Viernes noche, 6/12/2019, madrugada del sábado, 7/12/2019:
Esta casa de huéspedes está situada a unos 6 km de Tomar, por lo que nos había parecido que tenía la localización ideal para visitar esta ciudad y sus alrededores en los próximos dos días. Cuando la seleccionamos, antes de iniciar el viaje, a las dos nos había parecido del estilo de otras casas rurales en las que ya habíamos estado: bien casitas individuales dentro de la finca, con su dormitorio, baño, cocina y pequeño saloncito, bien una casa única con habitaciones para los huéspedes y una amplia y confortable zona común. Chus estaba especialmente emocionada con el colorido de las habitaciones (debido a sus circunstancias personales pensó que el color le ayudaría a sentirse bien).
Desde Alcobaça pusimos el Google Maps para encontrar el alojamiento. Cuando nos dimos cuenta, estábamos en la carreterita de un pequeñísimo pueblo, y la vocecita femenina nos decía: "tu destino está a la izquierda". ¿A la izquierda? Pero si allí solo había una casita y... sí, una pequeñísima verja de color azul que se parecía a la de la foto de Booking pero que no daba entrada a ninguna finca porque por allí no cabía el coche. Yo a decirle a Chus que era allí y ella incrédula decía que no podía ser. Pero era, era. Y tanto que era: una señora muy sonriente se acercó a mi ventanilla y dijo mi nombre en tono interrogativo, por lo que dedujimos que era la propietaria. La señora Fernanda nos indicó que podíamos bajar el equipaje y que luego me decía a mí dónde podía dejar el coche. Tuve que continuar unos metros y dar la vuelta al vehículo para dejarlo mirando en la dirección en la que la dueña nos había dicho que se hallaba el parking. Bajamos las maletas y las metimos en el pequeño patio que se hallaba tras la verja y después la propietaria me guió hacia una "leira" (finca) que dijo era el parking de la casa, pero que estaba llena de "lama" (lodo) y que mejor lo dejara en el camino de subida pero sin ir más allá (esa noche no tenía más huéspedes, otra cosa sería la noche siguiente ya que tenía todo reservado). ¿Ese era el parking privado que se anunciaba en Booking? ¿En dónde iba a meter el coche al día siguiente cuando llegaran todos los demás?
La calle en la que estaba la casita era muy, muy estrecha. Nadie lo diría viendo la foto de Booking en la que da la impresión, por el objetivo empleado, de que se trata de una carretera amplia y espaciosa (por eso habíamos pensado que se trataba de una finca y que se accedía a ella por la verja azul).
Una vez aparcado el coche, volví al patio en donde estaba Chus esperando con las maletas. La señora Fernanda nos hizo pasar al interior de la casita y nos encontramos con un reducido saloncito (bueno, según Chus, era una cosa rara): se trataba de una habitación que tenía una mesa con seis sillas, dos aparadores de estilos muy diferentes en los que se veían vasos, copas, tazas, platos... todo muy "vintage", un sofá, dos sillones, una sillita baja, una chimenea y una estufa de leña. Chus pensó que aquello era parte de la casa privada de los propietarios, una estancia en donde recibían a los huéspedes, ya que de hecho tenían allí el ordenador en donde apuntaron nuestros datos. Estaba convencida de que luego nos llevarían a nuestra casita, a la que seguramente se accedería por el jardín que aparecía en las fotos. Pero mientras la ilusa de Chus pensaba esto, yo me decía para mis adentros: "Madre de Dios, a dónde hemos ido a parar".
A Chus se le empezó a caer la venda de los ojos cuando la señora Fernanda nos empezó a decir cómo iba la cosa:
Primero: a la WiFi gratis que anuncian en Booking, la señora Fernanda le llamaba "WiFi según donde te pongas", es decir, en una esquina del saloncito funcionaba más o menos, pero en las habitaciones funcionaba menos que más, por no decir que no funcionaba en absoluto.
Segundo: si querías realizar una llamada telefónica tenías que salir a respirar el maravilloso aire puro y frío de la aldea.
Tercero: en el salón no se podía encender la chimenea porque según ella ahumaba toda la casa por no tener un tiro adecuado.
Cuarto: la estufa de leña funcionaba perfectamente pero si no estabas pegada a ella es como si en la estancia no hubiese ninguna fuente de calor.
Dicho todo esto, la propietaria abrió una puerta lateral y nos introdujo en un pasillo en el que supuestamente había dormitorios a cada uno de los lados. Muy amablemente nos dio a elegir entre dos habitaciones que poco se diferenciaban una de la otra. Elegimos la última de la izquierda porque era una de las que habían llamado la atención de Chus en Booking por el color. Y ahí Chus ya fue consciente de que no había casitas individuales y de que aquella minúscula habitación, en la que apenas quedaba espacio para andar, era nuestra "prisión" para esa noche y la siguiente.
La señora Fernanda encendió un pequeño radiador que estaba en una esquina de la habitación y que enseguida descubrimos que no servía para nada, porque apenas tenía potencia para calentar. Además, nos enseñó el baño, al que se accedía por una puerta corredera y que era enano. ¡Ah! Pero al menos teníamos armario (¿¿¿¿????), o eso fue lo que dijo la propietaria señalando un par de estantes y perchas (lo que se conoce normalmente como "burro") que estaban situados en una esquina del baño. Os recomendamos, en caso de que queráis ir (porque nosotras nos dimos cuenta después), que, cuando os vayáis a duchar, retiréis la ropa del supuesto armario y la dejéis encima de la cama, porque si no, se os humedecerá con el vaho que se forma. Y por cierto, tenéis que dejar correr el agua algo así como 10 minutos antes de lograr que salga caliente (y mientras tanto, no se os ocurra desnudaros como hice yo, que a poco más me convierto en un tempanito de hielo)
Cuando la señora Fernanda se fue, tras quedar en servir el desayuno al día siguiente, a las 9:30 de la mañana, y después de decirnos que esa noche la casa era totalmente para nosotras (ya que, como dijimos antes, el sábado tenía reservadas el resto de las habitaciones), nos quedamos solas. Entonces fue cuando realmente descubrimos que la WiFi no iba (no había forma de cargar las fotos del día en Facebook). Pero no era solamente que no funcionase la WiFi, sino que también comprendimos que iba a ser un tanto complicado cargar los móviles ya que apenas aumentaba el nivel de la batería. A todo esto, con nuestras sillas pegadas a la estufa para sentir algo de calor. Menos mal que Chus se convirtió en toda una experta en meter leña en la estufa y avivar el fuego cuando este decaía.
Yo, bastante malhumorada porque no encontraba posición cómoda en ninguna silla, me fui para cama, mientras Chus decidía quedarse a leer un rato. En cuanto abrí la cama para acostarme y puse mis manos y mis posaderas en la sábana, pegué un brinco y grité pidiendo auxilio... ¡la cama estaba, congelada no, lo siguiente!. Así que no me quedó otro remedio que meterme en ella con el pijama, calcetines y el mantón pañoleta con el que salgo a la calle cuando tengo frío y que ya habéis visto en alguna de las fotos. Apoyé una esquina del mantón en la almohada porque estaba helada y no se te ocurriera darte la vuelta hacia ningún lado una vez que habías calentado el sitio. Por su parte, Chus seguía pegada a la estufa, pero cada vez le quedaba menos leña porque la habían dejado contada, como si hubiesen calculado que a las 10:30 nos teníamos que meter en cama sí o sí, hora a la que definitivamente el fuego se apagó y no le quedó otra que irse también para la habitación. Al entrar, advirtió que estaba helada, o sea, 4 horas de radiador no habían servido para nada. Se tuvo que meter en cama con dos pares de calcetines, el pijama, un jersey y una bufanda. Y también descubrió que una vez calentado ese sitio, no podías moverte para ningún lado.
A la mañana siguiente, Chus, como siempre tan ilusa, pensó que la buena señora habría encendido de nuevo la estufa en el saloncito para que estuviese caliente a la hora de desayunar. Pues no. Ella, que es tan madrugadora, fue hasta allí toda contenta esperando encontrarse calor de hogar y lo único que encontró fue un bizcocho en una habitación congelada. Poco a poco, la señora Fernanda fue trayendo alguna cosa más, eso sí, contada... pero en ningún momento encendió la estufa. Visto lo visto, Chus vino a avisarme de que me pusiese la cazadora para desayunar y eso ya fue la gota que colmó el vaso: decidí sin dudarlo ni un instante que no íbamos a pasar allí ni un minuto más una vez hubiésemos desayunado. La cuestión era como decírselo a la señora Fernanda, porque no podemos negar que era toda amabilidad y sonrisas.
Finalmente decidimos decirle parte de la verdad, la que se refería al frío. Para nuestra sorpresa nos dijo que nadie se había quejado hasta el momento, probablemente porque solo llevaban unos cuantos meses abiertos, de los cuales la mayor parte había sido en verano. Ahí fue también cuando entendimos por qué el radiador no calentaba y los móviles no cargaban, porque nos explicó que no tenía potencia suficiente en la casa y si se ponía a funcionar todo acabaríamos teniendo que encender velas. De ahí que hubiese bastantes encima del aparador (cosa que nos había intrigado la noche anterior). Es más, nos dijo que en la suite tenía un aire acondicionado que no podía encender porque se iba la luz (también comprendimos por qué uno de los huéspedes había dicho en su comentario de Booking que lo malo de la estancia había sido que el aire acondicionado estaba averiado... cosa que ahora nosotras sabemos que no es verdad, sino que simplemente lo tiene allí y ¡oh, casualidad! ese día no funciona, o al menos es lo que le dice a los clientes)
Y ahora lo mejor de la historia: yo no contaba con que me devolviera el dinero ya que la reserva había sido hecha en firme y pagada con antelación por los dos días que íbamos a estar allí. Para mi sorpresa, sin que yo dijera nada, la señora Fernanda dijo que iba al banco a sacar el dinero de la noche del sábado para devolvérmelo. "Uyyyyyyyyyyyyyyyy...", pensé, "esto tiene truco". No me equivoqué: la señora Fernanda, al darme el dinero, me pidió que no hiciese una mala crítica en Booking, o sea, un soborno en toda regla. Confieso que no me siento muy bien por haber aceptado pero es que 60 euros son 60 euros (que nos dieron y nos sobraron para irnos a un hotel de tres estrellas frente al mar, en Figueira da Foz... con garaje, armario independiente del baño, WiFi, cafetería y un buen desayuno, y sobre todo, una habitación calentita con aire acondicionado que funcionaba). Claro que después me arrepentí porque sentí que estaba traicionando a futuros viajeros, así que ciertamente no escribimos una mala crítica en Booking pero lo valoramos con un 5,4.
Dejamos constancia de que es la primera vez, en los múltiples viajes que hemos hecho, que nos encontramos con un alojamiento que no responde a lo ofertado en Booking. Desde luego hay que reconocer que quien hizo las fotos es todo un artista de la venta inmobiliaria.
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