que ocurre en la playa de Elafonisi y en otras playas de la isla, se puede encontrar arena rosa. 


Como veis, las nubes tapaban continuamente el sol y el viento soplaba cada vez más fuerte


Fue impresionante estar allí sola, el fotógrafo se había marchado. Cuando yo estaba descendiendo, subía un chico, no sé si había llegado a la playa o no, pero realmente te acojonas cuando no hay nadie más a tu alrededor y temes que te pueda pasar cualquier cosa. 


Llegué a una especie de mirador en donde además de sacar fotos, estuve un buen rato sentada contemplando el paisaje. 


Un chiringuito, por supuesto cerrado, junto al mirador



Me quedaba esto por bajar y me lo pensé: ¿qué iba a hacer una vez abajo? ¿Pasear por la playa dos horas? ¿Con aquel viento endiablado? Llamé al conductor y le dije que empezaba el regreso y que me viniera a buscar


A volver a subir

Me encantan las cabras pequeñas... Había muchas, el conductor me dijo que en diciembre es la época en que dan a luz

Casi estaba llegando al parking, cuando una pareja comenzó el descenso. No sé hasta dónde irían, porque a los diez minutos estaban de vuelta diciendo que era muy bonito, se metieron en el coche y se fueron... Y poco después llegaron tres personas mayores y una joven, los mayores llevaban bastones de senderismo, pero uno de ellos apenas podía andar (no sé cómo les iría, porque llegó el conductor para recogerme)

El de la agencia se sentía culpable, porque en realidad la excursión no había durado las 4 horas que se supone que dura. Así que me ofreció llevarme a ver una capilla desde la que las vistas eran impresionantes, pero resultó que estaba vallado el camino. Entonces se le ocurrió llevarme a ver desde lo alto la también famosa playa de Falasarna, un poco más al oeste.






Hay muchísimos invernaderos. El chico me contó que están teniendo problemas de sequía y que eso no era bueno para los olivares. Yo pensaba que esos árboles no necesitan mucha agua y entonces me explicó que los olivos, si los acostumbras a tener agua, luego no aceptan la sequía; si no les das mucha agua, pueden aguantar más tiempo. Y como Creta, hasta hace poco, era una isla en la que llovía más, están acostumbrados al agua y ahora están teniendo problemas



Regresamos a Kíssamos y... ¡sorpresa! Había un letrero que ponía 13 km a Polyrrinia, la famosa villa en la que supuestamente había unos restos arqueológicos y una necrópolis por culpa de la cual me había dado la gran perdida en la montaña el día anterior. El chico me dijo que desde allí era muy fácil llegar, así que, como a cabezona no me gana nadie, decidí ir. 


Pero solo vi esto: 


Bajé por el medio de unas casas que indicaban la dirección a los restos de un acueducto, pero no lo vi. Al subir de nuevo, estaba abierta una especie de librería café en la que una señora mayor, evidentemente extranjera, me sacó un mapa para explicarme por dónde llegar a la necrópolis: más de 25 minutos andando cuesta arriba... ¡ni hablar!





Y, como estaba claro que Polyrrinia se me resistía, decidí regresar al apartamento. Solo paré en una cafetería junto al mar para tomar algo. 




Y, aunque ya sabéis que soy una fanática de los monasterios, no fui a ver el que se aprecia en la fotografía. Estaba agotada después de haber pasado cuatro días vagando por ahí. ¡Hogar, dulce hogar!





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